Hace medio siglo el hombre intentaba rebasar los límites de su propio progreso. El desafío era gigantesco y el camino desconocido. El sueño, solo uno: llegar a la Luna.

La idea ni siquiera era nueva y el anhelo había pervivido a través de la mitología, la literatura y la ciencia ficción. Paradójicamente no fue el arte, sino la guerra, lo que dio el impulso definitivo para que ocurriera. Después de 1945, Estados Unidos y la Unión Soviética se enfrentaron por la hegemonía mundial. Había estallado la Guerra Fría, un conflicto en todos los ámbitos, donde, sin agredirse directamente, ambas potencias competían en representación de dos sistemas ideológicos contrapuestos.

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En medio de esa disputa, la URSS logró lanzar al espacio el primer satélite artificial en 1957. De pronto la carrera espacial quedó incluida en las prioridades estratégicas y devino partida decisiva en la lucha por la supremacía. Cuatro años más tarde, en 1961, los soviéticos daban otro paso adelante con un vuelo espacial tripulado. El mundo aclamó y reconoció a Yuri Gagarin como el primer ser humano en salir al espacio. El liderazgo norteamericano se vio seriamente amenazado.

El reto de Kennedy

El 12 de septiembre de 1962, el entonces presidente John F. Kennedy pronunció un memorable discurso en la Universidad de Rice, Texas, donde sentenció: “Hemos decidido ir a la Luna en esta década, y también afrontar otros desafíos, no porque sean fáciles, sino porque son difíciles (…)”. Kennedy fue un ferviente impulsor de la carrera espacial y le obsesiona la idea de poder retomar la iniciativa para EEUU en este campo.

La NASA se fundó en 1958, pero no fue hasta mayo de 1961 que trabajó en el proyecto Apolo. Éste era un plan que consistía en aterrizar en la Luna una nave tripulada. Los astronautas debían bajar a la superficie y luego regresar a la Tierra. Sin embargo, se necesitaba construir un cohete capaz de propulsar la nave mucho más allá del campo gravitacional de la Tierra, que retara los límites alcanzados hasta ese momento.

No obstante, los científicos norteamericanos estaban convencidos de que podían construir tal artefacto. En ese intento destacó Wernher von Braun, un físico de origen alemán que dirigió el ambicioso proyecto de misiles balísticos de Adolfo Hitler. Braun fue llevado a EEUU después de la guerra y terminó en la NASA al frente del equipo que montó el Saturno V, un portento de maravilla tecnológica que resultó clave en el viaje de la Apolo 11, punto culminante del programa.

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Un largo camino

Por largo tiempo, todo se organizó cuidadosamente, aunque no faltaron fracasos e incertidumbres. Se necesitó casi una década de preparación y se dedicaron dos años al estudio de la superficie lunar para buscar el mejor lugar de aterrizaje. Del mismo modo, primó la selectividad para escoger a los exploradores que viajarían los más de 380.000 km de distancia que separan a la Tierra de la Luna. Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin eran militares de carrera y expertos pilotos. Los dos primeros sirvieron en la Guerra de Corea, pero los tres habían viajado con anterioridad al espacio.

La Apolo 11 despegó de Cabo Cañaveral el 16 de julio de 1969 y cumplió cada etapa de la trayectoria como estaba previsto. Al cuarto día, ya en la órbita de la Luna, el módulo lunar Eagle, con Armstrong y Aldrin a bordo, se desprendió del Columbia, donde permaneció Collins, y se enrumbó hacia la superficie del satélite terrestre. Era el 20 de julio de 1969.

Ese mismo día a las 10:56 pm, hora atlántica de EEUU, Armstrong apoyaba su pie izquierdo sobre la superficie de la Luna y pronunciaba la histórica frase: "Este es un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad". La nueva historia del hombre acababa de comenzar.

Aun, los astronautas tuvieron chance para desplegar la bandera estadounidense, colocar una placa conmemorativa, tomar muestras de tierra y rocas, instalar un reflector de rayos láser, un sismógrafo y una pantalla para medir la intensidad del viento solar, así como también grabar y tomar imágenes.

Luego de un regreso sin contratiempos, el golpe de efecto de la primera incursión humana en la Luna fue demoledor. A nivel científico sentó precedentes en el uso de tecnologías y descubrimientos que con posterioridad se aplicaron en varios campos de la vida civil. En el orden político, los soviéticos no pudieron soportar la presión económica y desistieron de intentar igualar una gesta de las mismas proporciones. Estados Unidos había ganado la carrera espacial.

Tras el Apolo 11, otras cinco misiones lograron llegar a la Luna, pero en 1972 el proyecto fue cancelado por el presidente Richard Nixon y recortado el presupuesto de la NASA.

A 50 años de aquella hazaña, el sueño no ha terminado, si acaso, se ha extendido, con el ansia de explorar nuevos mundos más allá de la Luna, el hombre mira ahora hacia las inimaginables profundidades del universo infinito.

La tripulación de la Apolo 11

NASA Apolo 11 Viaje Luna 2019
La selectividad primó para escoger a los exploradores que viajarían los más de 380.000 km de distancia que separan a la Tierra de la Luna. Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin eran militares de carrera y expertos pilotos.
La selectividad primó para escoger a los exploradores que viajarían los más de 380.000 km de distancia que separan a la Tierra de la Luna. Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin eran militares de carrera y expertos pilotos.

Neil Armstrong, comandante. Natural de Ohio (38 años)

Anteriormente estuvo al frente de la tripulación del Gemini 8, donde dos naves atracaron por primera vez en el espacio. Al ser seleccionado para dirigir el Apolo 11, se convirtió en el primer civil en lograr el mérito de comandar dos misiones espaciales

Michael Collins, piloto del módulo de comando. Natural de Roma, Italia. (38 años)

Nació en Italia mientras su padre servía como agregado militar de EEUU en ese país. Había pilotado la Gemini 10 y fue el tercer astronauta estadounidense en lograr salir de su nave para realizar una caminata espacial

Buzz Aldrin, piloto del módulo lunar. Natural de Nueva Jersey (39 años).

Fue el primer astronauta con un doctorado en volar al espacio. Mientras participaba como miembro del Gemini 12 realizó una caminata en el espacio donde demostró que era posible trabajar de forma eficiente fuera de la nave

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