MIAMI.- Las instituciones penitenciarias y centros de detención de inmigrantes en Florida no han estado exentos al fuerte impacto del COVID-19. Hasta el lunes 1ero. de junio, la cifra de afectados por el virus en esos establecimientos superaba los 1.550, según estadísticas reportadas por el Departamento de Correccionales de la Florida (FDC) y el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE). Al mismo tiempo que las quejas de la población carcelaria presentan una realidad que desata preocupación.

El Departamento de Correccionales de Florida (FDC) tomó la decisión de suspender las visitas a esas instalaciones desde el 5 de abril, como medida para evitar la propagación del coronavirus, así se informa en el sitio oficial de la institución. De igual forma, esa agencia reportó que estaba “preparada” para manejar “cualquier caso potencial de COVID-19” dentro de las instituciones a su cargo.

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Por su parte, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos, que bajo la jurisdicción de su oficina en Miami cuenta con tres centros administrados por firmas privadas, también anticipó una serie de acciones para proteger a las personas que permanecen en custodia mientras se definen sus casos migratorios.

DIARIO LAS AMÉRICAS logró entrevistar a un recluso de origen cubano recluido en Glades Detention Center, en el centro del Estado del Sol, quien ya cumplió una condena de 34 años por los delitos de homicidio, tráfico de drogas y robo, según el Departamento de Correccionales de la Florida, y en estos momentos afronta un proceso de deportación por falta de documentos que avalen su estatus en este país. Por ese motivo, el hombre pasó de una institución penitenciaria a un centro de detención de ICE.

Roberto Martínez León, de 53 años, dijo que “hablaba en nombre de sus compañeros”. Este “marielito”, como se conoce a personas que salieron de Cuba a través del puerto de Mariel, en 1980, asegura haber “recorrido tres prisiones en menos de cuatro meses”, el mismo tiempo en que el coronavirus ha golpeado con más fuerza a los Estados Unidos.

Aseguran malos tratos y negligencia

Según el testimonio emitido en exclusiva para nuestro medio, en Everglades Correctional Institution, un penal situado el suroeste de Miami-Dade con capacidad para 1.788 reclusos y en donde Martínez León terminó de pagar su condena, “no se practica la distancia social, ni se tienen en cuenta los lineamientos de los CDC [Centros para el Control de Enfermedades]”.

DIARIO LAS AMÉRICAS trató de comunicarse con una funcionaria de la enfermería de esa penitenciaría, de apellido Prieto, quien respondió a la llamada, pero de inmediato la transfirió a otra empleada, que dijo no estar “autorizada” para informar al respecto.

Sin embargo, la queja de Martínez León fue refrendada de alguna manera por la esposa de un interno de esa prisión. Se trata de Mercedes Débora, compañera sentimental de José Guilarte (Número de preso 0999389), a quien en días recientes se le hizo la prueba de coronavirus y resultó positivo, según sus declaraciones.

“Allí hay muchos infectados”, aseveró Débora. “Por un correo electrónico me dicen que acaban de cerrar otro dormitorio, el C, porque está infectado”, señaló.

Asimismo, Martínez León menciona en su relato que luego de salir de Everglades Correctional Institution, en donde, según dice, le diagnosticaron una “bronquitis crónica”, fue trasladado a Krome Detention Center el 14 de abril pasado.

“Al llegar a Krome fue la misma situación. Allí había 238 presos infectados en ese momento. Había mucha gente revuelta, no nos prestaban atención”, declaró.

En este mismo sentido, el pasado 25 de abril los detenidos Brian Aguilar, Rubén Flores, Kevin Pérez y Alex López se comunicaron con DIARIO LAS AMÉRICAS para manifestar que en ese momento en la institución de Krome había “mucha gente enferma”, “nos tienen a todos juntos” y, entre otros aspectos, “no nos prestan atención”.

Sin embargo, ICE, a través de su vocero en el sur de la Florida, Néstor Yglesias, expuso lo contrario y aseguró que las personas afectadas por el virus o bajo sospecha de haber contraído esa enfermedad “han sido agrupados o se autoaíslan y se les monitorea para detectar síntomas, siguiendo las pautas de los Centros de Control de Enfermedad (CDC)”.

Más preocupaciones

Entretanto, Martínez León, que se encuentra ahora en Glades Detention Center, afirma que ha comenzado a experimentar síntomas asociados al COVID-19. Su esposa, Erika Carrillo, una estadounidense de madre nicaragüense y padre cubano, sostuvo que el detenido ha llegado a tener fiebre de casi 100 °F, o 37.7 °C.

Califica la situación de su esposo de “trato inhumano” y asegura que “no les dan el tratamiento adecuado. Todos comen juntos, les dan seis tabletas [electrónicas] para unas 30 personas y todos las tocan para hablar con sus familiares porque tienen que compartirlas. No hay distanciamiento social”, aseguró Carillo.

De acuerdo con el testimonio de Martínez León, la situación en esa instalación carcelaria “empezó a empeorar después de Memorial Day [lunes 25 de mayo]”.

Desde ese día, según el cubano, “varios internos comenzaron a caer con tos y dolores en el cuerpo”, y en su caso particular –aseveró– “me sentí con fuertes dolores, no me podía levantar de la cama y fui a la enfermería”. Todavía no le han realizado la prueba de CODVID-19, pero su esposa cree que “por los síntomas, lo más probable es que esté contagiado”.

Martínez León indicó que se encuentra en un edificio en donde, supuestamente, “hay alrededor de 60 personas y unos 40 estamos afectados”. Otro detenido, cuya cama asegura está al lado de la suya, dijo, “tiene fiebre de 101.3 °F”, o 38.3C.

Coronavirus en ‘Everglades’

Por otra parte, la esposa del reo José Guilarte, que se encuentra en Everglades Correctional Institution, aseveró que el recluso “siente un fuerte dolor en [la zona donde se localiza] un pulmón” y también ha tenido “fiebre alta”.

A raíz de que las visitas fueran suspendidas en las prisiones, medida que el estado de Florida extendió hasta el 7 de junio por los efectos de la pandemia, Débora asegura que ha intentado obtener información acerca de la situación de su esposo, por vía telefónica con el médico o enfermeras del lugar.

“No me quieren decir nada, solo me dicen que es ilegal hacerlo por teléfono [obtener información de salud], pero tampoco puedo ir la cárcel (a visitarlo)”, manifestó.

Guilarte, quien está a punto de culminar una condena de 36 años por un caso de homicidio, habría solicitado ser remitido a un hospital para recibir tratamiento médico por su condición de salud, de acuerdo con el testimonio de su esposa.

Agregó que, según información de su esposo, “una enfermera va a verlo a él y otros enfermos dos veces al día”, pero que “desde hace una semana no le dan comida caliente, solo sándwiches de mantequilla de maní y jamón”.

Respuesta del FDC

Sobre las quejas de Martínez León y Guilarte, la Oficina de Comunicaciones del FDC, en atención a un correo electrónico enviado por DIARIO LAS AMÉRICAS, respondió que esa agencia “está estrechamente alineada con la guía de los CDC sobre el manejo de COVID-19” en instalaciones correccionales y de detención.

Sobre ese aspecto agregó que después de que los CDC actualizaron las pautas relacionadas con los revestimientos faciales (mascarillas), el FDC distribuyó estos elementos de protección “a todos los oficiales correccionales y presos en instituciones correccionales en todo el estado”.

Asimismo, dijo que ha estado “monitoreando y evaluando activamente las instituciones para garantizar que los reclusos y el personal tengan un suministro adecuado de Equipo de Protección Personal (PPE) para abordar de inmediato cualquier posible exposición de COVID-19”.

En su respuesta a nuestro medio, el FDC también indicó que se ha brindado educación y orientación al personal carcelario sobre las “políticas y los procedimientos de control de infecciones” para evitar la propagación de COVID-19 en las instituciones correccionales.

En cuanto a las pautas educativas que el FDC asegura estar dando a los reos en relación con el coronavirus destaca pedirles “lavarse las manos con frecuencia”, “evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca” y “cubrirse al toser o estornudar con el codo”, entre otras recomendaciones.

Finalmente dice que si un interno comienza a experimentar síntomas indicativos de COVID-19, se lo colocará en aislamiento médico. “Todos los reclusos en aislamiento médico son examinados para detectar COVID-19 y son monitoreados por el personal de servicios de salud”, afirma.

dcastrope@diariolasamericas.com
@danielcastrope

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