domingo 18  de  febrero 2024
POLÍTICA

¿Por qué los incesantes ataques contra Trump?

"No vienen por mí, vienen por ustedes. Yo estoy simplemente en su camino", publicó el expresidente Donald Trump en su red Truth Social
Por Leonardo Morales

MIAMI- El constante hostigamiento y los ataques políticos incesantes durante y después de la Presidencia de Donald Trump persiguen el silencio de la oposición conservadora y atentan contra la estabilidad de Estados Unidos (EEUU), la credibilidad del sistema judicial y la democracia, en un peligroso juego donde no hay ganadores.

La desmoralización de la democracia y de la estabilidad institucional de EEUU no es negociable, mucho menos mediante juegos políticos de ningún Partido.

Ahora Trump enfrenta 34 cargos presentados por el controversial fiscal del distrito de Manhattan, Alvin Bragg. Como era de esperar, los abogados de Trump desestimaron todos los cargos, pero la acusación lo convirtió en el primer expresidente en enfrentar un proceso penal.

"Fue un poco decepcionante, pero también tranquilizante a la vez, sinceramente, ver esa acusación", dijo el letrado Joe Tacopina en la cadena NBC. "Este caso caerá por su propio peso".

Incluso, algunos de los más feroces críticos del expresidente parecían decepcionados ante el caso.

John Bolton, exasesor de seguridad nacional de Trump y convertido en uno de sus mayores críticos, dijo a CNN que la inculpación era "incluso más débil" de lo que temía.

"Como alguien que realmente no quiere que Donald Trump obtenga la investidura republicana para las elecciones presidenciales, estoy extraordinariamente consternado por este caso. Creo que puede ser fácilmente desestimado o llevar a una absolución rápida de Trump".

Mientras, Bragg ya fue citado a declarar ante el Congreso en Washington como parte de una investigación legislativa, pero además podría ser acusado de delito grave por filtración.

De acuerdo con el connotado profesor de Derecho y abogado constitucionalista, Alan Dershowitz, en caso de que alguien en el gran jurado o el fiscal hayan pedido un voto o un llamado para acusar, se consideraría un delito grave de clase E con una pena de hasta cuatro años de cárcel, según estipula la ley de Nueva York.

Se suma a eso que la filtración de los detalles de la acusación de Trump podría tener consecuencias de gran alcance más allá del posible cargo de delito grave por separado y plantea interrogantes sobre la confidencialidad de los procedimientos del gran jurado, que se supone que son secretos para proteger la privacidad de las personas involucradas y garantizar un juicio justo.

La izquierda necesitaba el gran espectáculo político

El show protagonizado por Bragg en la ciudad de Nueva York fue tal que el costo de la presencia de Trump en la Fiscalía y luego en la Corte de Manhattan ascendió a 200 millones de dólares de los contribuyentes, cerró toda la ciudad y pidió 38.000 policías.

"Nunca pensé que vería este nivel de corrupción en la ciudad de Nueva York", dijo Eric Trump, uno de los tres hijos del expresidente.

Si los grandes medios de prensa de izquierda necesitaban un nuevo pretexto para arremeter una vez más contra el expresidente y sacar partido financiero de la situación, la fiscalía de Manhattan y su inculpación -con claras motivaciones políticas- los tiene a todos muy complacidos.

Por doquier proliferan los reportes parcializados despotricando sobre el exmandatario estadounidense en un caso catalogado de “zombi” por sus abogados, mientras la administración de Joe Biden intenta obtener el mejor provecho con un “silencio” cómplice.

Las últimas encuestas muestran la más alta desaprobación a la gestión de un presidente en funciones (+67%). Nadie mejor que Biden y los demócratas necesitan este [espectáculo político] en un momento de guerra estancada en Ucrania, despidos masivos de empleados, alta inflación, precios del petróleo en ascenso con la reducción de las producciones de países exportadores, una deuda superior a los 32 billones de dólares, un déficit comercial récord de 70.500 millones de dólares, debate pendiente sobre el techo de la deuda y las múltiples investigaciones iniciadas por la Cámara de Representantes contra figuras de la izquierda, entre ellas el propio Joe Biden y agencias de Inteligencia.

¿Justicia o la persecución al movimiento conservador?

La guerra a Trump pasa por encima de su figura, es directamente contra lo que él representa: el nacimiento del movimiento conservador Hacer America Grande Otra Vez (MAGA, por sus siglas en inglés), un despertar frente a los planes y acciones de la extrema izquierda de transformar el sistema político y económico en EEUU, revertir la historia de la nación y destruir la cultura conservadora que edificó la primera gran potencia mundial.

Lo que observa y percibe gran parte del pueblo estadounidense es que el peso de la justicia se inclina ahora hacia la ideología de derecha y esto ha provocado una airada reacción de millones de seguidores y de conservadores que ven con indignación como intentan nuevamente censurar y destruir al expresidente y candidato republicano.

Sondeos realizados después de la presentación de Trump en Manhattan revelan un respaldo abrumador e incondicional a su liderazgo y a lo que simboliza para el destino de EEUU.

Ahí siguen en un extendido limbo y en la impunidad los casos de Hunter Biden y la posible implicación directa del presidente Joe Biden, la exsecretaria de estado Hillary Clinton (Bengasi y su escándalo sobre decenas de miles de correos oficiales borrados), el secretario de Seguridad Nacional Alejadro Mayorkas y su responsabilidad por la caótica crisis en la frontera sur; Anthony Fauci y sus vínculos con China; las diversas denuncias de acoso sexual y por las muertes de cientos de ancianos recluidos en asilos durante la pandemia de COVID-19 contra el exgobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, así como la injerencia electoral de un enemigo confeso de EEUU, George Soros, en entre otros.

En Florida, donde reside el expresidente Trump, el gobernador Ron DeSantis puntualizó: “La militarización del sistema legal para promover una agenda política pone patas arriba el Estado de Derecho. Es antiestadounidense”.

El expresidente de la Cámara de Representantes en Washington, Newt Gringrich, predice que la acusación al exmandatario allana el camino de su regreso a la Casa Blanca.

“Están obligando a los republicanos a elegir entre la corrupción y Trump”, dijo al diario The Epoch Times. “Trump es más fuerte hoy que hace un mes”, indicó Gingrich.

La encuesta de News-YouGov realizada después de la acusación encontró que el 57% de los consultados apoyaba a Trump sobre su principal rival potencial, DeSantis, quien obtuvo el 31% de los votos hipotéticos.

En un sondeo de Reuters/Ipsos publicado el 3 de abril, el 48% de los encuestados republicanos respaldaron a Trump como candidato presidencial, frente al 44% en un estudio del 14 al 20 de marzo.

Trump, agregó Gingrich, probablemente se convertirá en el candidato republicano y “los fracasos políticos de Biden harán que sea más probable que gane las elecciones”.

“Será el primer presidente estadounidense en perder una elección y regresar y ganar por segunda vez, después de Grover Cleveland”, quien ganó la presidencia en 1884 y luego nuevamente en 1892, recordó Gingrich.

Pero el exalto funcionario estadounidense entró en la esencia del problema: la acusación es un “precedente muy malo y muy peligroso” que le recuerda el período previo a la caída de la República romana, exacerbado por problemas económicos, corrupción gubernamental y delincuencia.

“Tiene que preocuparte ya algunas de las cosas que suceden aquí (EEUU), porque ahora tienes gente de izquierda que está dispuesta a abusar de la ley, a hacer cosas que claramente no tienen nada que ver con la justicia”.

Un "insulto a la nación"

Por su parte Trump, había reiterado: "Esta es una persecución política y una interferencia al mayor nivel de la historia en una elección", mientras acusaba a los demócratas radicales de izquierda" de una "caza de brujas para destruir el movimiento Make America Great Again" (MAGA).

Tras su regreso a Mar-a-Lago, el exinquilino de la Casa Blanca calificó la imputación, detallada en 34 cargos, de "insulto a la nación" y estimó que el propio fiscal debería ser procesado.

Unos 8 millones de dólares para su campaña ha recibido el expresidente, desde que se anunció la imputación de cargos penales en su contra. En su red Truth Social recordó: "No vienen por mí, vienen por ustedes. Yo estoy simplemente en su camino".

Como se esperaba, Trump se declaró "no culpable" de los 34 cargos presentados por la fiscalía de Manhattan y quedó en libertad sin restricciones judiciales, excepto con la petición del juez de origen colombiano, Juan Merchán, de no incitar a protestas masivas ni hablar sin autorización sobre el caso de presunto soborno por 130.000 dólares a la actriz de la industria de la pornografía, Stephanie Clifford, conocida como Stormy Daniels. El juicio daría comienzo en enero de 2024.

La fiscalía de Nueva York argumenta que el reembolso se realizó con dinero de campaña y podría constituir “una contribución ilegal”. Pero el caso fue desestimado por el anterior fiscal de Manhattan por falta de pruebas y consistencia legal.

Ellen Yaroshefsky, profesora de derecho en la Universidad Hofstra, dijo que los fiscales podrán verse en apuros "para demostrar que los supuestos falsos registros comerciales se hicieron con la intención de influir en las elecciones".

Andre McCabe, exdirector adjunto del FBI, afirmó por su parte a CNN que la acusación es una "decepción".

"Si todos nuestros amigos juristas no ven una forma de llegar a un delito grave al leer la acusación, es difícil imaginar convencer a un jurado".

Otro posible escollo para los fiscales es el testigo y exabogado de Trump Michael Dean Cohen, condenado por los pagos hechos a la actriz porno, evasión de impuestos y mentir a entidades federales, entre otros delitos.

Los abogados de Trump cuestionan desde el principio la credibilidad de Cohen, ahora que es un delincuente convicto y feroz crítico de su exjefe.

William Banks, profesor de Derecho en la Universidad de Siracusa, dijo que el caso estaba "plagado" de dificultades y que los cargos palidecen, incluso antes de que avance el proceso.

Las manos del comunista antiamericano George Soros

Si el show televisivo del llamado “Comité del 6 de Enero” no tuvo la reacción esperada, la necesidad de otro mayor, era imperiosa. De ahí la reapertura -tomada por los pelos y sin argumentos sólidos- del caso en Manhattan.

Es "[imposible] que yo tenga un [juicio justo]" en Nueva York, manifestó sobre su ciudad natal gobernada por extremistas demócratas, tras la decisión del “progresista” fiscal de distrito de Manhattan, Alvin Bragg, financiado en su campaña electoral por George Soros.

El 8 de mayo de 2021, un comité de acción política respaldado por el multimillonario George Soros, llamado Color of Change, respaldó al entonces candidato, Alvin Bragg, en la carrera por el Distrito de Manhattan, el mismo que ahora pretende condenar al expresidente Trump.

Soros prometió 1 millón de dólares para apoyar la elección del fiscal. Según documentos públicos, Soros donó 1 millón de dólares a Color of Change PAC el 14 de mayo. Pero este no fue el único aporte hecho por este controversial señor, cuyas acciones -reconocidas por él mismo- se dedican abiertamente a destruir el sistema capitalista occidental y, en especial, corroer todas las instituciones federales de EEUU y su sistema democrático.

En un artículo de opinión en The Wall Street Journal en 2022, Soros admitió haber “apoyado la elección (y más recientemente la reelección) de fiscales” y fiscales de distrito, blandos con la delincuencia y el crimen, todos de tendencia política mal llamada "progresista".

Las verdaderas intenciones de la extrema izquierda y de la élite demócrata en el poder son concretar lo que se cuece desde el 2016 contra Trump y su férrea defensa al patriotismo norteamericano, al capitalismo occidental estadounidense y a la [verdadera] democracia y valores sobre los que fue fundada la Gran Nación.

Trump cruzó la [barrera vedada] que ningún otro presidente se atrevió a saltar: el llamado Estado Profundo, un gobierno en las sombras de la Casa Blanca, adherido a una política global antinacionalista, liderada por magnates norteamericanos y de la izquierda socialista en el mundo.

El proyecto de Barack Obama y la extrema izquierda

El proyecto conjunto de Barack Hussein Obama y Hillary Clinton en el 2016 iba más allá de una simple sucesión de otro gobierno de izquierda.

Se preparaban cambios radicales que impactarían directamente el sistema capitalista y las bases conservadoras institucionales de EEUU. Y Donald Trump no sólo truncó el camino, sino que lo denunció con vehemencia ante el universo, al momento que emprendía medidas exactas para blindar a EEUU.

Entre las acciones a ejecutar, estaban la transformación de la economía estadounidense hacia un control similar al de China y un rol principal de Washington en las políticas económicas; aumentar el número de jueces para variar la correlación de fuerzas a beneficio de la izquierda y poder aprobar leyes cruciales como la propuesta de una reforma a la Constitución americana (típico de las dictaduras socialistas para obtener el control ejecutivo, legislativo y militar); cambios puntuales en el Sistema Judicial estadounidense y en el modo de gobierno en el Congreso en Washington; desmembramiento acelerado de la industria petrolera estadounidense bajo la hipótesis de “cambio climático”; oxigenar los regímenes autoritarios en Latinoamérica mediante un aumento sustancial de ayudas indirectas de Washington a través de organizaciones “no gubernamentales”, y directas con leyes para abrir paso a las inversiones norteamericanas y al auge de las remesas.

En el gran proyecto también estaba potenciar la Teoría de la Raza y de género inclusivo desde la educación primaria hasta la universitaria; aprovechar al máximo la expansión ideológica progresista (socialista) en los servicios de inteligencia del país y dentro del amplio sector militar de EEUU; ataque directo a la Segunda Enmienda que otorga el derecho a portar armas y en un segundo paso desarmar al pueblo estadounidense, una de las primeras medidas que implementó la dictadura castrista en Cuba para evitar sublevaciones populares armadas y asumir el control total.

Otro de los propósitos planificados era abrir las fronteras de EEUU y permitir el acceso de millones de inmigrantes ilegales con la perspectiva de aprobar en el Congreso en Washington o en diversos estados una [reforma electoral] en la que se incluyera el derecho al voto, sin el requerimiento de una identificación legal en EEUU.

Gran parte de esos planes los ha tratado de cumplir la administración Biden sin mucho éxito hasta el momento, e intentando ganar [el terreno perdido] durante los cuatro años de gobierno de Trump, cuyas premisas económicas y políticas avanzaron diametralmente opuestas a los propósitos de la extrema izquierda.

El gobierno de Joe Biden se encuentra compuesto en un 80% por funcionarios que ejercieron durante el mandato de Obama, con la misión de ejecutar las acciones que quedaron pendientes en sus ocho años en la Oficina Oval.

Por tal motivo, Trump se convirtió desde su triunfo electoral en el principal y mayor escollo para estos designios de la izquierda radical, que han permeado a un Partido Demócrata muy diferente al de décadas anteriores, cuando los reales intereses nacionales eran prioridad de manera bipartidista.

Todas las estrategias contra Trump han fallado hasta ahora: desde las falsas acusaciones de la trama rusa y dos intentos de destitución en su Presidencia hasta el comité parcializado en la Cámara Baja, creado por la acérrima enemiga del exmandatario: Nancy Pelosi, cuyo objetivo principal era condenarlo por una presunta participación y planificación directa en los sucesos del Capitolio el 6 de enero.

Todo lo anterior, con la complicidad de los grandes medios de prensa estadounidenses y la insólita censura en las redes sociales.

Del acoso incesante a la búsqueda de la censura polítitica

Jamás en la historia de EEUU, ningún Presidente se ha enfrentado a tan tenaz y feroz acoso y hostigamiento, no únicamente de la oposición, sino de los grandes medios de prensa en una despiadada campaña mediática al servicio de la izquierda. Y a pesar de todo eso, increíblemente, Trump mantiene su pujante liderazgo político republicano y sus posibilidades de llegar por segunda ocasión a la Casa Blanca.

Con una frustración visible, la izquierda radical acudió a lo que sería su último recurso presuntamente legal para encarcelar a Trump, por encima de cualquier daño al estado de derecho y a la democracia norteamericana. El objetivo es impedir -a toda costa- que el expresidente pueda sentarse nuevamente en la Oficina Oval, frente a un gobierno de Biden que se hunde en el bajo respaldo popular y la desaprobación de su mandato. Las cifras de las encuestas alarman hoy a los nuevos demócratas, ante el camino de Trump hacia la Casa Blanca y una crisis actual de liderazgo en el bando azul.

"Este caso ni siquiera es jurídicamente sólido. De hecho, es una broma. Y no sobrevivirá a una impugnación ante un tribunal", afirmó uno de los abogados de Trump, Joe Tacopina.

"No iremos ante un jurado", afirmó a NBC Tacopina, convencido de que el caso caerá por su propio peso.

"Creo que un juez [imparcial] reconocerá que hay algo verdaderamente equivocado y que hemos cruzado la línea en esta persecución política", añadió otro de los abogados del exmandatario, James Trusty, en la cadena Fox.

"Afortunadamente, la inculpación será legalmente frágil y habrá una oportunidad para que el juez haga lo correcto", agregó.

El caso sienta un peligroso precedente para EEUU

Pero solo las acusaciones penales contra Trump sientan un grave precedente en EEUU para reabrir otros casos de altos funcionarios y expresidentes estadounidenses como Bill Clinton en su escándalo sobre Monica Lewinsky , Hillary Clinton y sus decenas de miles de correos gubernamentales borrados, la tragedia en Bengasi, y el cuestionado servidor federal en su residencia privada; el propio Joe Biden ligado directamente a una trama de corrupción y peligro para la seguridad nacional protagonizada por su hijo Hunter Biden con altos funcionarios y empresarios de China y Rusia; la supuesta orden ilegal del expresidente Barack Obama para espiar a un presidente recién electo (Donald Trump), las cinco denuncias formales de acoso sexual contra el exgobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, y las demandas por cientos de muertes en centros de cuidados de ancianos durante la pandemia de COVID-19.

Un reporte de la fiscalía general del Estado de Nueva York encontró que 11 mujeres habrían sido acosadas por Cuomo, entre ellas 9 empleadas cercanas durante su mandato. Luego la fiscal general Letitia James dijo en agosto de 2021 que “el gobernador acosó sexualmente a varias mujeres”.

Las acusaciones de congresistas sobre los vínculos y fondos federales otorgados por el doctor Anthony Fauci a instituciones chinas, además de su autorización a controversiales y muy polémicas investigaciones, permanecen en silencio.

"No se pueden normalizar conductas criminales graves", dijo el fiscal Bragg en conferencia de prensa. "Todo el mundo es igual ante la ley".

El mensaje de Bragg, después de la lectura de cargos a Trump, debería dar paso a otras imputaciones en el bando de la izquierda, que hasta ahora permanecen impunes o flotan sin ningún aparente interés en el Departamento de Justicia.

Tal vez las investigaciones emprendidas por la Cámara de Representantes -bajo control ahora de los republicanos- a figuras demócratas, entre ellas el presidente Biden y su hijo, y directivos del Buró Federal de Investigaciones (FBI), encendieron la revancha política. El caso Trump puede que sea utilizado para dos propósitos fundamentales: mantener a raya al precandidato republicano y a su amplio movimiento de seguidores ante la amenaza de nuevos cargos por insurrección e incitación, o para frenar el impulso y la agresividad republicana de la Cámara Baja en las pesquisas actuales.

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