Las escuelas públicas de Florida se mantienen cerradas al menos hasta el 15 de abril y las autoridades estatales y escolares exhortan a los padres a “tener paciencia”, con el fin de evitar el mal mayor de la propagación del coronavirus.

De esta manera, los colegios en Miami-Dade, Broward y Palm Beach, y todos los condados del estado, suspenden sus clases en directo y habilitan, paulatinamente, la enseñanza a distancia por Internet, al mismo tiempo que no paran de proveer desayuno y almuerzo a estudiantes que los necesiten.

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“La autoridad escolar sabe cuán importante es la alimentación y todas las escuelas proveen tanto desayuno como almuerzo, para consumir en el comedor o llevarse a casa, entre las 9 am y las 12:30 pm para todos los estudiantes”, sin distinción de necesidades, reafirmó la autoridad escolar de Miami-Dade por medio de un comunicado.

En algunos colegios, la alimentación se provee a la entrada de la escuela, en mesas habilitadas para la recogida.

En el caso de Broward, el servicio alimentario es ofrecido lunes, miércoles y jueves, de 8 a 10 am para el desayuno y de 11 am a 1 pm para el almuerzo, aunque esperan ampliar el horario.

Por otra parte, los condados Palm Beach, Marteen, St, Lucie e Indian River, situados en la costa central de la Florida, proveen desayunos y almuerzos, en las horas antes indicadas, en lugares habilitados para su rápida recogida.

“Sabemos que más del 70% del estudiantado recibe alimentación en las escuelas y queremos mantener el servicio de desayunos y almuerzos”, señaló la comisionada del departamento estatal, Nikki Fried.

En el ínterin, las clases comienzan a ser impartidas vía Internet, mientras los alumnos permanecen en casa.

“Hemos tomado los pasos necesarios para proporcionar a los estudiantes la continuidad de la educación”, señaló el superintendente de Miami-Dade, Alberto M. Carvalho, por medio de un comunicado.

De hecho, la autoridad escolar de Miami-Dade ha distribuido miles de computadoras o tabletas portátiles a estudiantes, así como servicio de Internet, para quienes no disponen de medios para recibir clases en casa.

Entretanto, Carvalho exhortó a padres y estudiantes a hacer uso de “la conexión gratuita a WiFi para clases a distancia u otras funciones esenciales relacionadas con salud y seguridad”.

“Como con cualquier situación desafiante, todos debemos reconocer que habrá obstáculos en el camino. Les pedimos a los padres de familia y miembros de la comunidad que tengan paciencia a medida que navegamos por estas aguas desconocidas”, subrayó el superintendente de escuelas públicas en Miami-Dade, que supervisa el funcionamiento de más de 460 colegios y la seguridad de 360.000 y tantos alumnos.

Maestros

El superintendente Carvalho anunció que la autoridad escolar condal que dirige cuenta con recursos para “pagar salarios a los maestros”, pero reconoció que no sabe “cuánto tiempo durará” este trance y que si se prolonga “va a necesitar ayuda federal”.

“No podemos anticipar cuánto tiempo durará esta crisis y aun a sabiendas de que las reservas financieras (de la autoridad escolar condal) son sólidas, estamos conversando con representantes estatales y federales porque (en el futuro próximo) vamos a necesitar ayuda financiera”, anticipó.

A Carmen, profesora de la escuela Coral Way K-8 Center, en Miami, le preocupa las circunstancias que sus alumnos puedan afrontar en casa, lejos de su supervisión.

“No dudo de la dedicación de los padres. Son sus hijos. Pero para mí, también son como hijos. Son 30 alumnos que atiendo a diario en mi aula. Los educo, y los conozco por sus nombres y problemas”, declaró a DIARIO LAS AMÉRICAS.

A la profesora le preocupa cuánto conocimiento académico “pueden perder” si están fuera del aula, aunque todos, autoridad escolar incluida, aseguran que el aprendizaje continuará a distancia.

De hecho, el pasado curso escolar el distrito escolar de Miami-Dade obtuvo la anhelada calificación de A por segundo año consecutivo, dada por el Departamento de Educación de la Florida.

“Temo que mis alumnos suspendan los exámenes por venir. Que perdamos las altas notas que hemos logrado. Que perdamos ser el mejor condado en educación”, evaluó la profesora.

“Es una sensación desesperante”, sentenció.

Experiencias

A Maritza, vecina de Coconut Grove, en Miami, le aterra tanto la alarma sanitaria como la idea de tener que hacerle frente al cierre de los colegios.

“Esto es peor que un huracán. No se sabe cuánto durará ni cuánto daño hará”, expuso Maritza, que tiene dos pequeñas hijas, de 7 y 9 años, que debe atender en casa, y aunque su empleador le ha dado “un par de días” para hacerlo, no sabe cuánto tiempo más podrá ausentarse del trabajo.

“Comprendo perfectamente bien la emergencia. Entiendo cuán peligrosa es esta situación y que todos debemos cooperar”, señaló Martiza.

“Pero pregunto”, argumentó, “qué hago con mis hijas después de los dos días de permiso que me dieron. No puedo dejarlas en casa solas pero tampoco puedo dejar de trabajar para darles de comer y pagarles el apartamento donde viven”.

Martiza es viuda y recibe una asignación de $800 por cada hija pero 1.600 dólares al mes no es suficiente para pagar el alquiler de la vivienda donde habita y darle de comer a las pequeñas.

“¿Qué hago?”, preguntó. “¿Dejo las niñas solas y me voy a trabajar?”, reclamó.

Por otra parte, Silvia, que vive en la Pequeña Habana, también comprende “a plenitud”, como ella misma afirmó, “la situación de emergencia”. Tiene un hijo pequeño, el padre no está, desapareció hace un año, y prácticamente ha perdido su empleo. El restaurante donde ha trabajado por una década ha cerrado, dado el decreto condal de suspender las actividades comerciales; y no tiene otra fuente de ingresos, al menos por el momento.

“Yo fui una de las que pedí que cerraran las escuelas. Temía por la vida de mi niño y los demás, pero esperaba que el Gobierno hiciera algo”, declaró.

Y de eso se trata, de que el Gobierno, primordialmente el federal, con más recursos, haga algo.

Por ello, el superintendente Carvalho, la autoridad estatal, encabezada por el gobernador DeSantis, y el equipo condal, que dirige el alcalde Carlos Giménez, abogan por ayuda e imploran al presidente Donald Trump y al Congreso de la nación acordar un paquete de suplementos que, además de la crisis sanitaria, hagan frente a la peligrosa inestabilidad económico social.

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