MIAMI.- Es la institución universitaria con mayor matrícula de la nación (165.000 alumnos); de ahí han egresado muchas de las personalidades más destacadas en la política, las artes, los negocios y otras disciplinas clave en el país; en sus recintos prevalece una atmósfera de inclusión propicia para sopesar los tiempos difíciles de adaptación para cualquier emigrado. De todo esto puede hablarse cuando se hace referencia a Miami Dade College; sin embargo, la mayor de las distinciones y por la que cientos de miles la nombran orgullosos como su puerta de entrada al éxito, es la capacidad de este centro de estudios superiores para ofrecer oportunidades.

Las historias que compartimos hoy, en las que jóvenes comunes, como cualquiera de los que habitan esta ciudad, comparten la alegría de poder graduarse, constituyen un ejemplo de las virtudes atribuidas a la institución.

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¿Cómo puede un muchacho que experimentó la desdicha de dormir en las calles y ocupar con su hermana menor una casa abandonada de forma clandestina, pensar en un título universitario?

¿Cuán lejos puede sentirse de retomar los libros y obtener calificaciones sobresalientes una joven que se dejó llevar por el instinto de ganar dinero y abandonó la escuela por espacio de tres años?

Se trata de Enrique Sepúlveda y de Alina García, respectivamente. Dos de los 14.000 estudiantes que este sábado vestirán sus togas de graduados e iniciarán una nueva etapa, gracias a que encontraron un lugar donde además de la instrucción académica, hallaron respaldo, comprensión y apoyo a las inquietudes y preocupaciones comunes en esa etapa de la vida en la que por sobre todas las cosas se necesitan orientación y guía.

En este artículo esbozamos los testimonios compartidos por Enrique y Alina, pero también podíamos haber tenido otros relatos excepcionales como el de Reidel Nabut, quien llegó de Cuba hace apenas seis años y a partir de la pasión que tiene por las matemáticas y el interés de propagar el aprendizaje de esta ciencia creó una página de Facebook en la que ha alcanzado 14.000 suscriptores.

Igual de sorprendente resulta la historia de Joseph Martínez que se prepara para estudiar medicina y ha publicado investigaciones sobre la enfermedad de Parkirson.

O el caso de Frank Quintero, nacido en Venezuela, que viajó aquí con su hermana, mientras la madre enferma permanece en su país y él se prepara para materializar el sueño de estudiar Derecho y Relaciones Internacionales.

Cada uno de ellos y todos los que el sábado 29 de abril recibirán sus diplomas en las cinco ceremonias de graduación previstas, son la muestra palpable de lo que Enrique Sepúlveda, a partir de su propia experiencia dijo en su entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS: “Los retos abundan, las oportunidades no, hay que saber aprovecharlas”.

Enrique Sepúlveda escogió hacer algo por su vida

Entre los estudiantes que perseveran resalta Enrique Sepúlveda, 22 años, que luego de sobreponerse a un sinfín de contrariedades y desventuras durante su adolescencia logró encaminar su vida por convencimiento propio.

“Dejé la escuela. No me importaba estudiar. Sólo me interesaba divertirme, andar con mis amigos, y hacer todo lo que me diera satisfacción”, recordó Sepúlveda, quien tal vez entonces no se daba cuenta de que trataba de huir de los problemas de casa.

“Mi familia no funcionaba bien. Mi padre fue encarcelado cuando yo tenía tres años, y prácticamente no lo conocí, mientras mi madre apenas atendía mis necesidades”, relató, visiblemente afligido.

Enrique Sepúlveda
Enrique Sepúlveda.
Enrique Sepúlveda.

Una noche, luego de salir a andar con los amigos, Sepúlveda esperaba el autobús en una parada cuando fue atacado a punta de pistola.

“Nos dispararon a matar”, recapituló y aseguró que no sabe aún por qué los atacaron.

Una bala le rosó la cara y le dañó la boca. “Perdí lo dientes, y de milagro me salvé”, recapituló.

Luego en el hospital, mientras era atendido en la sala de emergencia, se miró en el espejo y comenzó a reflexionar.

“Me di cuenta de que no podía sonreír más porque había perdido los dientes, y pensé que aún tenía la vida y podía hacer mucho por ella”, rememoró.

Unos días después, luego de recuperarse de la herida y el susto, decidió volver a clases pero la situación en casa continuaba deteriorándose por día.

“Una tarde”, recordó Sepúlveda, “mi hermana discutió con mi mamá y hubo un forcejeo entre ellas. Mi mamá cayó al suelo y mi padrastro pensó que yo la había empujado. Discutimos, y mi mamá nos echó de casa a mi hermana y a mí”.

Sin familia para refugiarse, los jóvenes hermanos optaron por no acudir a las autoridades pertinentes, tal vez por falta de información, y decidieron por vivir por su cuenta en una casa abandonada, hasta quedar solo, él y su conciencia, y “rodeado de cucarachas”.

Aun viviendo en esas circunstancias, Sepúlveda pudo continuar sus estudios y encontrar un trabajo que le ayudó a cubrir los gastos para sobrevivir.

“Quise continuar estudiando y fui a Miami Dade College, donde me ayudaron desde el primer momento: estudios sin tener que pagar, por mi situación de ser desamparado”, resumió.

Luego tuvo la ayuda de la organización Educate Tomorrow, que atiende necesidades educativas y más de jóvenes entre 16 y 23 años; y recibió refugio en el albergue para desamparados Camillus House, cerca del Wolfson Campus de MDC, en downtown Miami.

Este fin de semana Sepúlveda no sólo se gradúa de Asociado de la ciencia y planea continuar sus estudios para obtener una licenciatura en Ciencias Políticas, también celebra haber sido seleccionado, junto a otros cinco jóvenes del país, ejemplo a seguir, con el premio Achieving the Dream Scholar.

“No fue hasta que vi mi vida en peligro que pude darme cuenta de que tenía que hacer algo mejor conmigo mismo. Los retos abundan pero las oportunidades no, y hay que aprovecharlas”, recapituló.

Alina García: “El futuro depende de los estudios que hagamos hoy”

“Siempre fui muy estudiosa. Me encantaba ir al colegio y estudiar, y continuamente tenía las mejores notas, incluso en el College, donde todo parecía ser tan diferente a high school”, recordó la joven de 23 años, que fue distinguida el año pasado con el Premio a la Excelencia Académica 2015-2016 en química.

No obstante, García sintió el gusanillo de tener dinero, cuando aún no había terminado los estudios, y se fue a trabajar a un restaurante.

“Quería ganar dinero y me sentí feliz teniéndolo para gastarlo en las cosas que me gustaban hasta un día que me sentí atrapada, que me di cuenta de que no tenía tiempo para disfrutar la vida. Que por mucho dinero que ganara entonces no tenía el futuro asegurado. Y fue así que retomé conciencia sobre mis estudios y decidí regresar a clases”, recapituló García, justo antes de aconsejar que “los jóvenes tienen que darse cuenta de que tienen un gran futuro por delante”.

“Es muy rico ganar dinero pero nunca se sabe cuánto puede durar, y el futuro depende de los estudios que hagamos hoy”, subrayó.

Alina García
Alina García.
Alina García.

Hoy García, 23 años, es especialista en ciencias biológicas, se gradúa con altas notas y se prepara para continuar los estudios universitarios y ser optometrista “para ayudar a los demás a recuperar la visión”.

De hecho, la joven graduada tuvo serias dificultades con su vista desde muy temprana edad, pero no fue hasta que la maestra de Kindergarten alertó a sus padres sobre este problema.

“Le dijo a mis padres que yo acerca los ojos demasiado a los libros y que debían llevarme al médico. Y sí fue, me recetaron lentes. No sé cuán mala estaba mi vista entonces pero sí recuerdo que lo veía todo medio borroso. Y recuerdo que la primera vez que usé los lentes me sentí muy contenta. Podía ver el cielo, los colores y todo a mi alrededor”, detalló.

Y dijo más: “Hoy agradezco tanto lodo lo que me ayudaron para mejorar mi vista que quiero hacer lo mismo con los demás: poner a su disposición los avances de la ciencia, tal y como otros me ayudaron a recuperar la mía”.

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