CARACAS.- @eleonorabruzual
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Guantánamo es para la izquierda canalla importante recurso de ataque a los Estados Unidos y a las democracias occidentales en general. Pareciera que los que allí están detenidos fueran inocentes corderillos apresados por el cruel imperio para saciar una aberrante necesidad de torturar y aislar a pacíficos islamitas cuyo divertimento es destruir torres habitadas por miles de seres y también dependencias militares, segando la vida de más de 3.000 personas e hiriendo de gravedad a otras 600 al utilizar aviones cargados de pasajeros para estrellarlos contra esas edificaciones, y así mostrar al mundo el espanto de quienes adoran a una deidad de odio, de maldad, de muerte.
Guantánamo es también la palpable desmemoria de quienes permiten a solo 13 años del horror que vimos aquel 11 de septiembre de 2001 que unos vándalos comunistas estén reivindicando a los asesinos, a los demonios que mostraron su saña, su sadismo, su perversión.
El Uruguay del tupamaro Pepe Mujica es la parada inicial de seis aterradores terroristas que gozan de libertad plena, cosa que no pueden decir venezolanos honorables acosados por la Peste Roja como la jueza María de Lourdes Afiuni o el comisario Ivan Simonovis, por nombrar sólo a dos.
Aquí los seis monstruosos personajes:
Ali Hussein Shaabaan, sirio, nacido en Utayba en 1962. Fue capturado en diciembre de 2001 en Pakistán. Permanecía en Guantánamo desde junio de 2002. Experto en fusiles AK47 y operaciones suicidas.
El sirio Abdelhadi Faraj nacido en Hamah en 1975. Detenido en diciembre de 2001 fue llevado a Guantánamo en junio de 2002. Huyó de Siria y lo acusan de haber sido capacitado en operaciones suicidas.
Mohammed Tahamatan es palestino, nacido en diciembre de 1979. Fue detenido el 28 de marzo de 2002 junto con otras 30 personas. Llegó a Guantánamo en junio de ese año.
Abdul Mohammed, tunecino nacido en 1985, miembro de Al-Qaeda y operador financiero del Grupo Combatiente tunecino, con células en Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos y el Reino Unido. Según su ficha admitió haber sido reclutado y entrenado e igualmente declaró que su transporte fue facilitado por Al-Qaeda.
Jihad Diyab, nacido en Libia aunque es ciudadano sirio. Detenido en Pakistán el mes de abril de 2002 fue llevado a Guantánamo en agosto de ese año. Recibió entrenamiento de Al-Qaeda y sobre él pesa una condena a muerte en Siria.
Ahmed Adnan Ahjam, sirio nacido en Aleppo en 1977. Capturado en diciembre de 2001 en Pakistán. Permanecía en Guantánamo desde junio de 2002. Estuvo en Tora Bora, refugio de Osama bin Laden y donde recibió entrenamiento.
Leo sus nombres, sus prontuarios con seguridad maquillados por esa administración Obama complaciente para no llamarla cómplice, y de inmediato se me viene a la memoria ese monstruo venezolano conocido como El Chacal, Ilich Ramírez Sánchez, quien nunca se ha eximido de glorificar a los más sanguinarios asesinos de ese Islam aterrador, entre ellos el propio Osama bin Laden.
El Chacal, quien en ese insolente libro escrito en la prisión francesa, donde paga cadena perpetua por sus crímenes, y que tituló Islam revolucionario, explica sin la menor reserva un islamismo militante como la respuesta postcomunista a lo que califica como "totalitarismo" estadounidense. Ilich Ramírez Sánchez, quien repite que la revolución es islámica, anuncia: "En lo adelante el terrorismo será más o menos un componente de la vida de cada día en las democracias podridas de Occidente".
Y esos asesinos, decididos a borrar la cultura judeocristiana y sepultar las democracias, son esperados por cuatro ambulancias de la Administración de Servicios de Salud del Estado uruguayo, una docena de vehículos, médicos del Hospital Militar de La Blanqueada, el canciller Luis Porto y funcionarios de los ministerios del Interior y de Salud Pública con la orden expresa de Pepe Mujica -incapaz de exigir la libertad de los presos de conciencia de la tiranía castrista y de su satélite Venezuela- que los traten como huéspedes muy amados.
Es el inicio de la liberación de todos los que El Chacal glorifica al decir que los atentados del 11 de septiembre fueron una "proeza altiva" y remata: "El Islam es la única fuerza transnacional capaz de erradicar la esclavitud de las naciones".
Lo vemos mientras una parálisis extraña atrapa al mundo libre… La izquierda canalla hoy empoderada y envalentonada pide el cierre de Guantánamo, pero Ramo Verde, la abyecta cárcel donde torturan y se pudren demócratas venezolanos, les parece bien, muy bien que se llene…
