Los proyectos de reforma del Obamacarede la Cámara y el Senado han sido develados, pero su aprobación parece enfrentar algunos escollos. En el Senado, los republicanos enfrentan la oposición de al menos cinco de sus senadores quienes piensan que este segundo intento de reforma tal como ha sido presentada no es aceptable.

Uno de esos senadores, Ted Cruz, ha dicho que esperaba una mayor descentralización del sistema de salud, la disminución sustancial de los subsidios y no se ha bajado lo suficiente el costo de las pólizas. “Este tiene que ser el argumento central para los republicanos, acabar con el Obamacare y hacer que la salud sea más barata. No puedo apoyar esto tal como está escrito y no creo que tenga los votos necesarios para que el Senado la apruebe”, afirmó el senador cubanoamericano por Texas a la cadena CNN.

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Tan pronto se supo el contenido de los proyectos, Cruz y sus colegas Rand Paul (Kentucky), Ron Johnson (Wisconsin) y Mike Lee (Utah) distribuyeron el jueves un comunicado donde dejan sentado que se oponen a la reforma tal como está escrita porque, si bien “hay detalles en este borrador que representan una mejoría sobre nuestro sistema de salud actual, parece que este borrador no ha sido redactado para cumplir con la más importante promesa que hicimos a los estadounidenses, o sea, acabar con el Obamacare y bajar los costos de salud”. A pesar de ello, “estamos abiertos a negociaciones”.

El viernes por la tarde Dean Heller, senador por Nevada, anunció su intención de votar en contra de la reforma, aparentemente tras prestar oídos a los argumentos de la Asociación Americana de Personas Retiradas, que ha cabildeado fuertemente en su oficina y se opone a la reforma del Obamacare.

Pero es difícil de que haya margen para más negociaciones por una serie de factores. Los republicanos quieren acabar con el Obamacare antes del 1 de julio, cuando comienzan las vacaciones de verano, el presidente Donald J. Trump quiere que el proyecto sea aprobado lo más rápido posible porque “el Obamacare está destruido”, y todo esto pudiera ser alterado si el parecer de la Oficina de Presupuesto del Congreso concluye que aplicar esta reforma sería nefasto para el presupuesto federal, como muchos analistas consideran.

Además, es de esperar que la oposición demócrata sea intensa, visible y vocal, lo cual pudiera capitalizar aún más votos republicanos en contra porque los demócratas han decidido oponerse en bloque contra la legislación de salud.

Los demócratas tienen un argumento fuerte para bloquear la aprobación: todas las discusiones sobre el tema fueron hechas a puertas cerradas por un grupo del liderazgo republicano, incluso ni todos los legisladores federales republicanos conocían sus detalles. Otro detalle: la reforma pudiera no entrar en vigor de inmediato, como Trump pretender. Tal como sucedió con el Obamacare, que terminó siendo considerado constitucional por el Tribunal Supremo, no hay nada que impida que ahora los opositores de la reforma hagan lo mismo e inicien un proceso judicial que pudiera tardar meses e incluso años.

Aunque solo estos senadores han dicho frontalmente que se oponen y no piensan votar a favor del borrador, otros legisladores han mostrado algunas reticencias y no lo han apoyado explícitamente. De un modo general, el argumento es que necesitan más tiempo para leer la legislación y estudiar las 147 páginas que componen el documento.

Ese es el caso del senador republicano Roger Wicker (Mississippi), quien dijo a la cadena CNN que algunos aspectos de las reforma le recuerdan el Obamacare. “Muchos de nosotros queremos hacer más. Tenemos una dura realidad delante y solo nos están dando la mitad [de la solución]”.

“Va a ser muy difícil aprobar esta ley, hay muchos puntos de vista y la semana que nos queda no es suficiente. Es un problema muy serio”, comentó el presidente del Comité de Finanzas del Senado, Orrin Hatch.

Sin embargo, el arquitecto de la reforma en el Senado, el líder de la mayoría Mitch McConnell, piensa que hay tiempo para todo y la reforma es imprescindible para mejorar la salud pública estadounidense. El senador espera que la Oficina de Presupuesto del Congreso publique su parecer el lunes o martes y piensa llevar el borrador a votación el jueves o el viernes.

“Muchos estadounidenses serán perjudicados si no hacemos algo. Todos estuvimos de acuerdo en liberar a los estadounidenses de las obligaciones del Obamacare, para que los estadounidenses no se vean forzados a comprar un seguro de salud que no necesitan o no pueden pagar. Vamos acabar con la obligatoriedad del empleador [de proveer un seguro a sus empleados] para que no les corten a los estadounidenses horas de trabajo o parte del sueldo”, indicó McConnell al presentar el proyecto en el pleno del Senado.

A su vez en el Senado, hay quienes creen que el borrador puede ser aprobado pero pudiera sufrir una “derechización” más incisiva. “Pienso que esto probablemente va a sufrir un empujón por parte del sector de la derecha en la Cámara de Representantes. Creo que lo que tenemos es positivo, pero hay que recordar que este proyecto no es una cuestión de tomar y dar. Es el momento en que podemos mirar hacia este proyecto desde la perspectiva de nuestros estados”, ha dicho Lindsay Graham, senador republicano de Carolina del Sur.

La reforma de McConnell básicamente disminuye el monto y la edad para recibir los subsidios, recorta duramente el Medicaid, acaba con la obligatoriedad de tener un seguro de salud y con todos los aumentos de impuestos establecidos por el Obamacare para hacer el sistema viable, y lo sustituye con un nuevo sistema impositivo para poder pagar algunos de los subsidios.

Estos aspectos son comunes en las dos versiones del Senado y la Cámara de Representantes. Pero en la de la primera hay un par de aspectos más duros. Llamada “Better Care Reconciliation Act”, la propuesta senatorial reduce los fondos para el tratamiento de las personas de bajos recursos, lo cual ha llevado a especialistas a calificar el proyecto como elitista. “Los grandes beneficios van para los estadounidenses más ricos, quienes tienen los mejores seguros de salud, y lo peor le toca a los pobres que dependen del apoyo del Gobierno”, ha señalado en un comunicado la Asociación Estadounidense de Escuelas de Medicina.

Como señala The New York Times, el borrador del Senado mantiene muchas de las estructuras originales del Obamacare, pero rechaza sus objetivos centrales. Entre otras razones porque cambia totalmente la estructura del Medicaid y deja a los estados la discreción de participar en su subsidio o no, de ampliar o disminuir su disponibilidad, aunque el Gobierno federal todavía sigue entregando, temporalmente, parte de los fondos pero en dependencia del número de beneficiarios. O sea, si algún estado incrementa las condiciones para que los ciudadanos puedan acceder al Medicaid, puede disminuir el número de beneficiados. Según el Departamento de Salud, unos 74 millones de estadounidenses dependen el Medicaid y el 40% es menor de edad.

La versión del Senado también prevé que el Gobierno aumente anualmente el monto de los fondos. Pero el problema es que con la fórmula matemática diseñada para hacer el cálculo de los fondos a entregar, lo más probable es que ese incremento no acompañe el aumento de los precios de las medicinas en la misma proporción, apuntó la Asociación Estadounidense de Escuelas de Medicina.

FUENTE: Especial

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