viernes 20  de  febrero 2026
Primavera negra en Cuba

Una primavera diferente

La vida nos recompensa. 18 años después de aquella funesta primavera negra en Cuba, mi esposa termina su carrera de Family Nurse Practitioner en EEUU

"... Con el alborear de la primavera, la tierra alborea, la esperanza renace, los enfermos se alegran, los niños triscan, los ojos se encienden, se enjubila el alma".

José Marti

Por: Pablo Pacheco

Las primaveras me persiguen. Forman parte de mi vida. Es inevitable desde aquella funesta primavera del 2003. Marcó un antes y un después en mi familia.

Recuerdo cada instante de aquel 19 de marzo del 2003, imposible olvidar.

Jimmy, mi único hijo y yo, entonces con 5 años, dormíamos el mediodía. Una horas antes estuvimos recorriendo el barrio; allí donde crecí, donde siempre me he reencontrado con mis raíces, Ceballos, mi terruño, allí donde fui siempre feliz.

No tenía la más mínima idea que ese 19 de marzo del 2003, sería la última vez que mis pies dejarían sus huellas en esa tierra rojiza y fértil.

Aún recuerdo la mirada de mi esposa al despertarme esa tarde, una mirada desesperada, pero valiente. Esa escena la llevo en mi memoria para siempre.

Demasiados militares irrumpieron en mi hogar, nuestro destino se desvaneció en un mar de incertidumbres, pero nunca nos faltó la esperanza.

No voy a negar que la vida nos cambió, pero definitivamente nos hizo más fuertes esa primavera del 2003.

Después de más de siete años de cautiverio en la cárcel de máxima seguridad Canaletas, en las afueras de Ciego de Ávila, las circunstancias nos devolvió la esperanza a mi familia y a mí.

Fui condenado a veinte años tras las rejas solo por escribir lo que pensaba. Mis armas era una destartalada máquina de escribir, un radio VEF 206 de la etapa soviética, una libreta de notas y un puñado de bolígrafos baratos.

Mi delito: apoyar la democracia para mi patria. Tras negociaciones a tres bandas entre la iglesia católica de la Isla, el gobierno español y el régimen cubano, una parte importante de los 75 opositores pacíficos encarcelados por Fidel Castro fuimos desterrados a España.

Recuerdo en el aeropuerto José Martí de La Habana las promesas de los implicados en nuestro futuro destino. "Todos los documentos necesarios para que los profesionales puedan insertarse en la sociedad española se los enviaremos a través del ministerio de relaciones exteriores". Mintieron.

Nueve meses después, enviaron una nota asegurando que nosotros no éramos su responsabilidad. Se lavaron las manos como Poncio Pilatos y a nosotros nos tocó sobrevivir en las turbulentas aguas del exilio.

Un buen día decidimos ir a los EEUU. Fue la decisión más oportuna de nuestras vidas. Así lo creo.

Oleivys, mi esposa, doctora, comenzó un camino lleno de incertidumbres y vicisitudes. Siempre contó con nuestro apoyo. Jimmy y yo iríamos de su lado. Y no importaba lo alta o baja que se presentara la marea. Sólo queríamos mirar adelante. Nunca desistimos.

No quiero mirar atrás, ya no es necesario, hemos caminado del lado de Oleivys y lo hemos conseguido. Ella ha logrado hacer de una piedra una escalera y de una montaña un camino.

En la primavera del 2003 sufrimos y casi estuvimos desvanecidos, pero nunca nos detuvimos, tampoco nos amilanamos y continuamos. Hoy la vida nos recompensa. 18 años después de aquella funesta primavera negra, Oleivys García Echemendía termina su carrera de Family Nurse Practitioner.

No ha sido fácil superar la barrera del idioma y con casi 50 años trabajar y estudiar para poder lograrlo. Mi familia ha vivido en Estados Unidos, tierra de hombres y mujeres libre, una primavera diferente.

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