domingo 1  de  marzo 2026
DIPLOMACIA

EEUU y Siria, alianza histórica que redefine el equilibrio en Medio Oriente

La aproximación entre la Casa Blanca y Damasco formaría parte de una estrategia cuidadosamente calculada, tanto de parte de Washington como de los países árabes aliados

Por Estefani Brito

WASHINGTON.- La reciente aproximación entre Washington y Damasco, tras la histórica visita del presidente sirio Ahmed al-Sharaa a la Casa Blanca, responde más a un cálculo estratégico que a un gesto diplomático aislado, que buscaría reconfigurar el equilibrio de Medio Oriente en favor de los intereses de Occidente y de Israel.

El lunes 10 de noviembre, el presidente Donald Trump recibió en el Despacho Oval a al-Sharaa, un antiguo comandante yihadista de la rama siria de Al Qaeda, en un encuentro de bajo perfil, que marca la primera visita de un jefe de Estado sirio a la Casa Blanca desde la independencia del país en 1946.

De acuerdo con fuentes estadounidenses, citadas por AFP, EEUU permitirá que Siria -con quien tiene un largo historial de hostilidad y sanciones por su relación con el terrorismo, retome las actividades de su embajada en Washington, mientras al-Sharaa anuncia su disposición de adherir a su país a la Coalición Internacional contra el Estado Islámico, dirigida por el Mando Central estadounidense.

“Desde la creación de Siria no hubo estas relaciones estrechas entre los dos países. Después de la guerra del 67, Siria formaba parte del bloque de la Unión Soviética, entonces no hubo más relaciones que tratar de resolver los problemas del Medio Oriente”, menciona Joseph Hage, analista político internacional y especialista en temas de Oriente Medio y antiterrorismo, en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS.

Sin embargo, lo realmente importante de esta visita radica en que es la primera vez que un líder sirio se sienta con un presidente estadounidense en un contexto de cooperación, y no de confrontación. Por ello, considera que enfocar este encuentro por el pasado de al-Sharaa es un error.

A su juicio, el nuevo acercamiento se trata de una estrategia cuidadosamente calculada tanto por parte de Washington como de los países árabes aliados. “La diferencia es que este señor llegó al poder primero apoyado por aliados de EEUU, en este caso Turquía, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Segundo, viene con una misión de terminar con la existencia de lo que quedó de lo que se llamó, en un momento dado, Al Qaeda o el Estado Islámico”, resalta.

Compromisos y condiciones

Para Hage, la visita de al-Sharaa a Washington no es simbólica, sino un acto con compromisos concretos. “Su visita a la Casa Blanca es a cambio de dos cosas que se van a materializar. La primera, formar parte de la alianza para combatir al Estado Islámico, no solamente en Siria, sino en la región en general. La segunda, sumarse al famoso Acuerdo Abraham que lanzó el presidente Trump en su primera presidencia”, asegura.

La eventual adhesión de Siria a los Acuerdos de Abraham —impulsados en 2020 por Trump para normalizar las relaciones entre Israel y los países árabes— tendría un impacto decisivo en la estabilidad regional.

“Siria podría ser el próximo país que pueda sumarse al Acuerdo Abraham (...) Eso es importante porque desde el sur y el este de Israel hay dos países que dan cierta seguridad —Egipto y Jordania— porque hay acuerdos de paz con estos países. Para que Israel quede bien defendida necesita dos más: Siria y el Líbano, que son países fronterizos”, sostiene.

Señala, no obstante, que la cooperación de Occidente con Damasco es, hasta el momento, estrictamente condicional. “Todo lo que está haciendo el mundo árabe, Estados Unidos y los europeos con Siria es condicional. ¿Condicional a qué? A que él entregue lo que prometió: un país soberano, un país libre”, apunta.

Esto, gracias al trabajo que hubo desde la sombra para que el exyihadista liderara el golpe de Estado contra Bashar al-Ásad en diciembre de 2024. “Él fue elegido para liderar este golpe de Estado contra al-Ásad. Entonces, si un día se levanta y dice ‘quiero volver a ser islamista’, los mismos que lo trajeron lo van a eliminar”, advierte.

Más allá de los discursos, Hage añade que la alianza entre EEUU y Siria dependerá de hechos. “Si promete, tiene que entregar. Los que lo van a recibir van a monitorearlo y ver si cumple con estas promesas, porque él tiene un caso particular. Por su pasado, tiene siempre un signo de interrogación. Tiene que comprobar más que otros miembros de la coalición que, sí está combatiendo a ISIS o a otras organizaciones similares, lo está haciendo de verdad”, resalta.

Sobre la posibilidad de que el líder sirio utilice el acercamiento a Washington como una maniobra para ganar legitimidad internacional, Hage reitera que “su alianza para combatir al Estado Islámico no quiere decir que los países Occidentales e Israel van a bajar la guardia y tomar su palabra tal cual. Con palabras solas no va a poder hacerlo; tiene que entregar resultados”.

Una jugada estratégica

Aunque Hage reconoce que el pasado de al-Sharaa pesa, recuerda que “estuvo bajo la dirección de Occidente por más de diez años” y que “cooperaba con las agencias de inteligencia inglesa y americana” cuando lideraba una facción insurgente en el noreste de Siria. “Él tenía a cargo una provincia entera y estaba cooperando con las fuerzas internacionales en contra del Estado Islámico. No lo publicaron porque, si se daban cuenta los equipos del Estado Islámico, iban a querer matarlo. De acuerdo a la información que nos llegó del Ministerio de la Seguridad Nacional en Siria, ya han derrumbado dos intentos de asesinarlo”, precisa.

Ahora, la estrategia de Occidente debe equilibrar el pragmatismo político con la línea moral que separa la lucha antiterrorista de la legitimación del extremismo. “No sé si este gesto legitima al terrorismo. Su pasado que es una mancha muy difícil de borrar de un día a otro, pero tiene que entregar algo a cambio para poder balancear la vieja imagen con la nueva que está tratando de vender en Siria, la de un reformista”, sostuvo Hage.

No obstante, aclara que el apoyo a al-Sharaa no es una “aceptación” para que los terroristas abandonen la clandestinidad y sean parte del poder, en vista de que su figura no puede equipararse a la de líderes radicales como Abu Bakr al-Baghdadi, asesinado por EEUU en la frontera entre Siria y Turquía en 2019.

“Si tuvieran pruebas de que alguien tiene directamente las manos manchadas de sangre no lo pueden reformar de esta manera. Él fue acusado de formar parte de la organización, fue arrestado por EEUU en Irak, pero no tiene una acusación directa de haber matado a alguien. Eso ayudó a que puedan reformarlo o reinventarlo de nuevo. Pero no van a poder sacar a un al-Baghdadi, que abiertamente tenía las manos manchadas de sangre, y ponerlo a cargo de la población civil. Eso sería imposible de vender”, puntualiza.

Por otra parte, Hage considera que detrás de esta apertura a Siria hay una lógica geopolítica clara: consolidar una barrera frente a la influencia de Irán. “Definitivamente, Líbano y Siria serían, si firman la paz, el muro de contención no solamente de Irán, sino de cualquier organización o país que pueda pensar hacerle daño a Israel”, explica.

El experto, además, anticipa una ofensiva israelí en contra del Hezbolá: "Ya está contando los días para otra ola de destrucción total que va a conducir Israel en las partes a donde se reagrupó con el dinero que le llegó de Irán. Una vez Líbano se solidifique sin Hezbolá, Siria sin las organizaciones terroristas se sumará al proceso de paz”.

Un acuerdo de paz con estos dos vecinos, con los que el Estado hebreo comparte fronteras por el norte y este, le daría a Israel una zona de amortiguación para, en opinión del experto, “concentrarse en desarrollar la vida interna con los palestinos, ya sea dentro de una solución de dos Estados o de un Estado unificado”.

Sobre los planes de la Casa Blanca para instalar una base militar en las afueras de Damasco, Hage interpreta la medida como una demostración de dominio estratégico. “Tiene dos implicaciones: la primera, que EEUU está a cargo en Siria, es un mensaje para todos. La segunda, que no van a dejar a nadie que opere dentro de Siria que pueda causar problemas para Israel o para la misma Siria”, menciona.

En cuanto al papel de Moscú, afirma que el Kremlin no busca confrontación, sino preservar sus intereses económicos. “A Rusia no le interesa lo militar en Siria. Al-Sharaa, cuando fue a Rusia, le aseguró a Vladimir Putin que los contratos firmados para la exploración de petróleo y gas en Siria, y el contrato del puerto, los van a respetar. Con esto, Putin quedó satisfecho de que su parte en Siria quedó intacta”, apunta.

De cara a los próximos meses, el experto sostiene que el mundo deberá estar atento a dos anuncios claves desde Damasco: El parte oficial de que forman parte de la coalición para combatir al Estado Islámico y la adhesión de Siria a los Acuerdos de Abraham. Una vez que cumpla con esto, consolidaría su reinserción internacional y ofrecería una nueva narrativa: la de un país que deja atrás su pasado y redefine el equilibrio en Medio Oriente.

“Esto para el mundo occidental está bastante bien. Un país menos que opera dentro del marco del terrorismo, porque una vez se suma a estas dos condiciones, él está combatiendo el terrorismo desde adentro”, enfatiza.

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@ebritop22

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