MIAMI. – El sarampión no es una enfermedad del pasado. Está circulando nuevamente en el sur de Florida y obligando a las autoridades sanitarias a reforzar la vigilancia epidemiológica sobre todo en escuelas y universidades.
Con 63 casos confirmados en la región y Estados Unidos superando los 900 contagios en lo que va de año, especialistas advierten que el descenso en la inmunización y la movilidad internacional reabren la puerta a una enfermedad que exige 95 % de protección colectiva
MIAMI. – El sarampión no es una enfermedad del pasado. Está circulando nuevamente en el sur de Florida y obligando a las autoridades sanitarias a reforzar la vigilancia epidemiológica sobre todo en escuelas y universidades.
Con 63 casos confirmados hasta mediados de febrero, el estado se posiciona entre los tres con mayor número de contagios en Estados Unidos, en un escenario nacional que ya supera los 910 casos distribuidos en 24 estados, según datos federales de salud pública.
El epicentro se concentra en el condado de Collier, donde más de 50 diagnósticos están vinculados a una comunidad universitaria. En Broward, entre ocho y diezcasos se asocian a entornos escolares, mientras que Miami-Dade mantiene bajo observación un contagio aislado en un menor de cuatro años.
Desde el análisis epidemiológico, consultado por DIARIO LAS AMÉRICAS, el doctor Edgar González, con más de 20 años de experiencia profesional, director médico de Centrum Health en Miami y profesor asistente de Florida International University (FIU) señala que el repunte no es fortuito. “Florida se ubica entre los tres primeros estados en contagios por varias razones: una tasa de vacunación insuficiente, el alto volumen de viajeros internacionales y la llegada de personas provenientes de países donde los esquemas de inmunización no se completan de forma efectiva”, explicó.
La cobertura vacunal en el estado se estima en aproximadamente 89 %. El problema es que para alcanzar inmunidad colectiva y evitar brotes se requiere alrededor del 95 %. “Cuando estamos por debajo de ese nivel, el virus encuentra espacio para propagarse”, advirtió el especialista.
El patrón actual corresponde a focos localizados bajo monitoreo sanitario. “Son brotes que están siendo vigilados en Broward y Collier. Realmente son pocos casos en proporción poblacional, pero se están aislando para evitar contagios”, indicó.
El sarampión es uno de los virus más contagiosos conocidos mundialmente. Una persona puede transmitirlo desde cuatro días antes hasta cuatro días después de la aparición del sarpullido. “Al comienzo es mucho más transmisible porque los síntomas respiratorios son inespecíficos: goteo nasal, ojos rojos, tos y fiebre. Puede confundirse con un resfriado común”, precisó González.
Los síntomas suelen manifestarse entre 10 y 14 días después de la exposición. “Primero aparece fiebre alta persistente, seguida de tos seca, conjuntivitis y las características manchas de Koplik dentro de la boca. Posteriormente surge el exantema que inicia en el rostro y se extiende al resto del cuerpo”, refiere el facultativo.
Aunque muchos pacientes se recuperan sin mayores secuelas, advirtió que la enfermedad puede derivar en complicaciones severas. “La neumonía continúa siendo la principal causa de muerte en niños pequeños, mientras que la encefalitis puede generar daño neurológico permanente”, señaló. A nivel mundial, añadió, “la mortalidad se estima entre uno y tres fallecimientos por cada 100 casos reportados”.
El riesgo es mayor en menores de cinco años, adultos mayores de 20, embarazadas y personas inmunocomprometidas. “En pacientes con el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH), cáncer o trasplantes, el sarampión conlleva un altísimo riesgo de complicaciones graves y fatales”, subrayó el médico. Entre ellas figuran neumonía de células gigantes, encefalitis progresiva y panencefalitis esclerosante subaguda, una enfermedad degenerativa que puede aparecer años después de la infección. “Además, el virus puede provocar amnesia inmunitaria, debilitando la respuesta del sistema inmune frente a otras infecciones”, dice González.
La prevención continúa siendo clara. “La vacuna triple viral (MMR), administrada en dos dosis, la primera entre los 12 y 15 meses y la segunda entre los 4 y 6 años, alcanza una efectividad cercana al 97 % con el esquema completo”, comenta el galeno, a la vez que hizo un llamado a fortalecer el protocolo inmunoprofiláctico.
En ese sentido refiere que los adultos que no recuerdan su estado de vacunación deben considerarse no inmunizados. “Ante la duda, vacunarse es seguro y recomendado, especialmente entre los 13 y 49 años o si viajan a zonas de riesgo”, precisó, al recordar que las personas nacidas antes de 1957 se consideran inmunes por exposición natural.
En Florida, el sistema escolar exige constancia de inmunización para la matrícula, aunque la ley contempla excepciones médicas y religiosas. Si bien estas representan una minoría, cualquier descenso sostenido en la cobertura debilita la protección colectiva.
Sobre el escepticismo hacia las vacunas, el referente profesional fue claro. “La vacunación es una herramienta fundamental en el manejo de muchas enfermedades. Se ha divulgado información que ha dañado su enorme beneficio. Nuestro trabajo es informar con datos y estudios serios para que las decisiones se tomen con toda la evidencia”.
Ante la pregunta de que si la propagación actual del virus es un episodio aislado o marca una tendencia, Edgar Gonzáles preciso que, aunque el brote actual parece estar contenido, el escenario a mediano plazo sigue siendo incierto. “Todo indica que los casos están siendo manejados adecuadamente, pero es fundamental mantener el control migratorio sanitario y educar a la población sobre síntomas y prevención”, concluyó
La historia reciente demuestra que cuando desciende el nivel de protección en la ciudadanía, enfermedades que parecían erradicadas encuentran el camino de regreso y el equilibrio sanitario se vuelve frágil. En Florida, el repunte permanece bajo seguimiento epidemiológico, pero la lección vuelve a ser clara: sostener ese equilibrio no depende solo de las autoridades, sino también de la responsabilidad individual y colectiva. La prevención continúa siendo la herramienta más eficaz frente a un virus que no distingue fronteras y que, cuando encuentra espacio, vuelve a circular y a convertirse en amenaza.
