MIAMI- Frente a un avance hasta ahora imparable de la inflación en Estados Unidos (EEUU) de 8,5% y números negativos récords en múltiples indicadores económicos, la Reserva Federal (Fed) o Banco Central decidió subir las tasas de interés 0.50%.

La medida ubica el valor total de las tasas en 0.75%-1%. Algunos miembros de la Fed, pidieron incluso un incremento de tres cuartos de punto, pero el presidente del Banco Central, Jerome Powell, sigue en su línea de moderación, ahora frente al peligro de un freno brusco a la economía.

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Varios indicadores, entre ellos la galopante inflación, confirman una desaceleración pronunciada de la economía estadounidense, que ocurre desde septiembre del 2021 entre altos y bajos.

El caos fomentado por la administración Biden

El espectro luce bastante gris para EEUU. Aún persiste la escasez de empleados en la mayoría de los sectores de la economía y la deuda, de la que no se habla, sobrepasa los [30 billones de dólares]. La cifra de puestos de trabajo vacantes en el país en vez de disminuir aumenta y se sitúa ahora en 11,5 millones.

La actividad de los servicios cayó en abril a 57,1%, 1,2 puntos por debajo de marzo, cuando los analistas esperaban 58,7%.

El Producto Interno Bruto (PIB) descendió 1,4% en marzo, mientras que el déficit comercial estadounidense en igual mes se ubicó como el mayor en décadas con la [alarmante] cifra de 109.800 millones de dólares, un 22,3% más que en febrero y muy por encima de los 97.500 millones esperados por los analistas (otro registro que también hubiera sido histórico).

Para tener una noción de la magnitud de esa estadística, el déficit comercial estadounidense por mes en el 2019 estuvo entre los $36.000 millones y $40.000 millones y subió en diciembre un 12% debido a la máxima tensión en la disputa entre China y EEUU, que fue zanjada en enero con un acuerdo bilateral. Diciembre de ese año concluyó con $48.900 millones de déficit, mucho menos del doble del registro actual.

Aunque las exportaciones crecieron un 5,6%, las importaciones en marzo de este año se ubicaron en una cifra nunca vista ($351.500 millones), un 10,3% más que en febrero.

En el 2021, con la administración de Joe Biden, el déficit comercial de Norteamérica ascendió un 27% bajo un repunte de la demanda tras la pandemia, escasez de materias primas, políticas desacertadas en el sector energético, un gasto federal extremo en programas sociales y millones de puestos de trabajo vacantes sin cubrir, además de dos brotes de variantes del COVID-19.

El posible impacto de la subida de las tasas de interés

Con este trasfondo fomentado por el propio gobierno de Biden y la tardía y tímida acción de la Reserva Federal -alineada a la política económica radical de la Casa Blanca- no pocos economistas se cuestionan el impacto de la subida de las tasas de interés hasta 0.75%-1%, la mayor alza en los últimos 22 años.

Además, el Banco Central dejará de reinvertir 30.000 millones de dólares de bonos del Tesoro y 17.500 millones de dólares de titulizaciones hipotecarias.

Los prestatarios de tarjetas de crédito y los compradores de viviendas podrían sufrir subidas.

Se espera que la tasa porcentual anual de las tarjetas de crédito aumente en uno o dos ciclos de facturación. Los tipos de las tarjetas de crédito se sitúan ahora por encima del 16% como promedio, significativamente más altos que los de casi todos los demás préstamos al consumo, y podrían llegar hasta el 18,5% a finales de 2022.

Los préstamos hipotecarios y de autos también se elevarán, junto a los estudiantiles y de las empresas, desde las pequeñas hasta las más grandes.

Con la subida en marzo del 0.25%, la tasa de interés hipotecario a 30 años se situó entre el 5,1% y el 5,5% en la semana que terminó el 28 de abril. Esta cifra es muy superior a la de noviembre, cuando se encontraba sobre el 3% y 3,5%.

Al llevarse al 0.75%, los intereses de adquisición de bienes duraderos aumentarán inevitablemente y hará aún más difícil acceder a una vivienda con los actuales precios. Al frenarse el auge en las ventas, los niveles de valor de las propiedades deben ceder ante el estancamiento de la demanda en el mercado inmobiliario.

En marzo, 763.000 viviendas nuevas fueron vendidas, pero la cifra representó un descenso de 8,6% en relación con febrero. Este nivel de ventas significó una caída de 12,6%, comparado con el mismo mes de 2021.

El mes pasado la mediana de precios fue de 436.700 dólares, en tanto el precio promedio de una vivienda nueva alcanzó 523.900 dólares.

Por su parte, las ventas de casas usadas también declinaron 2,7% respecto a febrero y 4,5% en comparación con igual mes de 2021.

“El mercado inmobiliario comienza a sentir el impacto del alza de tasas de interés y la fuerte inflación, que erosionan el poder de compra”, declaró Lawrence Yun, economista jefe del NAR, refiriéndose a la subida del 0.25%.

Los graves errores pasan factura

La fallida estrategia de la Casa Blanca de hacer dependiente otra vez a EEUU de los precios internacionales del petróleo le están pasando factura mucho antes de lo que pronosticaron expertos y la guerra en Ucrania ha sido otro detonante, que debió haber evitado Washington ante una situación económica interna adversa y bajo las consecuencias todavía de la peor pandemia en la era moderna.

La marcha atrás de la administración Biden en las medidas impuestas desde el 20 de enero contra la industria estadounidense del crudo, llega un poco tarde. Tampoco se sabe si es sólo una estrategia temporal en período de elecciones legislativas sumamente importantes, porque pueden darle el control del Congreso a los republicanos.

Ahora la Unión Europea, alentada por EEUU, insiste en más sanciones a Rusia y bloquear el combustible del Kremlin, cuando la Organización Mundial de Países Exportadores de Petróleo (OPEP y OPEP+) dijo que no existe en estos momentos la capacidad para sustituir los más de 7 millones de barriles diarios que pone Moscú en el mercado internacional. Crear ese nivel de producción tomaría años y cuantiosas inversiones, según expertos; además de la campaña globalista contra los combustibles fósiles (el crudo y sus derivados, gas, carbón y otros) que ha desarrollado la cautela de los inversionistas petroleros en los últimos años.

¿Alguna celebración?

La insistencia europea y las presiones sobre Rusia, entre otros factores, harán que los precios del petróleo se mantengan altos, un detonante esencial de la inflación.

El alto costo de la vida en EEUU sigue generando dificultades financieras para la mayoría de los estadounidenses y ha contribuido a la baja confianza del consumidor que se encuentra en su peor nivel en una década, sin mencionar los bajos índices de aprobación del presidente Joe Biden.

La subida de las tasas resulta también un reto para el mercado de valores, que se acostumbró o se hizo casi adicto al dinero fácil. Los mercados ya han experimentado una importante volatilidad en medio de la preocupación por el plan de la Fed.

Y aunque Wall Street celebró la acción no tan agresiva como esperaban del Banco Central, habría primero que ver el efecto real del alza a 0.75% de las tasas de interés en la economía estadounidense y en los mercados bursátiles, que se enfrentarán a una mayor competencia.

De por sí, los vítores del mismo día del anuncio del alza de tasas de la Reserva Federal se convirtieron al siguiente día en la peor jornada de la Bolsa de Nueva York en años. El Dow Jones perdió en esa jornada del 5 de mayo más de 1.000 puntos, al tiempo que el tecnológico Nasdaq se desplomó un 5% y el S&P 500 cayó 3,6%.

Al parecer, los inversionistas no hicieron un análisis muy profundo de las consecuencias de la medida en las actuales circunstancias, o la pasión de esperar lo peor les llenó de un optimismo desmesurado y efímero.

Por el momento, hay muy poco que celebrar tras la llegada a la Casa Blanca de la administración Biden y sus políticas económicas que han desatado el caos no sólo en EEUU, sino a nivel internacional al contribuir a que se abrieran las puertas de Ucrania a Rusia.

Por su parte, el régimen comunista de China observa, actúa sigilosamente y se convierte en el mejor beneficiario de las crisis de Occidente, que le facilitan cada vez más el camino hacia la hegemonía mundial.

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