MIAMI.- El hecho de que Hialeah se hayan repartido en dos días casi 20.000 planillas de solicitud de beneficios por desempleo es una muestra del impacto económico que tiene la pandemia de coronavirus.
MIAMI.- El hecho de que Hialeah se hayan repartido en dos días casi 20.000 planillas de solicitud de beneficios por desempleo es una muestra del impacto económico que tiene la pandemia de coronavirus.
No queremos quedarnos en la anécdota de la bronca, fruto de la desesperación de vecinos de la municipalidad, que pugnaban por hacerse con uno de estos formularios, al que se agarran como tabla de salvación en medio de la tormenta perfecta. Estas colas interminables, con o sin distancia social, en auto o a pie, son una pequeña muestra del gran drama que viven familias en Florida, a raíz de la crisis del COVID-19.
El fallo informático del sistema del estado nos ha dado la oportunidad de ponerle rostro y voz a esas cifras que, de otra manera, hubieran pasado de puntillas y silenciosas en la nota de un periódico o en la rápida verborrea de algún noticiero.
DIARIO LAS AMERICAS estuvo en una de esas interminables colas y conversó con conductores de Uber, el mecánico de aviación, el chofer de montacargas, el operario de la fábrica de asbestos, la peluquera, la camarera, la laboratorista y todos se mostraron en distinto grado enfadados, perjudicados, sorprendidos, atrapados y paralizados por una situación que no pueden controlar.
Todo hay que decirlo, al pie de la cola estaba el alcalde Carlos Hernández, apoyando a los suyos, quienes no están atravesando el mejor de sus momentos y quiso poner el énfasis en la crisis dentro de los hogares de los residentes de Hialeah: “Ayer teníamos la intención de abrir a las 11 de la mañana este centro. Sin embargo, a la 7.00 am había aquí una cola de más de 100 personas que vinieron a pie y en guagua a buscar sus planillas”.
“Si alguien se arriesga a coger este virus y se mete en esta aglomeración, es que necesita el dinero y, por fallos del sistema, no han podido ni siquiera hacer la solicitud”, expresó el alcalde.
Entonces el mandatario se refirió a la cantidad de residentes que habían recibido los formularios, “ayer repartimos unas 8.000 planillas y hoy, en una hora y media, llevamos unas 2.000”.
Circunstancias
Cada persona tiene una circunstancia especial. Milagro Piñera es madre soltera. Vive de alquiler y su hijo solo puede hacer pequeños trabajos porque está enfermo.
“La proveedora de la casa soy yo”, comenzó así su relato. “Trabajo en peluquería y nosotras fuimos unas de las primeras en quedarnos sin trabajo. Mi local lo cerraron el 14 de marzo. Desde entonces, no gano ni un dólar”.
Por otra parte, Ileana Rodríguez. de 21 años, quien vive con su padre, también desempleado, contó que “antes de la pandemia trabajaba en una clínica de optometría. Pero hubo un empleado que contrajo la enfermedad y los dueños decidieron cerrar. Me he quedado desempleada, estoy estudiando, tengo que pagar mis estudios y el carro”.
“Mi padre y yo vivimos de alquiler, siempre pensamos que si el trabajo de uno fallaba estaba el otro, pero los dos estamos sin empleo y con posibilidades remotas de encontrar uno nuevo, mientras dure la pandemia. Lo mismo le pasa a toda esta gente”, dijo señalando a la cola.
Una de esa gente es el joven Carlos que tenía una vida de ensueño. Él, mecánico de avión, su esposa, coordinadora de vuelo. Ambos con buenos salarios, ahorros, casa propia y esperando un hijo. Sin embargo, “el 13 de marzo me despidieron y, aunque ahora mismo no estamos tan mal porque tenemos ahorros y mi esposa sigue trabajando, la realidad es que ella está embarazada. Tenemos mucha incertidumbre, no sabemos el alcance que tendrá el virus. Realmente la vida nos ha cambiado en un segundo”, lamentó.
Dalias Castellanos lleva tres semanas desempleada. Era mesera del restaurante Habanas. “Con el problema del coronavirus me despidieron, no me podían pagar más”.
Castellanos agradeció el hecho de estar todos sanos en casa. “Gracias a Dios, nadie en la familia se ha contagiado”. Pero la realidad es que en su casa viven ella con su esposo, cuatro hijos y su hermana. El salario de su pareja es el único que se mantiene. “Vivimos en casa propia pero hay que pagar la hipoteca”, sostuvo.
Miedo, espera
También está Aury Atorrasagasti Alonso, vecina de Miami, soltera, que tras 16 años de trabajo en el restaurante Xixón ha visto bajar sus percepciones económicas a cero y hoy aguarda en casa sin poder pedir ayuda.
“He tratado de solicitar el desempleo pero las líneas han estado colapsadas. Cada vez que intento formalizar la solicitud recibo un mensaje de error, y no me atrevo salir a la calle a recoger el impreso. Tengo miedo al contagio. Es un virus que desconocemos y puede atacar cualquiera. Da igual la edad”, señaló la mujer visiblemente abrumada.
Aury vive ahora del escaso ahorro que logró acumular pero en pocos días nada le quedará. “Voy tirando de la tarjeta de crédito y pidiendo prestado. Hay que pagar el alquiler de la vivienda, la luz, el teléfono, el seguro del automóvil, comida, todo. Son más de dos mil dólares al mes y no entra ni uno”, resaltó.
Y añadió: “Vivo en una incertidumbre que me tiene mal. Me parece imposible lo que estoy viviendo. Es como una película de ciencia ficción. No es un bicho que vemos. Es algo invisible que puede estar por doquier y no lo vemos”.
Los beneficiarios por desempleo deberían recibir de parte del estado una cantidad máxima de $ 275 a la semana, que dependerá de los ingresos devengados antes de quedar sin trabajo. Pero además, deben recibir otros $600 por semana como parte de la ley federal de ayuda, alivio y seguridad económica contra el coronavirus (CARES por sus siglas en inglés), recientemente aprobada por el Congreso y ratificada por el Presidente.
La ley CARES, que es el rescate económico más grande de la historia de los EEUU, contempla el envío de un cheque de $1.200, el aumento de los fondos para beneficios de desempleo. Asimismo, ofrece dinero a las pequeñas empresas para pagar las nóminas de los trabajadores y la posibilidad de prolongar los beneficios por desempleo hasta 39 semanas.
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