BANGKOK.- "Todo era felicidad al verlos salir", recuerda el buzo español Fernando Raigal, que participó en el rescate de los doce niños atrapados junto a su tutor en una cueva del norte de Tailandia.

"Mientras los trasladábamos algunos de ellos eran muy pequeños e iban sedados, pero era un alivio escuchar su respiración", cuenta en una entrevista a Efe tras su regreso a Bangkok, donde reside desde hace unos meses.

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El grupo -compuesto por doce niños de entre 11 y 16 años y un adulto de 26- fue encontrado la noche del pasado lunes en una isla de terreno seco a 4 kilómetros dentro de la caverna y tras nueve días de intensa búsqueda en la que participaron más de 1.300 personas
El grupo -compuesto por doce niños de entre 11 y 16 años y un adulto de 26- fue encontrado la noche del pasado lunes en una isla de terreno seco a 4 kilómetros dentro de la caverna y tras nueve días de intensa búsqueda en la que participaron más de 1.300 personas

Los chicos y el entrenador recibieron sedantes "para evitar que entrarán en pánico" durante el rescate y salieron al exterior "inconscientes", detalla.

La extracción empezó el domingo 8 y sacaron a cuatro chavales; el lunes 9, sacaron otros cuatro; y el martes 10, completaron la operación con los cinco restantes, entre ellos el adulto.

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El grupo del equipo de fútbol que fue rescatado dentro de la cueva.
El grupo del equipo de fútbol que fue rescatado dentro de la cueva.

Los estudiantes, de entre 11 y 16 años, y el entrenador, de 26, se adentraron en la caverna Tham Luang, en la provincia de Chiang Rai, el sábado 23 de junio tras completar un entrenamiento del equipo de fútbol "Jabatos salvajes", del que forman parte.

Una súbita tormenta inundó parcialmente la cavidad y les dejó atrapados en le interior.

La voz de alarma la dio una de las madres al ver que su hijo no regresaba a casa.

"Recibí un aviso (la noche del domingo) por parte de un conocido y a primera hora del lunes ya estaba ayudando en la cueva", dice el buzo, natural de Ciudad Real.

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Los pequeños futbolistas, junto a su entrenador, se habían quedado atrapados en una cueva.
Los pequeños futbolistas, junto a su entrenador, se habían quedado atrapados en una cueva.

Raigal, que aprendió a bucear con el Ejército y se especializó en trabajos de alta mar, cumplió 33 años en el interior de la cueva mientras contribuía a los preparativos.

Ayudo a colocar los cabos que sirvieron como guía a un grupo de buzos británicos experimentados en inmersiones subterráneas y de los cuales dos encontraron a los desaparecidos en una gruta a cuatro kilómetros de profundidad el 2 de julio: habían pasado nueve días desaparecidos, sin comida y en la oscuridad.

"Tenían un camino de cinco horas de ida y vuelta. El resto permanecimos a la espera de noticias. Cuando regresaron y dijeron que los habían encontrado fue tremendo (...) La operación de búsqueda había terminado y ahora tocaba el rescate", recuerda el voluntario español.

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Los niños se ven recuperados y su evolución ha sido progresiva.
Los niños se ven recuperados y su evolución ha sido progresiva.

La misión de salvamento, en la que participaban más de mil personas, fue tomando forma poco a poco para superar las numerosas complicaciones con las que se encontraron los equipos de rescate.

Había que bucear con visibilidad nula por laberínticos túneles llenos de estrechos pasadizos y rocas afiladas para alcanzar la cueva donde se encontraba el grupo.

La dificultad de la misión se hizo patente con el fallecimiento de Saman Gunan, de 38 años, quien perdió la conciencia por la falta de aire durante una misión de abastecimiento. Sus compañeros han iniciado una campaña de recogida de donaciones para su familia.

Durante la fase subacuática del rescate, colocaron a los atrapados una máscara especial que le cubría toda la cara y le permitía respirar con normalidad a través de los 150 metros que duraba la inmersión.

Una hilera de soldados y voluntarios, entre ellos Raigal, llevó en volandas una vez fuera del agua a los rescatados -que permanecían postrados en una camilla- hasta la entrada, donde aguardaban los equipos sanitarios para el traslado al hospital de Chiang Rai.

"Hubo un sentimiento de liberación al completar el traslado del último de los atrapados (...) El objetivo era sacar a los chavales 'cueste lo que cueste' y lo conseguimos", dice Raigal.

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Fotografía sin fechar cedida por el Real Ejército de Tailandia que muestra a varios miembros de un equipo de rescate mientras intenta drenar el agua de la cueva Tham Luang en Khun Nam Nang Non Forest Park (Tailandia).
Fotografía sin fechar cedida por el Real Ejército de Tailandia que muestra a varios miembros de un equipo de rescate mientras intenta drenar el agua de la cueva Tham Luang en Khun Nam Nang Non Forest Park (Tailandia).

Los trece se recuperan con normalidad en el centro sanitario y ninguno sufre de problemas graves de salud, según los partes médicos. Los primeros que salieron recibirán el alta el próximo domingo.

El ciudadrealeño evita la etiqueta de héroe: "Al fin y al cabo hemos acudido a una llamada de auxilio y lo hemos hecho lo mejor que pudimos", explica con humildad.

Dos británicos entre los héroes

Dos británicos fueron los que descubrieron a los 12 niños y a su entrenador atrapados en una cueva inundada en Chiang Rai, al norte de Tailandia. Una vez lograda la hazaña de sacarlos con vida, uno de ellos describió el momento cuando vio a los niños sentados dentro de la oscura cueva y encandilados con las luces que los rescatistas llevaban en sus frentes.

El bombero retirado Rick Stanton y su compañero de buceo John Volanthen encontraron a los niños en las profundidades de la cueva nueve días después de su desaparición.

Stanton habló con los medios este viernes en el aeropuerto de Heathrow, en las afueras de Londres. Lo acompañaban los buzos británicos Josh Bratchley, Chris Jewell y Connor Roe, el saltador irlandés Jim Warny y los rescatadores de cuevas Mike Clayton y Gary Mitchell, según una nota publicada por CNN.

Cuando se les preguntó cómo se sintieron cuando descubrieron vivo a todo el equipo de fútbol, Stanton respondió: "Emoción, alivio de que todavía estuvieran vivos. Mientras descendían por la ladera, los estábamos contando hasta que llegamos a 13. Increíble", dijo.

"Les dimos un poco de luz adicional, todavía tenían luz, se veían en buen estado de salud. Luego, por supuesto, cuando nos fuimos, todo en lo que podíamos pensar era en cómo íbamos a sacarlos. Había alivio, mezclado con incertidumbre", agregó.

Se negó a precisar cómo su equipo rescató a los niños, diciendo que eran "demasiados detalles para este momento".

"Lo más importante era una máscara facial completa con presión positiva para que respiraran y se relajaran lo suficiente como para no sentir ansiedad durante el proceso", dijo.

"¿Somos héroes?", se preguntó. "No, solo usamos un conjunto de habilidades únicas, que normalmente usamos para nuestros propios intereses y, a veces, podemos usar eso y devolverle algo a la comunidad", respondió.

Jewell dijo que las condiciones de buceo "eran extremadamente desafiantes, había poca visibilidad y responsabilidad por la vida de otro ser humano".

Todos con una sola misión

El espeleólogo británico Vern Unsworth, de 63 años, que vive en Chiang Rai, jugó un papel decisivo para vincular a las autoridades tailandesas con los expertos británicos. "Estaba programado ir a la cueva el 24 de junio de todos modos", dijo Unsworth a CNN en una entrevista en Tailandia.

El papel de Unsworth en el rescate también fue fundamental debido a su conocimiento íntimo del sistema de cuevas de Tham Luang, que describe como su "segundo hogar" después de pasar los últimos seis años explorándolo.

Él había estado involucrado en operaciones de rescate en cuevas en el Reino Unido antes, pero "nada en esta escala".

Fue Unsworth quien localmente identificó dónde creía que estaría esperando el equipo de Wild Boars. Fueron encontrados a 200 metros de ese punto, que era "probablemente el mejor lugar donde podrían haber estado", dijo.

La inundación de la cueva no pudo haber sido pronosticada, dijo, ya que la inundación había llegado entre tres y cuatro semanas antes que el año pasado.

"Estos niños fueron totalmente desafortunados. Lugar equivocado, momento equivocado", dijo. "Pasó muy rápido. No se puede culpar al entrenador, no se puede culpar a los niños", continuó.

Carrera contra el tiempo

En los primeros días de la operación de búsqueda, Unsworth dijo que rápidamente se dio cuenta de que se requería experiencia externa, y aconsejó a las autoridades tailandesas que contrataran buzos especialistas en cuevas que habían tratado con rescates similares en el pasado.

"Fue una carrera contra el tiempo", dijo. "Necesitaban buzos de clase mundial y eso es lo que obtuvimos", continuó.

Unsworth describió cómo después de la euforia de encontrar al equipo, se enfrentaron con la realidad de la tarea aparentemente imposible por delante: sacarlos de la cueva.

"Llegas a un escenario en el que a solo 200 metros de la cueva golpeas lo que llamamos un sumidero donde el agua se encuentra con el techo", dice. "Entonces, de todos modos, eso dificultaba la entrada al sistema, sin importar si empezábamos desde el punto de buceo, que era la cámara tres".

Niños sedados

Las complejidades del buceo en cuevas y la ruta peligrosa que los buzos tenían que tomar con los niños, muchos de los cuales no nadan, los llevó a decidir sedar a los niños para que "dejaran de entrar en pánico" durante el rescate, dice Unsworth.

"Fue la única manera", dijo. Añadió que esto también reduciría el daño psicológico a largo plazo, pues no recordarán el rescate real.

El siguiente desafío, dijo Unsworth, fue la coordinación entre todos los diferentes grupos, incluidos buzos de la Marina tailandesa y voluntarios extranjeros.

"Nunca habían estado involucrados en algo como esto", dice. "Creo que era solo comunicación. A veces era difícil. A veces las cosas se malinterpretaban".

Unsworth dijo que esperaba una "alta tasa de desgaste" en términos de la supervivencia de los niños, pero agregó que las esperanzas aumentaron después del primer día del rescate.

El empeoramiento del clima se sumó a las preocupaciones entre los equipos de rescate.

Mientras hablaba con CNN en un café al norte de Chiang Rai, Unsworth parecía exhausto física y emocionalmente, y todavía se tambalea por el resultado del rescate.

"Solo sacar a alguno de ellos vivos hubiera sido un milagro. Pero obtener 13 de 13 ... no volverá a suceder", dice. "(Es el) mayor milagro de todos los tiempos", finaliza.

FUENTE: EFE/DPA//REDACCIÓN

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