viernes 30  de  octubre 2026
TRAGEDIA FERROVIARIA

"Basta de mentiras... hoy da miedo subirse a un tren en España"

Con el accidente ocurrido en la línea entre Madrid y Andalucía en España, que ha dejado 69 muertos y más de 150 heridos, el país ha dicho adiós a la Alta Velocidad Española (AVE)... se ha roto toda confianza en el sistema de transporte español

Diario las Américas | Jorge Ignacio Pérez
Por Jorge Ignacio Pérez

Si de algo podía presumir España, además de su gastronomía, bares variopintos y de su intensa vida social, era de su red ferroviaria. Lamentablemente, hay que hablar en pasado, y duele mucho.

Con el accidente ocurrido esta semana en la línea entre Madrid y Andalucía, que en el momento de escribir esta crónica deja al menos 69 muertos y más de 150 heridos de diversa gravedad, el país ha dicho adiós a la Alta Velocidad Española (AVE); o sea, a sus 4.000 kilómetros (2.485 millas) de red de este tipo que era la más extensa de Europa y la segunda del mundo, solo por detrás de China.

Sí, hay que hablar en pasado porque se ha roto absolutamente la confianza de la ciudadanía, no sólo en los sistemas de seguridad de los trenes, sino en todas las infraestructuras de transporte del país.

La pregunta: ¿Cómo un tren choca con otro detenido en la misma vía?

El accidente de esta semana ocurrió en Urda, un pueblo de Toledo de 2.000 habitantes situado en el corazón de La Mancha, una zona de peregrinación que alberga la figura del Cristo de la Vera Cruz. Este "otro infierno de la alta velocidad", como titula una crónica de la prensa española, ocurre a nueve meses del siniestro en la misma vía, aquel en Adamuz, Andalucía, que costó la vida de 46 personas por un fallo de soldadura de la vía que hizo descarrilar al AVE. Con tan mala suerte que en ese momento pasaba otro tren de la compañía Iryo.

Ahora, según la investigación preliminar, ha fallado el sistema automático conocido como LZB, que detecta trenes en la vía y paraliza inmediatamente la circulación. El sistema se cayó y provocó la parada automática de seis convoyes en un tramo de 63 kilómetros (39 millas). Pero no solo falló este sistema, sino también otro de respaldo.

Una cifra, por el momento, de 115 muertes, entre los dos accidentes de la misma línea -por cierto, la más antigua del AVE en España, inaugurada en 1992 para la Expo de Sevilla- es lo que ronda por la cabeza de los españoles a un mes de las elecciones generales.

El Ejecutivo de Pedro Sánchez se apresuró a filtrar los audios -no completos- del puesto de mando de Atocha (Madrid) con la conversación entre el controlador de la línea y los maquinistas, uno de ellos fallecido tras el impacto.

"Desconecte y vuelva a conectar y reanude la marcha con marcha normal", dice el controlador, a quien Sánchez ha lanzado al fuego de la opinión pública para señalar "un error humano". Pero en el mismo audio se escucha cómo la maquinista del Iryo que se encontraba detenido dice que su tren no arranca. El AVE avanza durante unos 17 minutos y transita 25 kilómetros (15 millas) hasta impactar con el otro a una velocidad cercana a los 200 Kilómetros por hora (124 millas por hora).

En una rueda de prensa, el líder de la oposición (PP), Alberto Núñez Feijóo, dijo que señalar a una sola persona "es cobarde e inmoral", además de reconocer que recuperar la confianza en los trenes es una tarea difícil.

Siete de cada 10 muertes por accidentes ferroviarios ocurren en España

Un dato ofrecido por Feijóo pone los vellos de punta: España ha pasado de ser una referencia de la alta velocidad a registrar siete de cada 10 muertos en el mundo por accidentes ferroviarios.

Pablo Motos, el conductor de El Hormiguero, el programa de televisión más visto de España, abrió el jueves su show con una pregunta: ¿Dónde están los 160.000 millones de euros que la Unión Europea nos dio hace cinco años para infraestructuras?

"Basta ya de mentiras. La alta velocidad era el orgullo de España en el mundo entero y hoy da miedo subirse a un tren. Nos han engañado", sentenció.

El accidente de Toledo ocurrió en una zona despoblada y fueron los propios pasajeros quienes corrieron con los primeros auxilios.

En el programa radial Más de Uno, de Onda Cero, el presentador Rafa Latorre entrevistó a un sobreviviente y lo que narró no lo voy a reproducir aquí. No tanto por esquivar la crónica roja como por un simple ejercicio de curación de un posible trauma, aunque mucho menor, por supuesto, comparado con el que tendrá que lidiar ese sobreviviente. Solo voy a decir que, tras el impacto, los primeros vagones del AVE descarrilaron y fue el octavo el que se empotró con el tren detenido. Un vagón se metió dentro de otro.

Hace tres semanas, Fabrizio Favara, CEO de la compañía Iryo en España, compareció en el Senado para exponer el estado en el que circulan sus trenes. Dijo que tardaban "bastante tiempo" en reconectarse tras fallar el LZB. Y esto es lo que ha sucedido en Urda.

Este ejecutivo de Iryo, una propiedad conjunta de la compañía ferroviaria estatal italiana Trenitalia, añadió que el LZB es un sistema seguro, pero obsoleto.

La era dorada del ferrocarril español

En 2013, un accidente mortal en Santiago de Compostela puso en evidencia los sistemas de seguridad ferroviarios españoles. Pero al tratarse de eso, un accidente, la vida continuó con normalidad, encima de un tren.

Cuando me exilié en Barcelona en 2001, lo primero que comencé a disfrutar, además de la libertad de opinión y el acceso a la información, fueron los trenes. La preciosa ciudad con arquitectura modernista había soterrado las vías para evitar accidentes: trenes de cercanía, Ferrocarriles Catalanes, líneas de metro...todas menos las de un tranvía ultra moderno que acababan de inaugurar y "competía" con el tranvía Blau que subía al Tibidabo.

Este verano volví y tomé un tren de cercanías para visitar a un amigo en Vilanova i la Geltrú, un tren de dos pisos. Mientras pasábamos por la costa del Garraf, un tramo tan maravilloso como aterrador, intenté no ponerme nervioso. En mi mente estaba fresco el accidente de Adamuz, pero había algo que me daba seguridad. Era el recuerdo de un viaje que hice entre Barcelona y Gijón en el Talgo de largo recorrido que atraviesa los Picos de Europa. El acantilado de la costa del Garraf no era nada al lado de la altura de la vía asturiana, un verdadero hito de la ingeniería que me obliga a veces a decir: yo estuve allí.

Esta vez, la certeza del abandono de las infraestructuras en España me apretaba el corazón. Miré a mi hijo y estaba durmiendo. El tren se detuvo un par de veces para dar vía a otro y todo parecía normal.

Recordé que, durante la "era dorada" del ferrocarril español, la empresa estatal Renfe tenía este slogan: Si llega cinco minutos tarde, le devolvemos el dinero. También recordé las cinco palabras más comunes de ese maravilloso país, donde no hay -había- distancias imposibles: Te espero en la estación.

Según el líder del Partido Popular y por tanto de la oposición, el tráfico ferroviario desde 2018 casi se ha duplicado, pero el mantenimiento del sistema y la conservación no lo ha acompañado. "El problema es de gestión y el gobierno abandonó la cultura de la seguridad", remarcó.

Feijóo afirma que el país se encuentra en una situación crítica del sistema ferroviario y, en el accidente de Toledo, fallaron todas las capas de seguridad.

Es triste recordarlo, pero fue un brutal atentado yihadista a los trenes de Madrid el que cambió radicalmente el resultado de las elecciones en 2004. Ahora Sánchez reconoce que "no es asumible" en un país como España dos accidentes masivos de trenes en un mismo año y, con las urnas en cuenta regresiva, ya ha señalado a un culpable, un hombre en cuyo pellejo nadie quisiera estar.

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