MIAMI.- Los sondeos aún no muestran nada concreto en medio del inusual clima político de la campaña presidencial en el país, con una pandemia de coronavirus que ha trastocado la vida nacional inmiscuyéndose –con sus consecuencias– en el objetivo del presidente Donald Trump de mantenerse cuatro años más en la Casa Blanca.

En el verano de 2016, cuando la exsecretaria de Estado, Hillary Clinton, era la aspirante estrella de los demócratas, y Trump representaba un fenómeno inusual en la política estadounidense, las encuestas mostraban un panorama similar a este verano pandémico de 2020.

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Al final de las luces y brillos para Clinton y la opacidad para Trump en aquel entonces, el republicano se hizo con la Casa Blanca, a pesar de que la líder demócrata ganó el sufragio popular con más de dos millones de votos, pero perdió el conteo del llamado Colegio Electoral por estados ganados según dicta la ley.

Justo hace cuatro años, con la campaña encendida en las calles de toda la nación, entrevistas televisivas, debates y mítines, un sondeo de la CNN elaborado entre el 29 y el 31 de julio de 2016, justo después de la Convención Demócrata de Filadelfia, revelaba que Clinton contaba con 52 % de la intención de voto frente al 43 % de Trump.

Un resultado que era muy diferente a inicios de julio de ese año 2016, con la encuesta elaborada tras la Convención Republicana de Cleveland, que otorgaba al magnate 48 % de la intención de voto, tres puntos más que Clinton. Así variaban las opiniones.

La gran diferencia de esa época con 2020 es que esta vez no hay convención republicana ni demócrata -por los riesgos de la pandemia-, y las campañas -impersonales como nunca- se están jugando en televisión, redes sociales, móviles, con discursos en las antípodas a lo que proponían en enero ambos partidos para liderar una nación tan diversa.

Ecuaciones

La pandemia, la recesión económica y el desempleo, así como las protestas sobre la violencia policial y la justicia racial, eclipsaron el debate nacional y electoral y es sobre lo que los electores quieren escuchar, como termómetro para sendos candidatos.

Biden ha tomado estas semanas ventaja, según las encuestas, sobre el presidente Trump, según una encuesta nacional realizada por The New York Times y Siena College, citó el diario.

Según el periódico neoyorquino, Biden estaría por delante de Trump en 14 puntos porcentuales, obteniendo 50% de los votos frente al 36% para el Presidente. Pero hoy, a menos de cien días para la elección del 3 de noviembre, queda mucha tela que cortar y casi a diario cambian los matices con que se debaten asuntos de la vida nacional.

En octubre de 2016, por ejemplo, a tres semanas de la elección, todas las encuestas daban la victoria a Hillary Clinton. Que se repita este escenario es cuestión de las circunstancias directas que puedan afectar la campaña Biden versus Trump en el más mínimo de los asuntos clave de aquí a noviembre. Hace cuatro años fue el hackeo de los emails al equipo de campaña de Clinton, sumado a la injerencia de Rusia.

El manejo de la pandemia del coronavirus, desde su dispersión en febrero y las protestas raciales por el asesinato de George Floyd a manos de policías, en mayo, golpeó la popularidad de Trump como quizá ningún otro suceso político y social haya afectado a un presidente de EEUU en muchos años.

Quienes le siguen apoyando no olvidan los recuerdos de la mayor expansión económica del país en una década, los más bajos índices de desempleo en 50 años, o la guerra comercial con China frente al América Primero como banderas estadounidenses.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha alertado que tardará años en volver a la situación previa a la pandemia, radicando en esta advertencia uno de los caballos de batalla para Biden y Trump de cara al 3 de noviembre.

Creer o no

Después de los fracasos con el Brexit en Gran Bretaña, el referéndum sobre la paz en Colombia y las elecciones de 2016 en EEUU, parece que lo más sensato es no fiarse de las encuestas.

“Aun así, los sondeos son un elemento crucial de las campañas electorales. No sólo porque marcan el pulso del electorado sino porque orientan el mensaje de los candidatos, y así sucede en Estados Unidos”, señaló en una nota Xavier Mas de Xaxàs, un historiador y reportero español que fungió como corresponsal en Washington.

En Estados Unidos como casi en ninguna otra nación, el voto popular no se traduce en la victoria de forma automática en las elecciones presidenciales, aquí el ganador es el que más votos electorales tenga en función de los estados que haya ganado.

La mejor muestra se dio en 2000 con el demócrata Al Gore, que tras dos meses de espera perdió las elecciones frente a George W. Bush, pese a obtener casi medio millón de votos más. El republicano ganó a su vez impulsado por un fallo judicial que le dio el triunfo en Florida y con ello ventaja mínima necesaria.

Como ha sido el caso durante toda su presidencia, e incluso durante su exitosa campaña para la Casa Blanca hace cuatro años, Trump sigue generando una fuerte lealtad y una intensa oposición al mismo tiempo.

Alrededor de las tres cuartas partes de los votantes registrados que apoyan a Trump (76%) dicen que ven su boleta presidencial principalmente como un voto “para” el presidente. En comparación, solo 33% de los votantes de Biden ven su voto más como una expresión de apoyo para él; aproximadamente el doble (67%) lo ve como voto en contra de Trump, revelaba una encuesta nacional realizada por Pew Research Center, realizada del 16 al 22 de junio.

“No voy perdiendo” es el mantra que mantiene Trump y su equipo, según la voz del propio mandatario en una reciente entrevista con Chris Wallace de Fox News. Para el mandatario las encuestas exageran la realidad o simplemente mienten al no arrojar una verdad sobre el sentimiento de los estadounidenses hacia “él”, con su victoria en 2016 con el mayor ejemplo de dicha premisa. La reelección para Donald Trump es un hecho.

Especial
@Franchuterias

Este reporte es de DIARIO LAS AMÉRICAS en alianza con el proyecto de periodismo ITEMP (Investigación de Temas Periodísticos)

 

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