MIAMI.- En los últimos años, las elecciones presidenciales en EEUU pasaron de ser un acontecimiento político trascendente a un show mediático, similar a un Super Bowl.

Por encima de su matiz político, el gasto de miles de millones de dólares de las campañas electorales y los ingresos en publicidad de los principales medios de comunicación, encuestadoras y grandes compañías en general crean una feroz batalla con cada vez más jugosas tajadas financieras para muchos.

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Desde marzo de este año, las principales cadenas de televisión e importantes encuestadoras comenzaron a ofrecer las primeras cifras sobre tendencia de opinión en la contienda por la Casa Blanca, entre el actual presidente republicano Donald Trump y su oponente demócrata Joe Biden.

Después de las últimas elecciones en el 2016, la brújula enfila rumbo hacia la misma película que ya muchos conocemos, pero que es capaz de involucrar nuevamente a millones de estadounidenses, una oportunidad única cada cuatro años para engrosar las arcas de importantes compañías.

Con una figura controversial como Donald Trump, el escenario está listo para el gran show publicitario. El Presidente es calificado -por la izquierda, la izquierda radical y algunos sectores independientes- de arrogante, egocéntrico, disuasivo, homofóbico, errático, incapaz y diplomáticamente inaceptable, entre muchos otros adjetivos que nada le benefician. Sin embargo, con todas estas definiciones, el multimillonario neoyorquino llegó a la Presidencia entre las peores cifras negativas que cualquier otro candidato en la historia de Estados Unidos en su respaldo preelectoral.

Las astronómicas cifras de gastos de campañas

A medida que se desarrollan nuevos comicios presidenciales, la tendencia al gasto de cuantiosos fondos sigue en ascenso. La espiral se consolidó en el 2008 cuando la campaña electoral (se incluyen las primarias, convenciones y el costo por los escaños en la Cámara de Representantes y el Senado) sobrepasó los 6.000 millones de dólares.

Luego, en el 2012, esa cifra aumentó y en el 2016, según la renombrada organización Center for Responsive Politics el monto llegó a los 6.600 millones de dólares, unos 86 millones más que en la anterior contienda.

La estrategia en los meses previos a la votación cuenta ahora con elementos tradicionales de campaña y otros fomentados y probados con efectividad en los tres últimos comicios en EEUU, donde la tecnología, los medios de prensa en internet, las redes sociales y los buscadores de contenidos como Google se adjuntaron como protagonistas.

En el 2020, bajo una gran incertidumbre y preocupación causadas por una pandemia de Sars-COVID-2, o coronavirus, que aún no termina, retomar el interés de los votantes y convertir los comicios en el centro de atención nacional resulta el primer gran paso para dar comienzo al Super Bowl Electoral 2020.

La mejor forma es transformar a un supuesto débil y cuestionado representante demócrata -apenas dos meses atrás- en un virtual ganador. Aparentemente es eso lo que vemos en los resultados de las recientes encuestas, sin restar trascendencia a factores que en estos momentos han podido afectar los números de respaldo a la gestión de Trump, como las protestas durante varias semanas por la injusta muerte del afroamericano George Floyd, infiltradas por delincuentes comunes y grupos radicales de izquierda, algunos pagados y entrenados por regímenes socialistas (Cuba y Venezuela) y movimientos extremistas en otros países, como revelaron varios informes de las agencias de inteligencia y el Buró Federal de Investigaciones (FBI), después de cientos de arrestos.

En el sur de Florida, las autoridades locales confirmaron en conferencias de prensa esa información.

Las manifestaciones en varios estados del país desembocaron en asesinatos a agentes y a civiles que defendían sus negocios, vandalismos, incendios de vehículos policiales y una comisaría, destrozos de propiedades, enfrentamientos directos contra los cuerpos del orden, robos millonarios en establecimientos comerciales, así como la creación en Seattle de la llamada Zona Autónoma de Capitol Hill (CHAZ, por sus siglas en inglés), que luego pasó a llamarse Protesta Organizada de Capitol Hill (CHOP).

En Washington D.C. y Portland los manifestantes intentaron hacer lo mismo. Luego se observaron vandalismos y derribos de monumentos históricos.

Algunas de las promesas de campaña de Trump fueron hacer cumplir la ley, frenar la inmigración ilegal y fortalecer el respeto a la legalidad, tomando como referencia que en el 2014 y durante el mandato de Barack Obama se desataran en Ferguson (Missouri) violentos disturbios raciales que se extendieron a otros estados del país.

A pesar de que Trump ha criticado la actuación de las autoridades estatales y locales en varios estados, su poder de mando se ha visto limitado por la Constitución de ejecutar acciones concretas contra la violencia y el vandalismo, sin el apoyo de algunos gobernadores y alcaldes.

Antes de las recientes protestas en junio, el mandatario estadounidense enfrentó una pandemia sin precedentes en la historia de Norteamérica que sumergió la economía de forma sorpresiva en una recesión, superior a la del 2008-2010, tras el cierre temporal de decenas de miles de negocios, el confinamiento de la mayoría de la población y la prohibición de vuelos desde los países más afectados en Europa y Asia.

Las encuestas crean las bases para el show

Semanas previas a la pandemia, los sondeos -incluso de la cadena CNN de tradicional inclinación hacia la izquierda- otorgaban un apoyo de más del 50% a la gestión de Trump, incluso, el 11 de abril -en plena pandemia- la misma cadena indicaba un 46% a su favor y un 49% por el manejo de la crisis generada por el virus.

Ahora, la mayoría de las encuestas entregan al candidato demócrata Biden una ventaja significativa respecto al presidente Trump, pero afloran contradicciones.

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Joe Biden, exvicepresidente y candidato demócrata a la Casa Blanca.

Joe Biden, exvicepresidente y candidato demócrata a la Casa Blanca.

La cadena FOX News -de tendencia derechista y calificada por Real Clear Politics como una encuestadora precisa- realizó dos sondeos recientes, uno entre el 20 y el 23 de junio y otro entre el 25-27 de junio en cuatro estados: Florida, Georgia, North Carolina y Texas.

ENCUESTAS

Junio 25-27/2020 Junio 20-23/2020

FL: Biden 49 Trump 40 FL: Trump 47% Biden 43%

GA: Biden 47 Trump 45 GA: Trump 49% Biden 41%

NC: Biden 47 Trump 45 NC: Trump 50% Biden 41%

TX: Biden 45 Trump 44 TX: Trump 51% Biden 37%

Llama la atención que apenas tres o cuatro días de diferencia entre uno y otro estudio los resultados tuvieran un giro tan drástico.

En otro sondeo también hecho por la cadena Fox a finales de marzo revelaba que Biden derrotaba a Trump 49%-40%, mientras que uno similar de la cadena ABC y The Washington Post, en la misma semana, ubicaba a Biden por delante del actual presidente 48-46%.

Una investigación de Quinnipiac University publicada por el diario USA Today a finales de mayo indicó que un 50% de los estadounidenses encuestados votaría por Biden, mientras que el 39 % lo haría por Trump.

En abril, la misma institución destacaba a Biden con el 49% y a Trump con el 41%, sin embargo, en ese momento el índice de aprobación del jefe de la Casa Blanca había subido en medio de la pandemia del 41% al 45%.

Según el promedio de encuestas que publica Real Clear Politics, Biden tiene una ventaja de 7.1% sobre Trump en todos los estados del país.

Lo que sí ha quedado bien claro desde el 2016 es que Trump no ganará con el respaldo de los medios de comunicación ni con las firmas de encuestas.

Sin interés del público, se derriban las ganancias

Cuando la campaña contra Hillary Clinton, la inmensa mayoría de los sondeos favorecían a la exsecretaria de Estado y apenas días antes de las elecciones, algunos marcaron dos puntos de ventaja sobre el candidato republicano.

Las redes sociales, en especial Twitter, jugaron un papel fundamental en la campaña republicana, marcada por un frontal enfrentamiento del multimillonario contra la mayoría de los medios de comunicación, que mostraron abiertamente su simpatía por la representante demócrata.

Si tomamos como popular referencia los videos de sátira que se han hecho virales en las redes sociales sobre las presentaciones públicas de Biden y su trabajo como vicepresidente durante el mandato de Obama, los índices actuales de aprobación del candidato demócrata no parecen ser muy coherentes ni confiables. Tampoco si tenemos en cuenta que Biden ha sufrido para obtener la confirmación oficial de delegados para su candidatura, lo que hace pensar que un significativo sector dentro de su partido no simpatiza con él, tiene dudas o no lo respalda.

Cuando faltan menos de cuatro meses para las elecciones presidenciales, una ventaja considerable -del que hasta hace poco era favorito para su reelección- no vendería suficientes expectativas para el show publicitario electoral y menos para atraer buenas apuestas al retador.

Un encuentro deportivo que se va de un solo lado, no vende, por eso los promotores buscan igualar capacidades y equilibrar condiciones para garantizar el espectáculo y las ganancias.

De manera subliminal, las encuestas buscan en estos momentos crear las bases para que los asistentes a las urnas se motiven frente a una reñida campaña y los niveles de audiencias y lecturas se incrementen al máximo para generar ganancias, en medio de una crisis de credibilidad que enfrentan los medios de comunicación en EEUU desde hace años y que se ha agudizado con la prominencia de las redes sociales y sitios web alternativos independientes.

Lo que antes de la era de internet se obtenía relativamente fácil y con ciertas garantías preliminares en el llamado Cuarto Poder (con referencia a los medios de comunicación), ahora el ingenio, la creatividad y la magia de la persuasión deben combinarse día a día para triunfar en un mundo moderno donde la competencia se ha disparado a través de miles de nuevas fuentes de información, todas con un mismo objetivo: llevarse la mayor tajada del gran pastel que cada cuatro años ofrece el "Super Bowl Electoral". Un pastel que también se disputan las grandes compañías en diversos sectores de la economía estadounidense.

Por delante, hay un camino impredecible

En un mundo tan cambiante como hoy, inmerso cada vez más en preponderantes intereses, cualquier cosa puede suceder en unos cuatro meses antes de las elecciones presidenciales de noviembre. Nadie pensó en el 2020 permanecer por primera vez en un confinamiento obligatorio provocado por una pandemia que ha dejado más de 130.000 muertes en EEUU, según cifras oficiales.

Cuando los estadounidenses se reunieron entre familias y amigos para despedir el 2019, millones con optimismo confiaron en que el venidero año sería mucho mejor porque la economía era fuerte, el nivel de desempleo no sobrepasaba el 4%; el país seguía dividido, pero avanzaba y los problemas que nos afectaban convivían desde hace años sin ser antagónicos como para entorpecer el desarrollo de la primera potencia en el mundo. De repente, todo se transformó en una crisis sanitaria internacional sin precedentes y un freno abrupto a cualquier proyecto y aspiración individual.

Casi en la mitad del 2020 y en el vórtice de una recesión económica creada por el SARS-COVID-2, la opinión que pueda generar una u otra encuesta resulta casi irrelevante y temprana a pesar de que puedan moverse tendencias o criterios.

Por delante hay un camino impredecible hasta noviembre, cuando cada ciudadano estadounidense tendrá la oportunidad de escoger su opción mediante el sufragio en un sistema multicultural y democrático; es lo más importante y lo que a juicio pleno se debe preservar.

lmorales@diariolasamericas.com

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