MIAMI.- Un año después de la matanza en el instituto Marjory Stoneman Douglas, en la localidad de Parkland, al noroeste de Miami, el never again continúa resonando desde las voces de millones de floridanos: 14 jóvenes estudiantes y tres profesores fueron asesinados el 14 de febrero de 2018.

Qué se ha hecho desde entonces es la pregunta que muchos se hacen hoy. Sean las políticas, la fuerza de los intereses, los asuntos de la salud mental pero sobre todo el acceso desenfrenado a las armas y la participación ciudadana en campañas, hay asuntos que hemos logrado atender y otros que apenas hemos mencionado y continúan a medias, como asignaturas pendientes que no logramos superar.

“Hoy es un poco más difícil comprar un fusil de asalto o dejar pasar a alguien que tenga problemas mentales, sea violento o simplemente amenace en las redes sociales. Incluso las escuelas parecen estar un poco más seguras, pero quienes abogaron por mucho más no lograron que el Gobierno estatal superara las trabas y se enfrentara al monstruo de las armas”, señaló a DIARIO LAS AMÉRICAS James Williams, profesor de ciencias políticas de Florida State University, en Tallahassee.

De hecho, las escuelas están un poco más seguras hoy tras la aprobación de millones de dólares adicionales para cuidarlas, pero vigilar el acceso a los colegios, incluso colocar detectores de metales o inundar los centros de educación con vigilantes o maestros armados no parecen ser las soluciones definitivas.

“No se trata de cuestionar el derecho a las armas que otorga la Constitución. Eso es otro asunto”, argumentó el profesor. “Es cuestión de entender que la Enmienda 2 no da derecho a portar cualquier arma y que es hora de controlar eso”, subrayó.

“Tras las matanzas en Orlando (junio 2016) y el aeropuerto de Fort Lauderdale (enero 2017), dijimos muchas veces que otra masacre podría ocurrir aquí en Florida y prácticamente nos quedamos de brazos cruzados. Esta vez, cuando vimos el dolor entre nuestros hijos, nos lanzamos a arreglar las cosas. Ojalá no tengamos que pasar por una experiencia aún peor para hacer más”, apuntó el académico.

Never again

La fuerza mayor que ha motivado los pocos cambios logrados está precisamente en el impulso de la organización juvenil Never Again MSD (Nunca Más otra Marjory Stoneman Douglas), que surgió precisamente del interés de un grupo de estudiantes sobrevivientes del tiroteo y creció con la suma de millones de simpatizantes que abogan por medidas más estrictas para prevenir la violencia con armas de fuego.

“Fueron ellos los que lograron atraer la atención de la opinión pública a este grave problema de violencia”, recordó Williams. Fueron ellos los que llevaron una marcha a Washington y estimularon la inscripción de votantes”, sobre todo jóvenes, hasta alcanzar una cifra récord de 800.000 el Día Nacional de Inscripciones el pasado 25 de septiembre.

Y así, sucesivamente, a través de manifestaciones, conferencias y conversaciones con representantes y senadores demócratas y republicanos y el entonces gobernador Rick Scott, así como el esfuerzo y la conciencia de muchos de ellos, “el Congreso estatal adoptó medidas mínimas”.

Nuevas restricciones

Unos días después de la masacre en Parkland comenzaba la legislatura estatal 2018 y ambos partidos se plantearon tomar medidas preventivas. Unos apelaron por mayores controles y otros por los menos posibles.

El primer gran triunfo fue prohibir el uso de los temidos bump stocks, o aceleradores de disparos, que multiplica la cantidad de balas que un fusil es capaz de disparar.

Más tarde, el presidente Donald Trump anunció la prohibición nacional de los aceleradores, precisamente motivado por la necesidad de tener que hacerlo.

Por otra parte, el Congreso estatal aumentó a 21 años la edad requerida para comprar un rifle semiautomático AR-15, el modelo que el asesino de Parkland compró en una armería cuando tenía 19 años y más tarde empleó para acabar con la vida de estudiantes y profesores.

“Fue esa medida la que enfrentó al Gobierno de Scott y la National Rifle Association. Al final, el Congreso estatal adoptó la ley y el gobernador la validó. No había otra salida”, trajo a la memoria el profesor.

También se logró dar autoridad a la Policía para retirar el arma de fuego en posesión de alguien que manifieste una conducta violenta, lo que antes requería la comprobación ante un juez que la persona sufriera una enfermedad mental.

Próximamente se discutirá en el Congreso estatal ampliar esa restricción, para permitir a la familia del individuo que posea el arma solicitar el retiro de la misma ante un juez.

“Una de las asignaturas pendientes es la prohibición de la venta de los fusiles de asalto”, recordó el profesor Williams. Es el arma de infantería que utiliza la mayoría de los ejércitos modernos, entre los que destacan el M24 estadounidense, el AK-47 soviético y el L85A2 británico, que son capaces de disparar entre 400 y 600 balas por minuto.

“No sé en qué parará todo esto, ni cuál será el efecto final del movimiento estudiantil Never Again, pero sí sé que los jóvenes mantienen viva su batalla y que ahora luchan por obtener las firmas necesarias para llevar la prohibición de fusiles de asalto a las urnas en noviembre 2020”, resumió.

 

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