Mi amigo César Menéndez me pregunta si creo que Miami está preparada para soportar el embate de tormentas similares a Irma o María (que ambas tengan nombres de mujer es pura coincidencia), y aclaro que cuando él se refiere a Miami lo hace refiriéndose al Condado Miami-Dade, en su totalidad, lo cual también voy a hacer en esta columna.

La pregunta se las trae, pues por mucho que se prepare una ciudad, jamás va a estar lo suficientemente preparada para enfrentarse a fenómenos meteorológicos de tal envergadura como los que recientemente acaecidos en el Caribe. No tan solo por la velocidad de los vientos sostenidos (que han llegado hasta 175 millas por hora, equivalentes a 280 kilómetros por hora, en María; o Irma, con vientos hasta de 185 millas por hora, equivales a 296 kilómetros por hora), unido a eso tenemos que considerar la enorme cantidad de agua contenida en esos dos fenómenos atmosféricos, la cual fue descargada inmisericordemente por toda la ruta que atravesaron ambos huracanes.

Haciendo un análisis especulativo del supuesto caso, me atrevo a decir que Miami está mejor preparada que otras ciudades norteamericanas, para hacer frente a fuerzas naturales semejantes, por la experiencia acumulada de tantos años lidiando con el mismo problema, lo cual no significa que vaya a salir ilesa ante un huracán de categoría cinco.

“¿Qué pasará con los techos y ventanas de las propiedades más viejas que no han sido modificadas de acuerdo con las necesidades actuales?”

Considero que las edificaciones construidas después de 1995 tienen mayor oportunidad de soportar los embates del viento, que las construcciones fabricadas bajo el antiguo código de construcción del condado Miami-Dade. Las edificaciones que tengan instaladas contraventanas o ventanas con cristales resistentes a grandes impactos y/o ráfagas de viento, contarán con mejores posibilidades de no enfrentar daños de mayor cuantía; pero ¿qué pasará con los techos y ventanas de las propiedades más viejas que no han sido modificadas de acuerdo con las necesidades actuales? A la mente me viene el paso de Andrew por el sur de la Florida, en 1992.

Otro elemento de suma importancia es prevenir la posibilidad de objetos volantes que puedan convertirse en proyectiles. En el Gran Miami, amigo César, los principales proyectiles son las ramas de los árboles que no han sido podados debidamente. Para evitar que las susodichas ramas, y que los troncos de árboles desenraizados por la tracción que ejercen las mismas ante el empuje del viento, se conviertan en proyectiles, el condado y las ciudades de Miami Dade deben pasar resoluciones que limiten la altura y frondosidad de los árboles, bajo el entendimiento que la ciudad no es un bosque interminable. Imaginen no una rama, si no un aguacate verde, a 175 millas por hora (280 km), el aguacatazo que es capaz de propinarle a cualquier persona, animal o cosa con que se tropiece en su trayectoria y los daños y consecuencias que puede causar.

Resumiendo: No hay razón por la cual los árboles puedan constituir una amenaza para los ciudadanos, en medio de una tormenta. Quien quiera ver un ejemplo actual de mi punto de vista, que visite la ciudad de Coral Gables, para que compruebe, de primera mano, el daño que hicieron árboles y ramas al tendido eléctrico. A tal punto que hoy, a una semana del paso de solo ráfagas de menor intensidad del huracán Irma, por Miami, aún existen zonas de Coral Gables sin electricidad. Entre los afectados se escucha el rumor de que ya es tiempo de que el servicio eléctrico sea soterrado en el condado; y yo me pregunto ¿y quién va a pagar por ello?

“Las inundaciones son inevitables, solo queda obedecer el mandato de evacuación de las autoridades y anticiparse a sacar los objetos de valor del inmueble antes que el agua toque a la puerta”

Y ni que decir acerca de la gran cantidad de ramas esparcidas por todo el territorio condal, las cuales interrumpen el tráfico vehicular en muchas zonas. Montañas de basura vegetal secándose, pudriéndose, arruinando el césped y sirviendo de cueva y nido a alimañas, mientras los vecinos miran al cielo, en la espera que venga la municipalidad o algún ángel a recogerla y botarla.

Las inundaciones son inevitables, para ello solo queda obedecer el mandato de evacuación de las autoridades cuando el mismo se produzca, y anticiparse a sacar los objetos de valor del inmueble antes que el agua toque a la puerta y no de chance a más nada. Acá existen bombas para la extracción de agua, que sirven para aliviar las inundaciones en las calles muy afectadas; pero hay que recordar la altura de Miami respecto al nivel del mar, para comprender que, si viene un fenómeno atmosférico como Irma o María y pasa lento, con una trayectoria de alrededor de diez millas del Down Town de Miami, el agua del mar y el río Miami pueden unirse en Le’Jeune Rd NW y la 7 Calle (42 Av. NW 7 ST), porque la fuerza inesperada de la naturaleza es imparable.

En cuanto a los albergues, hasta el momento han respondido muy bien los planes de contingencia establecidos por nuestras autoridades del condado y las ciudades; pero con lo visto recientemente no albergo dudas de que los encargados de la seguridad ciudadana seguirán adelante, alertas y decididos a estar más preparados y a sumar más locales para albergues, en el área de Miami-Dade.

Si hablamos de hospitales y asistencia médica el asunto es más complicado, ya que la mayoría de los hospitales son empresas privadas, y por el grado de especialización que implica y requiere la administración de asistencia médica no toda persona, por más voluntad que esta tenga, puede administrarla; pero quizá, y antes que llegue el momento de necesidad inmediata, se puedan hacer coordinaciones para en caso de desastre erigir hospitales de campaña temporales que den asistencia a los que así lo requieran, y además, lanzar una campaña que abarque el condado, para captar voluntarios que tengan conocimientos médicos y estén dispuestos a colaborar en caso de un desastre.

Espero así haber contestado la pregunta a mi amigo Cesar. Por mi parte, si viene un huracán de tal envergadura, procuraré evacuar lo antes posible junto a mi familia. Si no me es posible alejarme, pues procuraré ponerme al día con Dios, para por si acaso me acoja confesado; compraré ron y tabacos, para mantenerme caliente todo el tiempo y procuraré un libro, por si escapo.

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