WASHINGTON — El presidente Joe Biden celebró uno de uno de los pocos éxitos de su presidencia hasta el momento: su plan de infraestructura, al cerrar una semana negra de provocaciones de Corea del Norte y Rusia, inflación récord, alza de hospitalizaciones por COVID-19 y el naufragio parlamentario de una reforma electoral.

"Se habla mucho de la decepción por las cosas que no logramos hacer", dijo el Presidente , prometiendo "hacer mucho".

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"Pero esto es algo que hicimos", afirmó sobre la ley de infraestructura de 1.2 billones de dólares, que asigna fondos para reparar puentes y carreteras, construir una red de carga de vehículos eléctricos y expandir Internet de banda ancha, entre otros muchos asuntos, que incluso contó con el apoyo de algunos legisladores republicanos.

El 15 de noviembre, Biden promulgó su ambicioso plan de gastos para atender la infraestructura del país. Entonces, presumió del apoyo de la senadora demócrata Kyrsten Sinema, que lo acompañaba sonriente a su lado.

Pero aparte de eso, Sinema no ha dado el apoyo que quiere Biden para su reforma electoral que, según él, prometía proteger el acceso a las urnas de los afroestadounidenses frente a lo que considera "restricciones" impuestas por ciertos estados conservadores del sur.

Muy poco margen de maniobra

Esta iniciativa es emblemática del giro que busca dar Biden: en dos discursos recientes, el presidente advirtió sobre el peligro que corre en su opinión la democracia estadounidense. Y lanzó ataques de una virulencia sin precedentes contra su antecesor republicano Donald Trump, y contra la oposición en general.

Los líderes demócratas preveían aprobar los dos proyectos de ley electorales por mayoría simple, eludiendo la regla de la cámara alta que requiere 60 votos en 100 para dar luz verde a los textos.

Biden apoya descartar esa regla del Senado que requiere mayorías especiales para que el Partido Demócrata pueda aprobar amplias reformas al "derecho al voto", que según él, esta en riesgo.

El mandatario y los demócratas quieren eliminar la medida debido a que no cuentan con los 60 votos para reformar la ley electoral. El Presidente, ahota debilitado por bajos índices de aprobación, decidió arriesgarse a aprobar a la fuerza una vasta reforma electoral hasta ahora bloqueada por los republicanos en el Senado.

La oposición republicana se alza en contra de las intenciones de Biden y los demócratas, asegurando que "rompería el Senado" y daría a los demócratas un poder desmedido.

Pero obtener una mayoría simple también es complicado para los demócratas, dado que solo tienen mayoría simple, 50 de los 100 escaños en el Senado, a los que se suma el de la vicepresidenta Kamala Harris, que, en caso de empate decide por los demócratas.

Sin Sinema y sin Joe Manchin, otro senador demócrata reacio, el intento de suspender la regla conocida como "filibusterismo" está condenado al fracaso, al igual que la reforma electoral.

El jueves, la Corte Suprema anuló un requisito de vacunación anticovid que el Presidente quería imponer a las grandes empresas.

El asesor de seguridad nacional de Biden admitió en rueda de prensa que después de varias conversaciones con Rusia, la amenaza de un nuevo conflicto en Ucrania aún no se había disipado.

Un día oscuro en medio de una semana calamitosa que recordó con dureza que Biden, investido hace poco menos de un año, hizo promesas muy grandes, con muy poco margen de maniobra. Su control del Congreso pende de un hilo y tiene que lidiar con una Corte Suprema muy conservadora.

"Más reveses"

En el frente económico, la inflación en Estados Unidos ha alcanzado su nivel más alto desde 1982, al igual que Europa, motivada en parte por el paso de la pandemia de coronavirus y los gastos multimillonarios para la recuepración.

Y el país ha batido el récord de hospitalizados por COVID-19. Además, la nueva ola del virus está vaciando las estanterías de los supermercados, ante problemas recurrentes de desabastecimiento desde el inicio de la pandemia en marzo de 2020.

El viernes, Corea del Norte llevó a cabo su tercera prueba de misiles del año, un nuevo motivo de tensión cuando Estados Unidos acaba de imponer nuevas sanciones financieras por lanzamientos anteriores.

A todo esto se suman las encuestas que confirman la caída de la popularidad del Presidente.

Un sondeo de la Universidad de Quinnipiac le acreditó al presidente Biden solo un 33% de opiniones favorables. No obstante, la mayoría de las encuestas de opinión le dan un índice de aprobación de alrededor del 42%.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, hizo hincapié el viernes en que es necesario tener paciencia.

"Un programa de gobierno no se completa en un año", recalcó Psaki en rueda de prensa. "Vamos a seguir luchando por cada componente de la agenda", agregó, enumerando tanto la economía, el combate a la pandemia y el cambio climático, como la lucha por los derechos civiles.

El próximo noviembre enfrentará elecciones legislativas de mitad de mandato, históricamente difíciles para el gobierno de turno, que normalmente pierde el control del Congreso.

FUENTE: Con información de AP

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