DAMASCO.- Más de 70 personas murieron hoy en lo que se sospecha fue un ataque químico contra los rebeldes que continuaban atrincherados en el área de Guta Oriental, a las afueras de Damasco, aunque algunas organizaciones temen que el número de muertos supere los 150.

La organización de rescate formada por voluntarios Cascos Blancos aseguró en Twitter que un helicóptero lanzó un barril con químicos sobre Duma, que mató a al menos 150 personas y causó heridas a más de mil.

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Familias enteras murieron asfixiadas en sus refugios, denunció la organización, que añadió que la cifra de víctimas aumenta constantemente. En su cuenta de Twitter, la organización publicó fotos terribles de las presuntas víctimas, con espuma alrededor de la boca.

Entre los muertos en el bombardeo contra la ciudad de Duma hay "un gran número de niños", aseguró a dpa un portavoz de la Unión de Organizaciones de Cuidados y Socorro Médicos (UOSSM).

El portavoz Ari D'Souza afirmó que en el aire se percibía olor a cloro, pero que se cree que también se utilizó gas sarín porque se trata de una sustancia que se hunde y muchas de las víctimas fueron encontradas en refugios subterráneos.

En otro comunicado la organización asegura que está convencida de que habrá más de 100 muertos porque está teniendo "dificultades extremas para llegar hasta las víctimas por el continuo bombardeo de Duma".

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Las víctimas muestran síntomas consistentes con la inhalación de gas tóxico como "cianosis, espuma en la boca, irritación de las córneas y un olor pestilente a una sustancia como el cloro".

"Este es uno de los peores ataques químicos en la historia siria", afirmó el presidente de la UOSSM, Ghanem Tayara.

El Centro de Medios de Guta, cercano a la oposición, aseguró por su parte que hubo 75 civiles muertos y 1.000 afectados. "En torno a las 21:00 horas (del sábado) se lanzó un barril desde los helicópteros de Assad", aseguró en referencia al presidente Bashar al Assad. Según asegura, contenía "gas sarín".

Por el momento, la información no pudo ser corroborada de forma independiente.

La agencia oficial de noticias siria SANA negó las informaciones y aseguró que son "fabricadas" por los "terroristas" en un "evidente intento por frenar el avance del Ejército".

El Departamento de Estado de Estados Unidos aseguró que está analizando las "alarmantes informaciones". "Los reportes de varios contactos y personal médico sobre el terreno indican una cifra potencialmente alta de víctimas, incluyendo a las familias ocultas en los refugios", aseguró en un comunicado la portavoz Heather Nauert.

"Si se confirman, estas informaciones son horribles y exigen una respuesta inmediata de la comunidad internacional", agregó. Ya es conocido que el régimen sirio utiliza armas químicas en contra de su propio pueblo, dijo.

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Nauert subrayó que Rusia, como aliado de Siria "es responsable en última instancia de estos brutales ataques".

Una investigación de la ONU y de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) acusó al Gobierno sirio del ataque con gas sarín del 4 de abril de 2017 contra la localidad de Jan Sheijun, en manos de los rebeldes, que dejó unos 100 muertos. Tras el incidente, el presidente estadounidense, Donald Trump, ordenó bombardear instalaciones gubernamentales sirias.

Las fuerzas del Ejército sirio y los rebeldes intensificaron sus enfrentamientos en Damasco y alrededores el sábado ante el avance de las fuerzas militares para tomar el último bastión de resistencia rebelde cerca de la capital.

En los combates del viernes y sábado hubo al menos 48 civiles muertos por los bombardeos del Gobierno contra Duma, aseguró el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos.

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El Ejército sirio y sus aliados comenzaron en febrero una ofensiva para conquistar la región, de importancia estratégica por su cercanía con Damasco y que ya tienen casi por completo bajo su poder. Más de 1.600 personas murieron, según los observadores.

Reacción del gobierno de Estados Unidos

Por su parte, Estados Unidos amenaza con enrocarse en la eterna partida de ajedrez que supone la lucha por el liderazgo mundial y que en estos momentos tiene su principal tablero en Siria, un conflicto que, tras comenzar como una guerra civil en 2011, ha acabado degenerando en una lucha internacional contra el yihadismo.

A pesar de lo mucho que está en juego en esta particular partida, hasta ahora los principales jugadores extranjeros -Estados Unidos, Rusia, Turquía, Irán e Israel-, pese a no coincidir en las formas, parecían hacerlo en los objetivos: acabar con la presencia de terroristas islamistas y, en última instancia, estabilizar el país.

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Para alcanzar esa estabilidad, hasta la fecha, algunos abogaban por derribar al auténtico rey de la partida, el presidente Bachar al Asad, mientras que otros se mostraban partidarios por acabar con la pléyade de peones que amenaza el orden establecido.

Sin embargo, la intención del presidente de EEUU, Donald Trump, de ordenar la salida de sus tropas en cuanto se proclame la victoria sobre el Estado Islámico (EI), es decir "muy pronto", según declaró estos días, ha sacudido un tablero en el que los demás jugadores ven la oportunidad de dibujar a su antojo un nuevo escenario regional.

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"Los rusos, los iraníes, los turcos y, por supuesto, el propio Al Asad han mostrado un mayor interés en el futuro de Siria. Están dispuestos a emplear más tiempo, recursos y vidas en este conflicto que EEUU", explicó a Efe Melissa Dalton, analista del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS).

De hecho, el pasado miércoles, los líderes de Rusia, Irán y Turquía se reunieron en Ankara para abordar la situación en Siria.

Esta cumbre puso en jaque el liderazgo internacional de Washington, no sólo por el protagonismo del Kremlin, sino porque además parece legitimar a Irán como un actor importante en la región y pone a Turquía, un aliado de EEUU en la OTAN, en una posición que nadie esperaba hace sólo unos meses, cuando Ankara exigía la marcha de Al Asad.

De acuerdo con Dalton, esta decisión del comandante en jefe de EEUU puede llevar a una "conducta oportunista" por parte de Rusia e Irán, que podrían considerar que se trata de una ocasión perfecta para aumentar su influencia en la región ante "la duda" sembrada por Washington en cuanto a su compromiso con los países árabes.

La inminente vuelta a casa de los cerca de 2.000 militares que lideran una coalición formada por más de 60 países, cuyo objetivo es combatir al islamismo en Siria e Irak, podría debilitar, además, la lucha de EEUU contra el EI.

El principal aliado de EEUU en Siria en su lucha contra el EI, que actualmente se encuentra prácticamente acorralado en el valle del río Éufrates, es el contingente de las opositoras Fuerzas de Siria Democrática (FSD), cuyo objetivo, más allá de derrotar a los islamistas, es derrocar al presidente Al Asad.

Desde un punto de vista práctico, la promesa de retirada de Trump podría animar a las FSD a dejar de lado la lucha contra el terrorismo para centrarse en su objetivo: la caída del régimen.

"Yo diría que si se produce un anuncio definitivo de la salida de EEUU, generaría una preocupación significativa en las FSD, que considera a Washington un socio y aliado clave", dijo a Efe Mona Yacoubian, analista del centro de estudios United States Institute of Peace (USIP).

Esta posibilidad, no obstante, no parece preocupar en el seno del Pentágono puesto que, según oficiales consultados por Efe, tanto EEUU como las FSD tienen el objetivo común de alcanzar la victoria sobre los yihadistas.

Sin embargo, representantes de la oposición siria aseguraron a Efe en enero que existía un compromiso del Gobierno estadounidense de forzar la salida de Al Asad una vez fuera derrotado el EI.

El retorno de las tropas, consideró Yacoubian, "tendría un efecto negativo" en la lucha contra los islamistas porque es "fundamental" estabilizar los territorios que hasta hace unos meses configuraban el Califato del EI si se quiere obtener "una victoria duradera".

Por este motivo, no sería de extrañar que, tal y como señalan algunos medios, la cúpula militar le haya pedido a Trump que reconsidere sus palabras y no marque plazos artificiales.

Y es que la pacificación del país se antoja imprescindible si el Gobierno de EEUU quiere tachar definitivamente a Siria de su lista de posibles países patrocinadores del terrorismo islamista que Washington tanto teme.

Ya lo dijo esta semana en Washington el administrador de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), Mark Green. "Hagámoslo oficial: los programas de estabilización son más que una simple manifestación de la generosidad de Estados Unidos; son un componente clave de la planificación de nuestra seguridad nacional".

FUENTE: Con información de agencias

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