MIAMI.- El testimonio del padre Michael Driscoll, párroco retirado de la iglesia St. Jude, en Boca Ratón, al sur de Florida, y devoto del mártir Titus Brandsma, es una de las pruebas con mayor peso en el caso que busca la canonización del beato asesinado con una inyección letal en un campo de concentración nazi en 1942.
Según su relato, Driscoll fue curado de un melanoma con metástasis diagnosticado en 2004, gracias a "la intercesión del beato Brandsma", y su historia es el tercer milagro que elevaría a la santidad a este mártir de la fe.
De hecho, el testimonió del padre Michael Driscoll, de 73 años de edad, es el epicentro de la investigación realizada por orden del obispo de Palm Beach, Gerald M. Barbarbito , entre julio de 2016 y diciembre de 2017, la cual concluyó con el envío al Vaticano de todas las evidencias del caso, incluidos los informes y testimonios de los médicos.
"Fue un milagro", afirma el sacerdote y también carmelita nacido en Nueva York en el seno de una familia de origen irlandés y ordenado hace 50 años, quien poco después del diagnóstico fue operado en Boston y sometido a 35 sesiones de radiación.
El padre Driscoll afirma que no tiene conciencia de en qué momento exacto pensó que Titus Brandsma había obrado un milagro en él, pero sí recuerda que estaba "muy asustado" por la enfermedad y que tenía "una enorme devoción" por el beato y mártir holandés, tanto que impulsó a los fieles de su parroquia a que le rezaran al mártir nombrado beato en 1985.
El padre Driscoll, que sabe que las cosas en el Vaticano tienen "sus tiempos" y que un proceso de canonización es largo y meticuloso, no se aventura a decir cuándo le responderán a la "postulante" de la causa, la abogada Giovanna Brizzi, enfatizando que "el papa tiene la última palabra".
No obstante, adelanta que en su parroquia ya están planeando un viaje a Roma si el papa Francisco decide que Brandsma debe ser elevado a los altares.
Anno Sjoerd Brandsma nació en 1881 en Oegeklooster, Holanda, se incorporó a la orden de los carmelitas en 1898, donde recibió el nombre religioso Titus, y fue ordenado sacerdote en 1905. Fue periodista, profesor de filosofía, especialista en la mística carmelitana y uno de los fundadores de la Universidad Católica de Nimega, hoy llamada Universidad Radboud.
Su lucha contra la propagación de la ideología nazi y en defensa de la educación religiosa y la libertad de prensa le gano un lugar en el campo de concentración de Dachau, donde enfermó y al ser trasladado a la enfermería, fue usado como cobaya para experimentos hasta que le aplicaron una inyección letal, según explica el propio Driscoll.
Después de su muerte fue cremado, su rosario se lo dejó a la enfermera que le puso la inyección letal y se hicieron pequeñas reliquias de las escasas vestimentas que tenía, una de las cuales está en un relicario que el padre Driscoll tiene en su parroquia.
FUENTE: EFE/REDACCION