El béisbol, uno de los primeros deportes populares creados en Estados Unidos, se ha convertido en una gran industria que, a pesar de su carácter masivo, podría requerir de mayor dinamismo. Esto lo han dicho analistas, seguidores y recientemente algunos de los peloteros que protagonizarán los episodios más gloriosos de los años por venir.
No se puede negar que ha habido esfuerzos recientes para modernizarlo. Desde 1968, cuando se disminuyó la altura de la lomita tratando de beneficiar a los bateadores, no había habido mayores avances. En 1972 llegó la que había sido la modificación más revolucionaria, cuando se aprobó el uso de un bateador emergente designado exclusivamente para batear por el pitcher y que hoy se menciona solo como designado, para simplificar las cosas. Estos cambios solo habían sido introducidos para beneficiar la ofensiva.
Pero de resto, ha habido pocos cambios.
MLB ha hecho esfuerzos por convertir el espectáculo en uno más dinámico y los 30 equipos se han montado sobre esa ola. Salvo en el Wrigley Field de Chicago y el Fenway Park de Boston, los dos últimos santuarios de la pelota más tradicional, los parques se han convertido en lo más parecido a un bonito mall, donde gran parte de los fanáticos pueden pasar sus horas sin mirar al terreno, sobre todo entre cada inning, cuando las modernas pizarras y los sistemas de sonido de los parques captan la atención.
Pero el juego sigue siendo el mismo y ya hay quien lo acusa de ser aburrido. El béisbol debe ser el deporte donde se combina de mejor manera lo físico y lo intelectual. Tienes que estar fuerte y preparado para soportar 162 juegos del calendario regular, además de la pretemporada y la postemporada. Tienes que tener suficiente fortaleza para pasar más de cinco meses de viaje, subiendo a aviones, soportando críticas y abucheos, sin hablar de todo lo que se debe estudiar para conocer a los rivales, sus fortalezas y debilidades, y corregir los propios puntos débiles.
Hace días Bryce Harper puso el dedo en la llaga. Nunca antes un pelotero había llamado “aburrido” a su propio juego, mucho menos una súper estrella en ciernes. Se quejaba el chico sobre esos códigos tácitos que han imperado en el béisbol, según los cuales resulta casi un sacrilegio festejar demasiado un gran logro. Ha sido casi una tradición reservar las emociones, celebrar íntimamente, no imponerse más de lo normal sobre el rival superado. Otros deportes sí lo permiten, pues en el fútbol un gol es ruidosamente disfrutado, en el boxeo un nocáut es gozado mientras el adversario yace sobre la lona.
Major League Baseball está al tanto del descenso de su las audiencias en su deporte. Mientras busca expandir el juego en países donde el béisbol aún no es del todo recibido, en Estados Unidos los fanáticos están mirando otros espectáculos. Los televidentes miran cada vez menos y un indicio tal vez más dramático indica que los jóvenes atletas negros, que hace unos años eran los grandes protagonistas del juego, orientan sus intereses hacia el baloncesto y el fútbol americano.
El béisbol lo juegan hoy día, mayoritariamente, los blancos y los latinos han llenado espacios, como no, con una manera de jugar llena de picardía. Pero la afición sólo mira al terreno cuando un pelotero arroja su bate y enciende la controversia. Va a tocar borrar códigos anticuados si se quiere recuperar terreno, pues no basta con introducir recursos como la repetición instantánea si se quiere que el espectáculo esté al mismo nivel de lo que pasa en el terreno de juego.