Casi todos los miamenses se quejan del tráfico y tienen razón. Tras casi cuarenta años de prometedores proyectos y miles de millones de dólares empleados, Miami-Dade continúa sin vencer su gran asignatura pendiente: cómo mejorar la movilidad de la población, ante el creciente congestionamiento vehicular.
Según los estudios de respetadas firmas, .
De hecho, el intenso tráfico que se origina todos los días repercute negativamente en la salud y la economía. En otras palabras, incrementa el estrés y disminuye el rendimiento profesional, además de malgastar los combustibles y el tiempo, que se traducen en millonarias pérdidas para la economía de las familias, las empresas y los gobiernos.
Pero si esto no fuera suficiente, el interminable congestionamiento vehicular cuestiona la capacidad de planificación de los funcionarios, ante el crecimiento sistemático urbanístico y poblacional que comenzó hace más de 30 años.
Es un sinfín de administraciones, antes y ahora, que apelaron a la contribución pública y prometieron soluciones que no han sido materializadas.
Es cierto que las autoridades del estado han mejorado la infraestructura y la conectividad de algunas autopistas, así como el condado ligeramente aumentado el servicio de algunas de las 95 rutas de autobuses y los ayuntamientos instaurado el servicio gratuito de trolleys que se agradece, pero estos avances son apenas unas gotas de agua en esta inmensa ciudad de casi 3 millones de habitantes, que crece por día y está destinada a ser la gran urbe del siglo XXI.