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MIAMI.- El escenario es una piscina en un condominio en el que viven personas de clase media. Cinco adolescentes juegan, hacen bromas y por un mal lanzamiento la pelota que pasan de un extremo a otro se sale del rectángulo de la piscina. Un muchacho pide a otro que vaya a buscarla para continuar el juego. El destinatario de la solicitud queda en un limbo sin saber qué hacer. De repente, lanza una expresión que seguramente pudo oírse muy lejos: “Chamo, yo no sé hablar inglés”.

Rafael está recién llegado de Venezuela. Su madre lo trajo hace menos de dos meses y primero vivieron en casa de una pariente en Doral, ciudad floridana que concentra la mayor comunidad de venezolanos en los Estados Unidos. Ahora comparten un apartamento con otra familia también procedente de Venezuela, en Kendall, en el suroeste del condado Miami-Dade, y ya el muchacho de 14 años asiste a una escuela cercana, pero todavía está limitado para hablar en la lengua de Shakespeare.

Como este adolescente, que de manera frecuente dice expresiones tales como “chamo” o “cónchale”, que son desconocidas por sus nuevos amigos en el multicultural condado Miami-Dade, muchos otros están llegando dentro del creciente éxodo venezolano que intenta abrirse espacio en un país hospitalario, en donde, sin embargo, para algunas personas no es fácil incorporarse a una sociedad de costumbres diferentes.

Un condado, dos lenguas

Considerada una “extensión de América Latina”, el Gran Miami tiene la población más grande de latinos, especialmente cubanos, y recibe un alto número de inmigrantes o solicitantes de asilo de otras nacionalidades. En los años 90 y 2000 la mayoría eran colombianos. Del 2010 en adelante, los venezolanos van a la delantera.

Según cálculos del censo del 2010, dos de cada tres personas residentes del condado Miami-Dade hablan español cuando están en casa, pero revisando cifras de la nación encontramos que el 95% de la población habla o se hace entender en la lengua que trajo en 1607 un grupo de colonizadores ingleses al territorio que hoy conforma EEUU.

El Condado Miami-Dade, por ese entonces solo llamado Dade, declaró hace casi 45 años su condición bilingüe después de acoger a centenares de exiliados cubanos que huían del régimen de Fidel Castro. Más tarde, la legislatura condal echó atrás esa decisión, en 1980, y luego la restauró en 1993, cinco años después de que el estado de la Florida, en 1988, aprobara el inglés como idioma oficial.

Según datos del censo de 2000, la lengua que más se habla en el condado es el español, con el 59.2%, seguido del inglés, que lo usa el 32,1% de la población. En menor escala, un 5% habla criollo francés (creole) y francés, y el resto de las lenguas utilizadas no alcanza el 1%.

La municipalidad de Doral, adscrita a la jurisdicción de Miami-Dade, reconoció el español mediante resolución 13-048 de 18 de marzo de 2013 como “la segunda lengua oficial más usada y hablada en la ciudad”, donde residen unas 60.000 personas, en su gran mayoría de origen latino, pero mayormente venezolanos.

“El inglés es imperante”

Precisamente en Doral, el empresario venezolano Luigi Boria, al ganar por elección un escaño en el concejo local en el año 2009, generó críticas soterradas y públicas por las dificultades que mostraba para comunicarse en inglés. “Después eso también lo usaron como un argumento político para atacarme cuando aspiré y finalmente gané para ser alcalde de Doral”, recuerda.

Hoy Boria dice que está retirado de la política, habla un “buen inglés” y dedica la mayor parte de su tiempo a los estudios, con el propósito de cursar leyes en alguna de las universidades situadas en el condado, o incluso en Harvard, y aconseja a las personas que recién están arribando a los EEUU “no esperar mucho tiempo para aprender el nuevo idioma; esto les servirá para adaptarse rápido al sistema”.

También en Doral, y Weston, localidad del condado de Broward en donde existe una significativa concentración de venezolanos, tiene su radio de acción la Asociación de Madres y Mujeres Venezolanas en el Exterior (AMAVEX), que preside Helene Villalonga, una activista que tiene 11 años detrás de un proyecto federal, que daría a los venezolanos que llegaron a este país antes del 1ero de enero de 2013, el privilegio de obtener la residencia permanente.

Villalonga no titubea al afirmar que “el inglés es imperante” no solo para sus coterráneos, sino para todos los latinos y personas de otras partes del mundo que vienen a los Estados Unidos, porque “quien no habla inglés está en desventaja en todo”. Y agrega: “Hablarlo te va a salvar la vida siempre”.

Instituciones como la Universidad Internacional de Florida (FIU), la Universidad de Miami (UM) y el Miami Dade College (MDC) ofrecen cursos intensivos de inglés que se ajustan a todos los presupuestos. En el caso particular de FIU, este claustro ha recibido varias distinciones por brindar uno de los programas de inglés “más completos” en los Estados Unidos. UM y MDC también han sido merecedores de galardones por el mismo tópico.

Pero, además, en ocho escuelas públicas del Gran Miami cualquier persona, sin importar su estatus migratorio, puede estudiar inglés de forma gratuita, en cursos de ocho semanas diseñados para “estudiantes adultos”, como una contribución para que “puedan insertarse con soltura en el mercado de trabajo, lograr mejores salarios y desenvolverse con eficiencia en su ámbito diario”, según el sitio web elparacaidista.com.

El idioma de EEUU

Durante la última campaña presidencial que se desarrolló en Estados Unidos, el entonces aspirante a la candidatura Donald Trump se asomaba a la arena política y aún sin la nominación republicana, atacaba al también precandidato republicano Jeb Bush, por el hecho de que en algunas presentaciones públicas, el exgobernador de la Florida se expresaba en español.

Pero en Miami ocurrió un hecho más reciente. Una mujer de origen latino, que en ese momento trabajaba como conductora de Uber, recibió una multa valorada en 250 dólares por el “pecado” de no saber expresarse en inglés. La polémica escaló a tal punto que el alcalde condal Carlos Giménez anunció que el cargo impuesto a Carmen Echavarría, sería desestimado.

Hechos como estos dos, y otros más ocurridos a lo largo y ancho de un país de más de 350 millones de habitantes, remueven el viejo anhelo de un sector nacional que ha planteado la necesidad de hacer del inglés la lengua oficial de los EEUU.

Así lo han pedido movimientos como English-Only, que completa más de tres décadas tratando de que el Congreso federal apruebe una ley en esa dirección, y U.S. English, que plantea que el dinero gastado por el Gobierno federal en traducciones se destine a financiar programas para las personas que no dominan la “lengua de Shakespeare”.

En EEUU se hablan más de 300 lenguas, y una de ellas es el español. La tendencia muestra que cada vez más los hijos de latinos prefieren hablar en inglés con sus amigos. De tal manera, muchachos como Rafael, la madre de él o sus abuelos, que están próximos a venir, podrían tener un gran reto: hablar inglés como una necesidad.

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