CARACAS.- Todo el que vive en Venezuela y no es un figurón del régimen padece mil penurias. Estas van desde no poder estar seguros a ninguna hora ni en ninguna parte hasta tener que vivir en interminables colas para comprar medicinas y alimentos; colas que Maduro y su combo han decidido que para que no las vean, deben formarse en sótanos donde además funcionan estacionamientos de vehículos y todos sabemos del peligro que representa el envenenamiento con monóxido de carbono al respirar un aire viciado por motores de gasolina.
Esto lo padecemos y lo conoce el mundo entero. Amigos y familiares que están en otros países nos preguntan con insistencia qué necesitamos, qué carencias elementales padecemos… Nos ofrecen papel higiénico, desodorante, detergente, jabón de baño, champú, cremas para la cara y el cuerpo, insecticidas, limpiadores de plata y cobre… Y tenemos que decirles que tampoco hay bombillos, ni alambre, ni clavos, ni cemento. Que definitivamente no hay casi nada y las torturantes colas muchas veces se hacen en vano ya que al llegar lo poco que había se acabó…
Es la realidad nuestra, el calvario que la “peste roja” nos hace transitar un día sí otro también. Imaginen los que no viven aquí, que tenemos ya años que no se consigue Alka Seltzer, ni Sal de Fruta ENO, tampoco Bicarbonato de Sodio, Vick VapoRub, antiácidos, ningún fármaco con acetaminofen tampoco edulcorantes artificiales y el drama de diabéticos, cardiacos, enfermos de cáncer, hipertensos, enfermos renales, hipotiroidismo es aterrador… Dieciséis años de castrochavismo nos convirtieron en seres desesperados, humillados, torturados, y esto como les digo al inicio aqueja a chavistas de abajo y a opositores, ya que es de fácil comprensión que a los jerarcas del régimen y sus familiares, con dólares, aviones y recursos de todo tipo no les afecta.
Y cómo puede afectar a esos depredadores de la cosa pública si de 31.000 millones de dólares detectados en cuentas secretas de la filial suiza del banco HSBC, casi la mitad (14.800 millones dólares) son depósitos de Venezuela, depósitos efectuados desde hace más de una década, lo que deja claro que Hugo Chávez estaba muy al tanto y de acuerdo con estos turbios asuntos financieros que salen a la luz pública gracias al funcionario Hervé Falciani y su llamada lista Falciani, el diario Le Monde de París y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, con sede en Washington DC.
Y, ¡sorpresa!, el que pareciera haber iniciado el trasiego es nada más y nada menos que el generalote rojo rojito Rodolfo Marco Torres, ahora ministro para las Finanzas y vicepresidente del Consejo de Ministros para Planificación y Conocimiento (como ven les encanta un pomposo mote), el mismo que ha informado este pasado martes de un “nuevo sistema cambiario” que simple y llanamente no es más que otra macrodevaluación, la más grande vivida desde que la plaga de langostas castrochavistas comenzó a asolar Venezuela. Plaga de langostas rojas igual de letales que las que devastaron hace miles de años a Egipto y que bien la hemos conocido a través de relatos que encontramos en la Biblia, donde la definen como la “octava plaga” que devoró todo, hasta la última fuente de comida que quedaba en ese momento y que eran los cultivos… Así, tierras expropiadas o mejor dicho robadas, empresas y fábricas igualmente arrebatadas a sus dueños, corruptelas descaradamente oficializadas conllevan a esta ruina que nos asfixia sin piedad.
Sigue el control cambiario, base de mil chanchullos y groseras fortunas, control impuesto por Hugo Chávez el 5 de febrero de 2003. Doce años donde al ciudadano se le imponen una serie de trabas para poder tener acceso a divisas. Trabas que año a año se agudizan y restringen aún más la posibilidad de obtención de dólares para viajar, para realizar compras electrónicas, para estudiar en el extranjero, para importar artículos de cualquier clase. Control absolutamente aberrante, que ha permitido a esta “peste roja”, infinitamente corrupta e inepta, devaluar ya en seis ocasiones, incluida la de esta semana que expertos analistas ya sitúan en 300%.
Miente Maduro con el descaro que le caracteriza, mienten sus adláteres, mienten muchos que ven en este nuevo exabrupto cambiario una veta para amasar fortunas gigantescas sin riesgo. Venezuela está quebrada y sus verdugos son milmillonarios. Vivimos aquí atrapados entre hampones de distinto cuño y ahora ese cuento de Sistema Marginal de Divisas SIMADI que es más bien MARSINDI (Marginados Sin Divisas).