viernes 7  de  agosto 2026
VISITA OFICIAL

El papa Francisco mostró su lado más humano en recorrido por Ciudad de México

 El Papa Francisco pidió al conductor que bajara la velocidad para poder saludar a todos los que habían acudido a las calles de Ciudad de México para recibir su bendición 

MÉXICO.-AGENCIAS

Un fervor colectivo mostraron los mexicanos la mañana de este sábado cuando colmaron las calles de Ciudad de México para recibir a su Santidad el Papa Francisco, quien en cada momento mostró su lado más humano saludando a los niños, deteniéndose para bendecir a una persona con discapacidad y pidiéndole a conductor que bajara la velocidad cuando recorría las calles capitalinas. 

El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, aseguró que cerca un millón de mexicanos salieron a la calle para ver al papa Francisco junto con los que participaron en la misa en la basílica de Guadalupe en esta primera jornada del viaje a México

Francisco "esta muy contento de la acogida", aseguró Lombardi en la rueda de prensa que ofreció tras terminar la jornada.

Una jornada dura para el pontífice argentino, pero que "está muy bien de salud" y a pesar de que tuvo un contratiempo en el "camarín" al perder el equilibro se encuentra perfectamente, aseguró Lombardi.

El portavoz explicó que sólo tiene algunos problemas de movilidad debido a la cadera y para lo que hace fisioterapia, pero que "su salud es perfecta".

Lombardi recordó que la visita de hoy a la Virgen de Guadalupe era el gran deseo del papa en este viaje y destacó que en la basílica todos pudieron compartir, gracias a un cristal transparente, el momento de oración de Francisco ante la "Guadalupana".  

Recorrido de amor

El papa Francisco saludaba con la mano derecha alzada y una sonrisa, mientras Susana Soto lo cargaba bajo el brazo por las calles de Ciudad de México.

Como ella, otras personas que fueron a verlo pasar en el papamóvil por la Plaza del Zócalo, aprovecharon para llevarse de recuerdo unas siluetas de plástico en tamaño real que la alcaldía había puesto de adorno para darle la bienvenida.

"Estamos pensando si lo llevamos a la iglesia o lo dejamos ahí en la casa. Todavía estamos en ver, pero como vimos que bastante gente lo llevaba dijimos 'nos lo llevamos y ya, de una vez también", dijo Soto, una estudiante de 20 años, de la ciudad de Querétaro.
 

Soto salió a las cinco de la mañana desde Querétaro, unos 200 kilómetros al norte de Ciudad de México, para estar en las vallas frente a la Catedral y el Palacio Nacional.

Ahí Francisco fue recibido por el presidente Enrique Peña Nieto en el primer acto de su visita de cinco días a México y después de una vuelta en el papamóvil recibió las llaves de la capital de manos del alcalde Miguel Ángel Mancera y habló a los obispos en la Catedral.

Con cobijas para protegerse del frío en las primeras horas -y gorras o paraguas para taparse del fuerte sol después-, miles de personas se juntaron en el Zócalo, la principal plaza de la capital mexicana, aunque nunca llegó a estar lleno.

El Zócalo, acostumbrado a conciertos de rock o actos políticos multitudinarios, tenía sitios vacíos en unas gradas colocadas ante las pantallas gigantes y había unas tres filas de fieles detrás de las vallas.
 

"Muy poca venta. Este papa no tiene mucha motivación", se lamentaba Manuel Delgado, un vendedor de 70 años, que vendía postales del papa y pañuelos amarillos con la imagen de Francisco y la Virgen de Guadalupe en Madero, una calle peatonal. "En cambio, el otro papa... Mis respetos".

El otro al que se refería era a Juan Pablo II, que estuvo cinco veces en México en su pontificado y se robó el corazón de los mexicanos. Francisco apenas está debutando en México, con su hablar pausado y su manera afable de mandar fuertes mensajes.

"Tiene el ángel también, como Juan Pablo II. A lo mejor no tanto como él, pero tiene ángel. Un carisma muy bonito", dijo Soto.

Para Miriam Hernández, una fabricante de ropa de 46 años, cada uno tiene su estilo.

"A Juan Pablo II lo extrañamos porque fue un gran papa, también lo vimos y nos llenó, pero son carismas muy diferentes y eso es lo que muchas personas no entienden".

Desde su llegada a México, Francisco, de 79 años, no dudó en salirse del protocolo para ir a abrazar a quien se le cruzara.

Los primeros fueron cantantes y niños vinculados con el mundo del espectáculo, que le cantaron en el aeropuerto internacional de Ciudad de México y entre los que estaba el cantante Cristian Castro, el hijo de la actriz Verónica Castro.

En el centro histórico de la capital mexicana, que alguna vez fue el corazón el imperio azteca, militares, infantes de marina y policías establecieron un cerco de seguridad.

A diferencia de otros actos del papa, a los que sólo se podrá entrar con boletos, en el Zócalo se permitiró el paso a quien quisiera entrar, como había pedido el alcalde, aunque se establecieron arcos detectores de metales y se revisaron los bolsos grandes.

Muchos negocios de la zona, siempre bulliciosa y llena de gente, permanecieron cerrados hasta el mediodía.

En las cafeterías hubo televisores encendidos para escuchar al papa pedir a los políticos trabajar por el bien común y a los obispos "no minusvalorar el desafío ético y anticívico que el narcotráfico representa para la entera sociedad mexicana".

Francisco se fue de la Plaza del Zócalo, al salir de la Catedral, en un pequeño vehículo blanco mientras las campanas repicaban. Por la tarde tendrá uno de los actos más importantes de su viaje: una misa en la Basílica de Guadalupe, la virgen patrona de los mexicanos.

 

Estos carteles fueron pegados en Ciudad de México para llamar la atención de su Santidad, por la muerte de los 43 estudiantes, aún sin esclarecer (EFE)

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