He señalado ya en alguna ocasión que la atención, más que justificada, que provoca en la actualidad Venezuela se ha traducido en olvidos que deberían causarnos un profundo desasosiego.

No me refiero sólo al caso de la dictadura cubana que sigue oprimiendo a su población con miseria y ausencia de libertad, pero a la que ahora sólo se mira para realizar negocios.

Resulta también obligado recordar a una Nicaragua donde el sandinista Daniel Ortega ha logrado difuminarse en el paisaje del totalitarismo mientras tritura a la oposición valiéndose de la administración de justicia y prepara unas elecciones con las urnas marcadas en un intento de perpetuarse en el poder no menos que su amigo Fidel Castro.

O también es indispensable acordarse de una Bolivia donde Evo Morales utiliza la coacción y el clientelismo de manera sistemática mientras sigue convirtiendo el territorio de la nación en un inmenso campo cocalero. O Ecuador donde Correa no sólo ha impuesto las leyes más represivas contra la libertad de prensa, excluidas las cubanas, sino que además continua desatando la persecución contra los disidentes.

Por supuesto, todos estos regímenes colaboran entre sí. Uno de los últimos episodios de esa persecución de los que defienden la libertad ha tenido como escenario Ecuador y como víctima a una doctora afincada en Miami cuyo nombre es Karen Hollihan. Telesur, el brazo mediático de la Unasur, emitió hace unos días un reportaje en el que la acusaba de ser la cabeza de la CIA en una conspiración cuya finalidad es acabar con el gobierno de Correa. La realidad es que la doctora Hollihan es miembro activo del Instituto Interamericano para la Democracia (IID) al igual que Armando Valladares y Carlos Alberto Montaner –disidentes cubanos que pasaron por las zahúrdas de Castro– que Carlos Sánchez Berzaín, opositor a Evo Morales, y que otros defensores de la libertad, en no escasa media exiliados, como es el caso de quien escribe estas líneas. Nuestros menesteres personales son diversos, pero la doctora Hollihan entre otros aportes, ha prestado su ayuda a opositores al correísmo como Martha Roldós, Carlos Vera, Andrés Páez o Emilio Palacio y forma parte de una familia que ha contribuido no poco al bienestar del Ecuador.

Persona educada, profesional, sensible, culta, amante de su nación y defensora de la libertad, la doctora Hollihan es un caso más de persecución totalitaria de todo aquello que desprenda el aroma de la democracia.  Si para ello hay que recurrir a la calumnia, a la insidia, a la injuria nada importa a los sicarios del totalitarismo. Para muchos, estos regímenes son dignos de imitar; para no pocos, son el lugar ideal para ganar dinero; para algunos, como el que escribe estas líneas, no son sino una muestra de la vileza a la que puede descender el ser humano. Dios quiera que pronto no sólo en Venezuela sino también en Cuba, Ecuador, Nicaragua o Bolivia se vean sustituidos por la libertad gracias a personas como la doctora Hollihan.   

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