domingo 22  de  enero 2023
entrevista

"El mundo está en medio de varias guerras"

El expresidente ecuatoriano Jamil Mahuad, participante en el VII Diálogo Presidencial de IDEA este martes 25, advierte de conflictos geopolíticos, migración y energéticos que vive el mundo

Por DANIEL CASTROPÉ

MIAMI.- El expresidente ecuatoriano Jamil Mahuad llamó a poner más los ojos sobre China como protagonista de un cambio en diferentes órdenes que le abre posibilidades de convertirse en una gran potencia como Estados Unidos.

Mahuad, uno de los expositores anunciados para el VII Diálogo Presidencial del Grupo IDEA, que sesiona este marte 25 de octubre en el Miami Dade College, hizo énfasis en la necesidad de prepararse en Latinoamérica para asumir esa nueva realidad.

“No se trata de diseñar un plan y ejecutarlo, porque en la medida en que todos nos vamos acomodando y adaptando, hay que ir aprendiendo sobre la marcha”, explicó.

P- ¿Qué lectura le da usted a los acontecimientos derivados de la invasión rusa a Ucrania y su impacto en América Latina y el mundo?

R= Estamos en la mitad de algunas guerras. Hubo una guerra de salud por el COVID-19. Hay una guerra geopolítica en el caso de Ucrania. Otra guerra, entre comillas, tiene que ver con temas de migración. Estamos en medio de una guerra energética, precisamente derivada del conflicto de Ucrania, y hay una guerra importantísima que la estamos librando a futuro, que es la competencia para dirimir quién gana en el nuevo campo de la inteligencia artificial y todas esas guerras, de maneras diferentes y con intensidad distintas, influyen en América Latina, sin duda. Entonces, ¿qué es lo que ocurre? Que vemos que en el mundo en este momento se están conformando nuevos bloques con diferentes actores. Se están produciendo nuevas alianzas. Se están usando nuevas estrategias. Se están planteando nuevos objetivos a corto, mediano y largo plazo. Es un escenario muy cambiante. Y sobre eso tenemos que pensar como región. Tenemos que imaginarnos una línea de acción orientada hacia el mundo futuro que nos va a quedar para dentro de muy pocas décadas, especialmente tratando de defender dos cosas que para nosotros son esenciales: el crecimiento económico y la justicia social, pero siempre en un ámbito de libertad expresada de manera muy concreta en la defensa de los derechos humanos. Y la segunda, con sistemas de gobiernos democráticos, en donde la mayoría de la población pueda expresarse de manera clara y abierta y pueda escoger su propio futuro presidente.

P- Con esa visión tan heterogénea que se observa a nivel político en la región, ¿cómo sacar adelante esa línea de acción que usted propone?

R= Lo primero es conocer el mundo en el que nos estamos moviendo, que va a ser un mundo tan distinto al que hemos estado acostumbrados. La aparición de China como un factor importantísimo en el mundo ya va por varias décadas. Esto no es nuevo. ¿Qué tanto nos estamos preparando para esa realidad? Cuando apareció Estados Unidos como una potencia mundial después de la Segunda Guerra Mundial, la región se preparó para eso, porque al fin y al cabo era una potencia que quedaba muy cerca de nosotros. Nos preocupamos por aprender el idioma inglés, de establecer y conocer las formas de procedimiento del Gobierno norteamericano, cómo incorporarnos a mercados que estaban marcados por esta capacidad de compra nueva de los Estados Unidos. ¿Estamos haciendo lo mismo ahora con relación a China? ¿Estamos realmente dedicados a profundizar y comprender lo que está pasando? Creo que algunas personas lo han hecho, pero deberíamos hacerlo mucho más. Si no conocemos la realidad con el nivel adecuado, difícilmente podremos plantear buenas estrategias. Las economías latinoamericanas están muy vinculadas desde hace rato con la economía china y en el caso de mi país, el Ecuador, por ejemplo, el producto de mayor exportación es el camarón y el gran mercado de exportación es el mercado chino. China en el curso del año 2022 es el mayor socio comercial que tiene el Ecuador en exportación y ha superado a los Estados Unidos. Alguien podría preguntarse si ésta es una circunstancia o es una tendencia, y de acuerdo con las cifras de los últimos años, es una tendencia. Creo que tenemos que adoptar una actitud humilde de respeto, curiosidad, aprendizaje y con esto pensar que somos una región. Muchos de nuestros países, al estar en la costa del Pacífico, están directamente vinculados con el área de Asia-Pacífico.

P- En ese contexto que usted plantea, ¿qué tan peligroso o qué tan beneficioso puede ser que China se perciba como una potencia dentro de los temas regionales?

R= Si las tendencias que tenemos ahora se afirman y no cambian, dentro de pocos años estaríamos por primera vez en más de dos siglos reconociendo que la primera potencia económica del mundo es una potencia no democrática en los términos en que nosotros la definimos. Es una potencia no occidental y es una potencia con líneas y formas de pensamiento y de acción distintas. Eso plantea un juego completamente diferente. Todo dependerá de la capacidad que tengamos en América Latina para navegar en estas aguas diferentes y deberíamos prepararnos para eso.

P= Por razones de localización, a América Latina se le ve como el traspatio de Estados Unidos. ¿Cómo manejar esas relaciones con China, perfilándose como potencia teniendo tan cerca a EEUU?

R= En nuestros países del continente siempre hemos considerado a Estados Unidos como parte de la región. Esta capacidad de adaptarse no solamente es para América y Estados Unidos, la propia Unión Europea tiene que plantearse el mismo problema de cómo navegar en aguas distintas. Va a darse un esfuerzo de acomodamiento mundial. No se trata de diseñar un plan y ejecutarlo, porque en la medida en que todos nos vamos acomodando y adaptando, hay que ir aprendiendo sobre la marcha.

P= China es un país que se rige por los lineamientos del comunismo. Acercarse a ese país podría darle fuerza a las dictaduras que tenemos en el continente. ¿Cómo analiza ese aspecto?

Soy partidario de un sistema democrático. Un sistema democrático necesita tres legitimidades. Primero, una legitimidad de origen, es decir, son gobiernos que deben ser elegidos en elecciones limpias. Segundo, necesitamos una legitimidad en el ejercicio del gobierno, es decir, el respeto al derecho, el respeto a las normas de la Constitución y de las leyes. En tercer lugar, necesitamos una legitimidad de resultados. En la medida en que nosotros podamos crear eso, la democracia va a estar viva y se puede defender en América Latina. Si nos empiezan a fallar estos esquemas y se violan todas las reglas de una elección limpia, como pasa en Nicaragua o Venezuela, por ejemplo, estamos violando normas democráticas. En el ejercicio tenemos gobiernos autoritarios que se pasan por encima las disposiciones legales para perseguir a opositores en contra de su voluntad. Necesitamos actuar para que esos casos no se repitan y en lo posible se reviertan.

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