MIAMI.- La residencia oficial de quien ocupe la presidencia de los Estados Unidos es quizás uno de los edificios más emblemáticos de Washington D.C. Erguida en el corazón de la capital estadounidense, en la 1600 Pennsylvania Avenue, la historia de la Casa Blanca se remonta a más de 200 años.

Con un estilo arquitectónico vanguardista en esa época, su construcción se inició, sin ceremonia formal, el 13 de octubre de 1792, bajo las órdenes del arquitecto irlandés James Hoban, quien optó por vestir de pureza y simplicidad a la que sería la vivienda del primer mandatario de turno del país más poderoso del mundo.

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George Washington, primer presidente de EEUU, fue quien decidió dónde sería erguido este palacio presidencial que en la tierra de las oportunidades llamamos la Casa Blanca.

Siguiendo la corriente arquitectónica neoclásica, Hoban se inspiró en el edificio que alberga al Parlamento irlandés para diseñar sus icónicas habitaciones ovaladas al estilo barroco.

Para levantar la edificación se empleó Aquia Creek, piedra arenisca pintada de blanco que se caracteriza por su facilidad de moldear y su proximidad a las aguas del río Potomac, a unas 45 millas de Washington. El uso arquitectónico de esa piedra es recurrente a lo largo y ancho de la ciudad que tanta historia recoge.

Fueron los esclavos y afroamericanos libertos, así como trabajadores europeos e inmigrantes que aun no eran ciudadanos, quienes pusieron la mano de obra.

El estilo neoclásico destaca por la grandeza de escala, la simplicidad de las formas geométricas o detalles romanos como el dramático uso de columnas y la preferencia por las paredes en blanco. Fue un estilo que surgió como reacción al excesivo uso del rococó.

La construcción de la Casa Blanca, con una superficie de unos 55 mil pies cuadrados, se finalizó el 1ro de noviembre de 1800. John Adams fue el primer presidente que la ocupó.

Un año después sus puertas se abrieron para recibir al tercer presidente la nación, Thomas Jefferson, arquitecto de profesión, quien contrató a Benjamin Henry Latrobe para agregarle un toque especial a la que fuera su residencia por los próximos ocho años.

Como parte de esa primera remodelación, se añadieron a cada ala de la mansión presidencial una larga secuencia de columnas que ayudaban a esconder los establos y el almacenamiento.

Luego, durante la Guerra de 1812, la propiedad fue incendiada por el Ejército británico en un ataque que los historiadores llamaron la Quema de Washington.

El incendio, que ocurrió el 24 de agosto de 1814, un año antes de que terminara el conflicto entre EEUU e Inglaterra, destruyó el interior de la Casa Blanca y carbonizó gran parte de los exteriores, por lo que la reconstrucción arrancó inmediatamente.

Pero cuando le llegó el turno al presidente James Monroe, en octubre de 1817, de ocupar la vivienda ejecutiva, ésta aun estaba parcialmente reconstruida. La reconstrucción de los exteriores se extendió y, en 1824, se agregó un pórtico semicircular en el patio sur; cinco años después se hizo la misma añadidura en el patio norte.

Cuando el presidente Theodore Roosevelt inició su mandato en 1901, tuvo que instalarse en el ala Oeste de la mansión presidencial, porque el otro lado no estaba en condiciones de ser habitado. Fue así que se construyó el ala Oeste un año después de la llegada a la Casa Blanca de Roosevelt, cuyo despacho no tenía forma de óvalo.

Fue también Theodore Roosevelt quien le dio el nombre oficial de la Casa Blanca, luego de que en varios períodos de la historia se conociera como el Palacio del Presidente, la Casa del Presidente o la Mansión Ejecutiva.

No fue hasta 1909 que se expandió el ala Oeste y se creó la primera Oficina Oval, a mando del presidente William Haword Taft.

Después esta oficina presidencial, cuyo nombre se deriva de su forma geométrica, se reubicó cuando ese área de la Casa Blanca fue expandida. La Oficina Oval, desde donde trabaja el primer mandatario, ostenta tres amplias ventanas con vista al jardín sur, ubicadas detrás del buró del hombre más ocupado del planeta.

También tiene una chimenea en la esquina norte y cuatro puertas que la conectan con el resto del ala Oeste. La puerta del este comunica con el Rose Garden, jardín de unos 125 pies de largo y 60 de ancho, que bordea esta oficina y toda el ala Oeste y que complemente al jardín de Jaqueline Kennedy en el ala Este del complejo. En el Rose Garden se suele recibir a los medios, además, sirve como espacio para ofrecer recepciones.

La puerta en dirección oeste conduce hacia un estudio privado y una sala de comedor; la del noroeste abre hacia el corredor principal del ala Oeste, y la del noreste hacia la secretaría del presidente.

El titular de la Casa Blanca tiene la potestad de impregnar su sello personal a la oficina desde donde firmará las leyes y se reunirá con otros líderes del mundo. Puede elegir a su gusto la decoración, nuevos muebles, las cortinas o la alfombra, algo que tal vez prefiera dejar en manos de su primera dama. Las obras de arte pertenecen a la colección de la Casa Blanca o a museos que prestan piezas para que sean exhibidas durante un mandato.

Fue bajo la administración de Franklin Roosevelt, en 1934, que se construyó la Oficina Oval moderna, como parte de una adición a la fachada este del ala Oeste.

Casi medio siglo después de la inmensa renovación que se inició bajo el mandato de Theodore Roosevelt, la estructura del edificio mostraba señales de grave deterioro. Entonces el presidente Harry Truman, quien lideró el país de 1945 a 1953, encomendó una remodelación a cargo del arquitecto Lorenzo Winslow. En esa ocasión, hubo que reconstruir toda la estructura excepto las paredes exteriores.

La Casa Blanca ostenta 132 habitaciones, 35 baños y seis pisos en la Residencia, área del complejo que sobresale entre las dos alas y está destinada a albergar al presidente y su familia. Además, cuenta con unas 412 puertas, 147 ventanas, 28 chimeneas, ocho escaleras y tres elevadores. La cocina de la Casa Blanca está equipada para servir cena a unos 140 comensales y entremeses para más de mil invitados.

Se requieren unos 570 galones de pintura para mantener su fachada impecablemente blanca.

No hay duda de que las paredes de la Casa Blanca guardan secretos de Estado y detalles de la vida de cada primer mandatario estadounidense que la ha habitado, desde el segundo, John Adams, hasta el actual, Donald Trump, quien ocupa el número 45 en la lista de presidentes de EEUU.

Un espacio majestuoso, repleto de anécdotas y que pronto recibirá a su próximo inquilino para continuar escribiendo la historia de este gran país.

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