A diferencia de años anteriores, cuando terrazas y jardines en casa acogieron las grandes cenas con familiares y amigos, la mesa fue servida en el comedor, o en ese amplio espacio con grandes ventanales que muchos llaman Florida room y mira al patio.
Matilde adobó carne de cerdo por más de 24 horas con ajo, sal y naranja agria, es su receta y la de muchos, y su intención era asar la jugosa carne en una parrilla improvisada en un hueco en la tierra, que el marido prepara para cada Nochebuena en el patio de casa.
Pero la Naturaleza, el frío, pudo más y el hueco se quedó a medias. “Si me hubieras hecho caso, que habría frío, no habrías trabajado por gusto. Pero tú nunca me escuchas”, refutó Matilde, con esa sonrisa perenne que tiene, aun cuando reclama.
El cerdo fue cocido en el horno de la cocina y el olor a carne, perfectamente adobada, inundó toda la casa. Si deseosos estaban unos por celebrar Nochebuena, hambre tenían otros por tanto buen olor.
Los frijoles negros, el arroz blanco y la yuca con mojo también estaban listos. El tierno olor a ajo, mesclado con el jugo de la naranja agria, conquistaba el olfato de todos.
Los turrones, de Jijona, yema de huevo y almendras, miraban atentos a la espera de ser devorados. Tal parecía que uno le decía al otro “que me coman. No quiero esperar más”. Pero el cerdo, esa jugosa carne adobada, era el rey esperado por todos.
Entretanto, la cerveza y el buen vino tinto reinaba en casa de Matilde, mientras unos y otros abrían cajas de chocolates y otras golosinas para la ocasión.
Alguien pidió agua y agua bebió, aunque después se animó y sigilosamente se acercó a una jarra de sangría y probó la rica bebida que, además de tinto, traía naranja, melocotón, manzana y limón.
“Prueba, prueba, no tengas pena. Esa sangría yo la hice”, proclamó Mario con orgullo.
De hecho, la sangría de Mario estaba espectacular, pero el vino tinto reclamaba atención para afrontar el frío que soplaba afuera y se colaba por la puerta de la terraza que Matilde dejó abierta.
“Si hay frío, hay que disfrutarlo de alguna manera”, demandó, sin olvidar dar otra sonrisa que abrió de oreja a oreja.
Por un lado, la música sonaba en el Florida room con una variada selección de baladas, cantos navideños y sones de antaño. Por el otro, en la sala, la televisión no paraba de emitir imágenes de ciudades y programas musicales. No sé por qué persiste esa rara idea de tocar música y ver la televisión al mismo tiempo, pero es típico de muchos hogares cubanos.
Samuel, que es vegano, no come carne, y trajo sus frituras de vegetales, hechas con papa, zanahoria, cebolla, ajo y sal, que sofreía en una sartén.
De pronto, el siempre intruso tema de la política, con Cuba, Biden y Trump, irrumpió, tal vez motivado por el alcohol y las ansias de hablar y afrontar viejas rencillas.
Una retirada a tiempo, por aquello de respetar el lugar, ayudó a calmar los ánimos.
“¡El puerco está listo!”, proclamó la anfitriona, mirando fijamente a los más de 10 invitados.
Rápidamente, como si se tratara de un campo de refugiados, quienes bebían o conversaban sobre asuntos ‘secundarios’ se levantaron como resortes y corrieron a la mesa.
“No hay asientos para todos. Así que, cada cual se sirve su plato y busca un lugar donde comer”, anunció Matilde entre risas.
Miguel, que prefiere el frío a los calurosos días de verano en Miami, optó por salir al patio, y desde la terraza que mira a un lago pensó en lo mal que hizo por haber alzado la voz durante la discusión.
“Hay veces que el grito no se puede contener”, aludió.
Todos comieron, bebieron y se abrazaron, en espera de otra cena más para despedir el año que se pone viejo, cuando las 12 uvas se deben comer, a la medianoche, ni un minuto más ni un minuto menos, para traer suerte.
Al final de la noche, cuando el día de Navidad amaneció, Miami sintió la fuerza del viento y el frío, que hizo marcar 40ºF, o sea 4ºC, para anunciar que la muy esperada festividad llegaba.
Los niños corrieron a buscar sus juguetes y rieron y saltaron de alegría, sin olvidar que el 6 de enero, cuando llegan los Reyes Magos, volverán a tener regalos.