MIAMI.- Las protestas contra la muerte del afroamericano George Floyd el pasado 25 de mayo durante un arresto policial se han ido canalizando en peticiones concretas. La más polémica a ojos de la opinión pública aboga por transferir fondos de los departamentos de Policía a organizaciones sociales, una idea resumida en el slogan “DeFund the Police”.

DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con Gaby Guadalupe, activista de American Civil Liberties Union Foundation of Florida, ACLU, organización que surgió hace exactamente 100 años para proteger los derechos y libertades de los afroamericanos.

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Según Guadalupe, el compromiso de ACLU es con las comunidades negras. Por eso apoya la idea de recortar los fondos policiales para así reducir las responsabilidades y la presencia de la Policía en las comunidades.

La organización para las libertades civiles considera que dichos fondos deberían destinarse al apoyo de agrupaciones comunitarias lideradas por afrodescendientes.

Para la activista de ACLU la solución a la violencia policial se basa en tres pilares.

Por un lado, se debería prohibir la persecución de delitos no graves “como forma de evitar interacciones innecesarias entre los agentes del orden y los miembros de la comunidad. Interacciones que, muchas veces, escalan y se traducen en violencia y muerte”, recalca.

El segundo pilar busca que se inviertan “los enormes fondos, ahora en manos de la Policía”, en las comunidades pobres de afrodescendientes con el objetivo de que la seguridad se alcance a través de la prosperidad.

El tercero de los pilares habla de limitar el uso de la fuerza contra los miembros de esa comunidad. La organización aboga por que los agentes del orden usen el sentido común, empleando técnicas de desescalada en la confrontación de los delitos. “Solo deberían usar la fuerza en casos muy excepcionales”, apunta.

ACLU también aboga por implementar mecanismos para obligar a la Policía a rendir cuentas a la comunidad. “Apoyamos este esfuerzo. Si algo ha quedado claro en las últimas semanas es que necesitamos vías que nos permitan supervisar el trabajo de la Policía”, señala Guadalupe.

Desde sus inicios en 1920, esta organización trabaja contra la violencia policial. Tiene un amplio expediente al servicio de la comunidad afrodescendiente. Una de sus principales luchas es oponerse a la práctica de perfiles raciales utilizada por los agentes del orden.

“A pesar de que llevamos un siglo trabajando para frenar la violencia policial y eliminar el racismo sistemático instalado en nuestro sistema policial, el presupuesto de los cuerpos policiales y su presencia en nuestras comunidades no ha hecho más que crecer”, explica con frustración. Y añade que “anualmente los gobiernos estatales y locales asignan más de cien mil millones a las fuerzas del orden. Hemos estado sobre financiando una institución contaminada, sin proporcionar formas significativas para lograr su supervisión”.

El analista político Andrés Albuquerque, igualmente entrevistado sobre la campaña “DeFund the Police”, coincide con ACLU en la necesidad de los mecanismos de supervisión a las fuerzas del orden como parte de la estrategia para limitar la violencia policial. “Se deben crear comisiones en las ciudades a fin de poner en contacto la ciudadanía y la Policía. Este grupo de personas se podría reunir periódicamente con el alcalde y el jefe de la Policía a fin de transmitir todas las quejas que pueda tener la comunidad”.

Agenda roja

Albuquerque considera que esa petición de recortar el financiamiento a la Policía no es fruto de la espontaneidad, ni ha surgido en las manifestaciones de los afrodescendientes.

Sugiere que la demanda de afectar financieramente a la Policía está en el guion de alguna organización de izquierda, de los mismos que no podían permitir que los estadounidenses se unieran en torno al dolor producido tras el asesinato de Floyd.

“Mucha gente salió a la calle a manifestarse muy indignada. Las primeras protestas en las que casi todo el mundo participó, independientemente de la raza, sirvieron para mostrar la indignación por lo que había pasado. Pero después se tornaron violentas por el manejo de agentes de Venezuela, Cuba, los amigos de Soros y Antifa”, hace notar el analista.

Además observa que “en los disturbios que han seguido a las protestas se han destruido no solo negocios de grandes firmas, que tienen buenos seguros que los protegen del vandalismo, sino también los de familias de clase media, de negros y latinos”.

Sin embargo, “no ocurren manifestaciones en Beverly Hills o en el zip code donde vive [el expresidente Barack] Obama. Es una casualidad que el pueblo indignado solo escoja los lugares más pobres para expresar su frustración”, recalca.

Según Albuquerque, ni en las protestas y ni en toda esta violencia se trata del tema negro. “Son manifestaciones muy blancas, con dinero muy verde, siguiendo intereses muy rojos”.

Existen problemas raciales

Es innegable que aún falta mucho por recorrer en el camino contra el racismo. Los problemas existen. Estados Unidos ya está acostumbrado a las personalidades negras excepcionales como Obama, Denzel Washington, Samuel L Jackson, LeBron James, Michael Jordan. Todo el mundo los acepta, los respeta y los quiere. El problema es la multitud de afrodescendientes anónimos y pobres.

“Hay que lograr que ese negro anónimo también tenga algo que perder para que se involucre en la sociedad. Más que dinero, que nunca llega a los necesitados, hay que trabajar inteligentemente en mecanismos para mejorar la cultura, la educación y la vida de esas comunidades, algo muy difícil de lograr de inmediato. Se trata de inversiones a largo plazo”, concluye.

cmenendez@diariolasamericas.com

@menendezpryce

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