MIAMI.- El condado Miami-Dade, el más afectado en Florida por los contagios y muertes del SARS-CoV-2, la mutación del coronavirus que provoca la enfermedad COVID-19, estuvo bajo confinamiento durante varias semanas entre finales de marzo y mediados de mayo cuando las autoridades estatales y federales siguieron las recomendaciones de los Centros de Control de Enfermedades (CDC).

En ese momento, se paralizó la economía del estado y del país en general. Entre abril y mayo, expertos en epidemiología guiaron a los gobiernos sobre las distintas etapas de propagación y las medidas necesarias. Millones de floridanos se encerraron en sus hogares para evitar una propagación masiva acelerada que hiciera colapsar hospitales y otros centros de salud. El Aeropuerto de Miami nunca cerró y los vuelos –en menor medida– continuaron.

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Casi todos pensaron que el confinamiento, sin precedentes en EEUU, pondría un 'stop' definitivo a la pandemia y luego la reapertura gradual alejaría poco a poco el virus hasta ser eliminado. Sin embargo, después de cumplir esas regulaciones, el sur de la Florida ahora se encuentra en una situación supuestamente peor a la anterior, por lo que el cuestionamiento de la efectividad del encierro masivo y otras normativas es el tema central para millones en el Estado del Sol.

El cuestionamiento de las las cifras oficiales

El Departamento de Salud de Florida confirmó el miércoles 15 de julio, tras una investigación de Fox 35 News en Orlando, que algunos laboratorios privados no reportaban resultados negativos de pruebas de COVID-19 como lo requiere el estado, lo que llevó a tasas de positividad del 100% en esos laboratorios.

La portavoz del Departamento de Salud de Florida, Olga Connor, dijo a la cadena Local 10 News en un correo electrónico que “los laboratorios públicos y privados están obligados a reportar todos los resultados de las pruebas COVID-19 al estado, independientemente de si las pruebas son positivas o negativas”.

El Gobierno federal destinó 172.100 millones al sistema de salud como parte del paquete de estímulo económico aprobado por ambas Cámaras legislativas para contrarrestar los efectos de la pandemia. En la anterior cifra se incluyeron más de 25,000 millones para pruebas del COVID-19.

En estos momentos, hay un aumento innegable de contagios y hospitalizaciones en Florida, pero muchos se cuestionan las alarmantes cifras oficiales, mayores incluso que las reportadas por el estado y la ciudad de Nueva York [epicentro de la pandemia] durante el nivel máximo de contagios y muertes.

DIARIO LAS AMÉRICAS conoció del testimonio de personas que se inscribieron para realizarse la prueba del COVID-19 en Miami-Dade, se marcharon antes de hacerse el examen por determinadas razones –como la demora en la fila– y luego fueron notificados como positivos de la enfermedad. También se supo -mediante rumores- que personas de la tercera edad estaban recibiendo 300 dólares para que fueran a realizarse el examen y agregarlos a las listas de casos positivos.

Florida y su historial de fraude

El sur de Florida cuenta con un conocido y repudiable historial de fraudes por varias décadas a los gobiernos estatal y federal en seguros de salud, de propiedades y de vehículos. Por ese antecedente, la inexactitud que puede haber en cifras reportadas ha despertado la preocupación de los residentes y han alarmado a las autoridades locales y al gobernador Ron DeSantis.

Florida superó los 300.000 casos de COVID-19 desde que comenzó la pandemia, más de 4.500 personas han fallecido mientras que en el condado Miami-Dade (el de mayor impacto de la pandemia en el estado) se registran más de 72.000 contagiados.

En el período abril-mayo, cuando las autoridades sanitarias del país seguían de cerca la pandemia y sus consecuencias nefastas, más de 1,5 millones de floridanos perdían sus empleos. Ningún hospital ni centro asistencial de salud colapsó, lo que sí colapsó fue el sitio web estatal que brinda los beneficios por desempleo.

Durante uno y hasta dos meses, cientos de miles de floridanos cesanteados permanecieron sin ingresos por la ineficacia del sistema de solicitudes por internet, al punto de que se tuvieron que distribuir formularios en diferentes lugares habilitados como forma de ayuda.

Debido a las aglomeraciones, las autoridades suspendieron a los pocos días esa opción. Después, observamos con tristeza filas interminables desde el amanecer para recibir alimentos y personas desesperadas sin la capacidad de pagar sus cuentas básicas, entre ellas, la renta o hipoteca de sus viviendas. Llegó el cheque de 1.200 dólares de ayuda federal para cada contribuyente, más los 500 dólares por cada hijo menor de 17 años, un alivio en medio de la crisis. Pero, tampoco todos lo recibieron debido a determinados motivos; en fin, hemos vivido tres meses devastadores y de una incertidumbre incomparable.

Cuando los floridanos comenzábamos a ver un rayito de esperanza con la reapertura, iniciaron las protestas por la muerte de George Floyd, que se extendieron por varios estados del país durante varias semanas, impulsadas por la organización autodeclarada marxista Black Lives Matter. Los destrozos y los cierres de calles y avenidas empeoraron la crisis económica.

En ese momento, las autoridades sanitarias y la mayoría de los medios de comunicación restaron importancia al COVID-19, incluso, muchos llegaron a pensar que habíamos superado la pandemia. Pero a medida que la tensión por las manifestaciones y el vandalismo fue cediendo, se retomó el tema del coronavirus, sus peligros y alarmas a través de titulares y reportajes en la prensa. Las cifras, según los informes oficiales, comenzaron a ascender de forma significativa e imparable hasta hoy, cuando Florida ha sido declarada como el nuevo epicentro de la pandemia.

El resumen a groso modo rememora el sufrimiento de los últimos tres meses, avocados ahora -otra vez- ante la amenaza de un cierre general en Miami-Dade, que podría anunciar en breve el alcalde Carlos Giménez… Y sería desastroso.

La ausencia de más de 100 millones de turistas en Florida ha causado una severa recesión y un daño financiero y emocional incomparable para gran parte de los más de 21 millones de sus habitantes.

Las polémicas decisiones

Las autoridades locales han estado zigzagueando entre decisiones y toreando la situación con la única guía de los reportes diarios de los CDC, sobre los que ahora pesan cuestionamientos.

El cierre nuevamente de los restaurantes en Miami-Dade; sólo permitirles repartos a domicilio y mesas en el exterior de los locales (cuyo promedio no supera las dos o tres mesas) tiene en asfixia total a estos negocios y a la economía condal, que depende de los impuestos que colecta de las empresas privadas y del turismo, su principal fuente de ingresos.

Si la economía es relevante, mucho más lo es la crítica situación financiera en que se encuentran miles de familias en este condado, tras las nuevas normas implementadas por Giménez, quien ya ha anunciado un recrudecimiento de sus imposiciones, si las cifras no bajan.

El Aeropuerto de Miami sigue abierto y continúa el trasiego de viajeros de otros estados con altas cifras de contagios al igual que desde otros países. Nadie se refiere a eso. En situaciones de crisis, como ésta, el liderazgo responsable debe imponerse, no mediante “curitas” para aparentar acciones positivas cuando en realidad la solución definitiva sigue sin asomarse.

El incumplimiento de algunas personas y algunos dueños de negocios en Miami-Dade no debe subyugar a la mayoría que sí cumple y ahogarla aún más en el vórtice de una recesión peor que la del 2008. La responsabilidad por hacer cumplir la ley tampoco implica el sometimiento generalizado de la población ni puede estar movida por desavenencias de intereses políticos entre funcionarios electos.

lmorales@diariolasamericas.com

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