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MIAMI.- La herencia cultural hispana, con el idioma español como componente esencial, es motivo de celebración y el país lo festeja estos días, mientras nos acercamos a la fecha del 12 de octubre, cuando se habló por primera vez la lengua en tierras de América.

El mes de esta celebración, que transcurre del 15 de septiembre al 15 de octubre, fue establecido por el Gobierno estadounidense encabezado por el presidente Ronald Reagan, en 1988.

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Las fechas fueron seleccionadas por el Senado y aprobadas en una sesión plenaria y tienen por inicio el 15 de septiembre, cuando cinco países centroamericanos conmemoran el día de su independencia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua; seguido por México el 16 y Chile el 18.

El cierre de la celebración está dado por el 15 de octubre, tres días después de la fecha que recoge el Descubrimiento de América, en 1492.

Herencia

Pensadores e historiadores aseguran que la hispanidad es una expresión con múltiples significados, que agrupa a 27 naciones y a cerca de 500 millones hablantes que atesoran en sus raíces al idioma español por componente común.

De hecho, el concepto de la hispanidad trasciende los más de 500 años de historia de la lengua española en América y crece desmesuradamente con el contacto de otras culturas, otras razas, en el continente americano.

Los historiadores aseguran que la palabra hispanidad existe desde tiempos antiguos. Que tiene su nacimiento en el nombre Hispania que fue dado por los romanos a la península ibérica, que hoy es compartida por España y Portugal.

Un tratado de ortografía y acentos, que fue preparado en 1531 por el escritor, humanista, lexicógrafo y ortógrafo español Alejo Venegas, anunció la existencia del vocablo para denotar un estilo de la expresión lingüística.

Algo menos de tres siglos después, en 1803, el Diccionario de la Real Academia Española definió la palabra como sinónimo de hispanismo, y a esta como modo de hablar peculiar de la lengua española.

Hoy el gran consultor de la palabra define a hispanidad como el “carácter genérico de todos los pueblos de lengua y cultura hispánica”, así como el “conjunto y comunidad de los pueblos hispánicos”.

Florida

Cuentan los historiadores que el almirante español Juan Ponce de León navegó por las aguas de la costa este de la Florida, que incluso desembarcó en la pequeña isla que hoy llamamos Key Vizcaíno y la bautizó Cayo Vizcaíno, que ordenó construir un pequeño campamento en la boca del hoy río Miami, que llamaron entonces río Ratones, y que continuó su ruta rumbo al norte hasta tomar posesión de lo que pensaba era una isla, el 2 de abril de 1513, dándole por denominación La Florida, por la festividad de la Pascua Florida.

Según la leyenda, el motivo que llevó a Ponce de León a incursionar en esta parte de Norteamérica fue encontrar la Fuente de Juvencia (o fuente de la eterna juventud), que relatos indígenas suponían que se localizaba en un gran pozo de agua. No debió de ser el primer español que arribó a esta tierra, pues encontró al menos un nativo en 1513 que podía hablar castellano.

Cuatro décadas después, en 1559, la expedición de Tristán de Luna y Arellano fundó la Villa de Santa María, en la actual bahía de Pensacola, que fue destruida por un huracán.

No fue hasta 1565 que el también almirante español Pedro Menéndez de Avilés fundó San Agustín, 48 años antes de la constitución de Jamestown, el primer asentamiento inglés, en el actual estado de Virginia, en 1607. También mucho antes de la llegada del Mayflower y los peregrinos ingleses en 1620.

Sobre este apartado, la travesía, llegada y asentamiento de Ponce de León a la Florida, destaca la existencia de una cuidadosa publicación, titulada Juan Ponce De León, El Adelantado, Descubridor de la Florida, editada por la casa Círculo Científico, en España, que recoge importantes datos biográficos, la sociedad que tenía con el rey Fernando el Católico, la colonización de Puerto Rico, su vida la isla La Española y su viaje descubridor a la Florida.

El “melting pot”

A Miami, su amplia zona metropolitana, que cuenta hoy con tres millones de habitantes, en la que casi el 70% son hispanos, la significa su apelativo de Puerta de las Américas, con una impresionante diversidad cultural que denota cada una de las naciones que conforma a Iberoamérica, desde la Patagonia hasta el río Bravo, trayendo consigo la música, la gastronomía y las mejores costumbres posibles.

Desde el arribo de los primeros exiliados cubanos a principios de los años 1960, con la instauración de la dictadura castrista en la isla, hasta la continua afluencia de otras nacionalidades hispánicas, que encuentran el camino pavimentado hacia el progreso, el Gran Miami se ha convertido en el destino ideal para la mayoría de los latinoamericanos que quieren seguir hablando español cuando arriban a territorio estadounidense.

Por un lado, arriban quienes buscan un lugar más seguro para trabajar y criar a sus hijos, otros escapan de la inseguridad social y la falta de libertades.

“No fue fácil al principio. Me sentía fuera de lugar. Incluso sufrí por estar lejos de mi familia, de mi tierra. Creía que me volvía loca”, comentó María Ofelia, de origen cubano, que vino a Miami a finales de la década de 1990 con dos pequeños hijos.

Un par de años después, María Ofelia logró encaminar su provenir y ver cómo sus hijos avanzaban hacia un futuro mejor. “Comprendí que todo en la vida tiene su tiempo y me acostumbré, sin darme cuenta, a vivir en esta tierra como si fuera la mía”, reflexionó.

A diferencia de los inmigrantes necesitados, que cruzan la frontera en busca de la supervivencia, hay otros que tienen los medios económicos para realizar inversiones y afincarse en este país.

Entre ellos está Miguel Restrepo, un arquitecto colombiano, que luego establecer un nombre en su ciudad natal, Bogotá, optó por invertir sus ganancias en Miami para establecer una nueva firma.

"Miami es un lugar muy atractivo para los latinoamericanos. Pueden estar aquí, con toda su estabilidad sociopolítica y económica, y al mismo tiempo mantener su raíces culturales", argumentó Restrepo.

Espanglish

Ante todo esto, está la influencia inevitable de la cultura anglo y el idioma inglés. El llamado melting pot tiene por primer indicio el habla del pueblo, dentro de los cánones de la lengua española.

Hay quien menciona la existencia de un “español miamense”, que hasta hoy está dado mayormente por palabras y frases traducidas literalmente del inglés y no está apoyado por una estructura gramatical mínima que lo sostenga.

El profesor Oscar Menéndez, que imparte clases de español en Florida International University, señala que no hay un español miamense, sino un “vocabulario localista” que se emplea a diario.

Menéndez cree que la salud del idioma “depende de la importancia que le demos a la lengua y sus reglas mínimas”.

“Hay muchas maneras de estimular el buen uso del idioma, principalmente a través de la lectura y la escritura”, y señaló que los medios de comunicación, radio, televisión y prensa escrita, tienen la responsabilidad de promover el vocabulario.

No obstante, la radio, la televisión y en algunos casos la prensa escrita hace lo contrario: estimular el mal uso del idioma.

“Hay palabras y frases innecesarias, cuyas relaciones ya existen en la lengua española, como “aplicar por un empleo”, “alterar ropa”, “va a correr para alcalde” o simplemente “déjame saber”, que representan incoherencias y disparates que proceden de la traducción literal del inglés.

Luego reiteró que “además de informar, los comunicadores tienen la tarea implícita de ser instructores públicos del habla, la escritura y el conocimiento, y no deben estimular el mal uso del idioma”.

 

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