Un periodista ha de ser primero una persona de mundo.

Ello se asevera ante la figura de Daniel Torres López, quien falleciera en la madrugada del pasado domingo 12 de noviembre, después de enfrentar con entereza un cáncer abdominal, hasta ya no tener remedio.

Dueño de un timbre especial de voz y dicción impecable, Daniel conocía al dedillo el oficio de comunicar.

De tal modo, lo mismo compendiaba al detalle cualquier acontecer noticioso, que solía contar de sus peripecias como dibujante arquitectónico, estudiante de Historia del Arte o narrador deportivo.

De hecho, estaba dotado de vastos conocimientos prácticos y una filosofía de vida para ser el periodista que, como dijo José Martí, “ha de saber, desde la nube, hasta el microbio”.

Sus dones profesionales se fueron ajustando al compás de cada segundo en Radio Reloj a principios de los años 70. En la década de los 80, Daniel estaba entre los realizadores que le dieron un vuelco a la radio informativa en Cuba, para mejor.

El noticiario vespertino Exclusivo, bajo su conducción general, ganó record de audiencia en todo el país por las temáticas que se abordaban y la manera de acometerse, frisando por veces la permisibilidad de la política oficial.

Su carisma le abría puertas y agenciaba amigos. Pero a la vez era hombre de criterios y llegaba a defenderlos hasta con la sagacidad de un iconoclasta. Por eso, fueron cada vez más escasas las oportunidades para recibir merecidamente el elogio oportuno, lo cual desanimó su mérito y lo llevó a emprender otros rumbos.

A mediados de los 90, marchó a Ecuador con su esposa Ana y una pequeña hija. Allá, entre penurias confesadas, laboró como jefe de redacción del periódico El Telégrafo, uno de los rotativos de más larga data en la ciudad de Guayaquil.

Ya en Estados Unidos, y luego de empezar en humildes labores para ganarse el pan, laboró en Radio Única. También llegó a ocupar el puesto de Director de Noticias de WQBA-1140 AM. Y desde el 2008, hasta muy reciente, mantuvo su espacio de noticias e información comercial En Contacto, a través de Mega TV.

Daniel Torres fue referente para otros colegas y estudiantes de periodismo en Cuba. Su modo de informar sirvió hasta para que un admirador en la distancia redactara su tesis de graduación en la Universidad de La Habana, y hoy confiese que los trucos “robados” al maestro continúan sirviéndole para seguir comunicando eficientemente.

En lo que a mí respecta, Daniel fue sencillamente un amigo de “talla extra”.

La amistad comenzó hace casi 30 años, cuando presentamos a nuestras respectivas novias, quienes en seguida fueron esposas y después madres.

Él me brindó la oportunidad de entrar a la gran radio en serio.

Me cedió su techo en medio de la gran crisis cubana.

Veló porque yo tuviera trabajo cuando el desempleo cundía en Miami.

Y me regañaba contundentemente.

Era como un hermano mayor, quien me advertía de los mil y un errores, con su gracia nata y eterna.

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