MIAMI.- Las Fuerzas Armadas de Ucrania capturaron en la región del Donbass a Yoandi La Paz Lara, un ciudadano cubano reclutado por el ejército ruso bajo amenazas de deportación y enviado a la primera línea de combate con escasa preparación.
La Asamblea de la Resistencia Cubana confirmó la detención de Yoandi La Paz Lara, quien afirmó combatir bajo amenaza de deportación y sin ningún entrenamiento
MIAMI.- Las Fuerzas Armadas de Ucrania capturaron en la región del Donbass a Yoandi La Paz Lara, un ciudadano cubano reclutado por el ejército ruso bajo amenazas de deportación y enviado a la primera línea de combate con escasa preparación.
La Asamblea de la Resistencia Cubana (ARC) confirmó el hecho tras recibir informes clasificados de la inteligencia militar de Kiev, que exponen el uso de migrantes irregulares como fuerza de choque en la invasión rusa y evidencian la profundización de la alianza militar entre los regímenes de La Habana y Moscú.
El prisionero, natural de Cuba y con estatus migratorio irregular en la Federación Rusa tras el vencimiento de su visado de turismo, cayó en manos de las tropas ucranianas cerca del sector de Kupyansk.
Según la información preliminar facilitada por la ARC, La Paz Lara presentaba heridas de bala y agotamiento extremo al momento de su rendición. Su testimonio, difundido por Radio República, desmantela la narrativa de reclutamiento voluntario.
El paso de La Paz Lara hacia la guerra comenzó en las calles de Moscú. Tras trabajar ocho meses en labores de construcción y superar el límite legal de su estancia, la policía rusa lo detuvo, según su testimonio en un video publicado por Radio República.
Sin dinero para sobornos y ante la amenaza inminente de cárcel, las autoridades le ofrecieron una salida que resultó ser una trampa. El joven creyó firmar su deportación a la isla, pero en realidad rubricó su alistamiento militar en un idioma que desconoce.
“La policía limpia la ciudad todos los días. Me dijeron: ‘dame dinero o te deportamos’. Yo no sabía, nunca firmé un cambio de contrato, ni entendí el idioma. Pregunté si era la deportación a Cuba y el oficial de migración dijo que sí”, relató La Paz Lara.
Lejos de regresar al Caribe, el joven terminó en un camión militar rumbo a Kupyansk. Allí permaneció dos meses en condiciones infrahumanas, alimentado casi exclusivamente con tomates y rodeado de muerte.
“Veía gente morir en todos lados. Tenía miedo, lloraba, porque no entiendo por qué estoy en la guerra”, confesó el prisionero, quien aseguró no haber visto jamás el dinero prometido ni sus documentos de identidad desde que llegó al frente.
Este patrón de reclutamiento forzoso coincide con investigaciones previas del activista Orlando Gutiérrez-Boronat, secretario general de la ARC, quien ha documentado casos similares, como los de Frank Darío Jarrosay Manfugas y Ernesto Michel Pérez Alvelaes, capturados entre 2024 y 2025.
Estos testimonios confirman que Rusia utiliza a los cubanos como "carne de cañón" para revelar posiciones enemigas, una práctica que Gutiérrez-Boronat calificó de “escándalo internacional” y una amenaza directa a la seguridad de Estados Unidos.
“Basta ya de enviar a decenas de nuestros jóvenes a luchar en una guerra ajena y oprobiosa. Ya hay cubanos muertos defendiendo a Maduro, hoy recibimos esta infame noticia y vaya a saber qué será mañana. El régimen cruza todos los límites día tras día”, sentenció Gutiérrez-Boronat desde Miami.
Según el relato, La Paz Lara recibió disparos presumiblemente de sus propias filas o en el fuego cruzado, y sus compañeros de unidad lo abandonaron a su suerte.
“Dos soldados rusos escaparon; yo me quedé con el soldado ucraniano”, narró Yoandi. Herido y sin posibilidad de huida, esperó la ejecución, pero encontró auxilio. Un combatiente ucraniano, también afectado por el combate, lo ayudó a llegar a una zona segura donde una civil local les brindó refugio.
“Esa abuela es muy buena. Ella sabe que soy soldado ruso, pero me dijo: ‘no hay problema’. Me dio comida, agua y dormí una noche en su casa. Para mí es la única experiencia buena de esta guerra, porque los civiles ucranianos me ayudaron”, expresó el joven con visible emoción.
El futuro de La Paz Lara permanece incierto. Aunque a salvo de las balas rusas, el temor a las represalias de la dictadura castrista lo atormenta. Consciente de las leyes en La Habana que castigan la rendición o la deserción, el joven teme por la seguridad de su esposa e hijo en la isla y anticipa un destino sombrío si retorna.
“Tengo miedo. Quizás prisión por 20 años. Cuba y Rusia son amigos”, lamentó, antes de definirse a sí mismo ante sus interrogadores con una frase lapidaria que resume su situación: “Mi nombre es ‘nadie’. Mi vida en este momento es una vida de perro”.
