MIAMI.- La pandemia del coronavirus ha tenido un impacto inconmensurable en el curso escolar 2019-2020. Cerca de 500.000 estudiantes del Distrito Escolar de Miami-Dade se han visto obligados a cambiar un aula compartida con colegas y profesores por la pantalla de una computadora, donde aparecen en pequeñas ventanas los rostros de sus compañeros y la voz metálica de un profesor, explicando tal o cual materia.

Pero en una comunidad donde el 73.43% de los escolares proviene de familias modestas, para alimentar esos cerebros no son suficientes los aguerridos profesores y los programadores, que han adaptado en tiempo récord los programas estudiantiles analógicos en cursos 100% digitales. También son necesarios ingentes recursos para alimentar los estómagos de esa audiencia virtual que en el mundo real tiene que cubrir determinadas necesidades. Sobre todo la imperiosa y esencial necesidad de comer.

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Por ello, desde el mismo 16 de marzo el Distrito Escolar habilitó en 50 escuelas de Miami-Dade centros de distribución de alimentos, donde los padres pueden recoger comidas y desayunos para aliviar las estrecheces agudizadas aún más por la pandemia. Sobre todo en un área tan dependiente de la economía de servicios y del turismo.

Siendo conservadores, hasta la fecha el Distrito Escolar debe haber repartido alrededor de un millón de comidas. DIARIO LAS AMÉRICAS quiso conocer la opinión de los beneficiados de ese programa y nos acercamos a Hialeah-Miami Lakes Senior High School, uno de los puntos de distribución, para conversar con los padres allí presentes.

La voz de los padres

Lo primero que nos llamó la atención entre los progenitores que esperan para recibir los alimentos es que no encontramos a ningún padre de único hijo. Luis López, por ejemplo, dijo tener cuatro hijos de 15, 12, 11, y 7 años. Cada uno recibió una computadora para continuar el curso desde la casa. Aunque se encuentra trabajando, considera esta comida como una gran ayuda para su familia. “Los niños están en casa y comen muchísimo más que antes”.

López trabaja en una compañía donde fabrican piezas de plástico para autos. “Ahora nos han recortado las horas porque el mercado de autos está parado”, manifestó.

“El viernes pasado nos dieron panecitos, queso, leche, cereales, pizzas, sandwich y frutas”, enumeró López con satisfacción.

Desempleo

“A mí me cesaron cuando comenzó el coronavirus”, sostuvo Yanet Sosa, madre de tres estudiantes de siete, ocho, y diez años. “Esta distribución está muy bien. Asegura que los niños tengan una merienda, ahora que están estudiando desde la casa”, dijo la madre, que confesó asistir a buscar alimentos desde el inicio del programa. Todos sus hijos también recibieron las computadoras otorgadas por el Distrito Escolar.

Dos madres comparten el mismo auto a la hora de buscar los alimentos. Quien conduce se identifica como Jenny y es madre de tres hijos de 18, 16, y 11 años. “Las dos hemos perdido el trabajo. La situación de mi casa es bastante difícil”, y añadió, “el pago del desempleo no está entrando como debería y el dinero federal prometido tampoco llega”.

A la pregunta de si cree que esta iniciativa se podría mejorar, contestó : “Somos de bajos recursos y estamos teniendo muchos problemas para cobrar el desempleo. Esa es la única queja que tengo”.

“Mis hijos están un poco frustrados.Quieren salir a jugar y no logran entender qué es lo que está pasando. Extrañan a sus amigos de la escuela, quieren volver a su rutina. Pero la salud está por encima de todo, siempre les advierto”, precisó Jenny.

Una gran ayuda

Priscila apenas entreabrió la ventanilla de su auto. Argumentó que llevaba 60 días sin salir de su casa. Es madre soltera y ya no soportaba más el encierro. Es la primera vez que venía a buscar comida. Explicó que era maestra y se había quedado sin trabajo por la pandemia. “Salir es bueno para los niños y para los padres. Esta comida es un refuerzo y la vengo a buscar con mis hijos para que salgan un poco de la casa, aunque sea en carro”, se justificó.

“Mis tres niños se levantan temprano cada mañana a estudiar. Solo dos han necesitado computadora. La niña no, porque es muy pequeña todavía”, explicó Mónica, quien se ha quedado desempleada junto a su marido. “Ambos trabajábamos en la construcción y por el momento estamos parados”.

“Sobre esta entrega de alimento no puedo criticar nada”, dijo con rotundidad. “Todo lo han hecho de muy buena voluntad. Lo único que puedo desearles es que Dios les bendiga”.

Las abuelas siempre han sido un pilar importante en la cultura latina. Este es el caso de Miriam Ruiz, quien está a cargo de dos nietas, “mientras sus padres van a trabajar”. “La comida que dan aquí es una ayuda inmensa. Sobre todo cuando las niñas se quedan conmigo, ya que yo he perdido el empleo debido al COVID-19”, contó Ruiz, quien antes de comenzar la pandemia trabajaba en un restaurante.

“Ahora soy maestra en la casa”, dijo en broma. “Hago lo que puedo para ayudar a mis nietos. Sobre todo a la pequeña. El problema es que yo no hablo inglés. Pero estoy batallando y eso es lo que importa”.

cmenendez@diariolasamericas.com
@menendezpryce

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