sábado 8  de  agosto 2026
ECONOMÍA Y SOCIEDAD

Grecia, un país apuntalado así como la Acrópolis

Mientras rige la política de austeridad, la calidad de vida ha desaparecido, la tasa de desempleo es de 26% y entre los menores de 25 años, la cifra se dispara a 43%

ATENAS.- RUI FERREIRA

Especial

Nikos es un joven de 24 años que trabaja 14 horas diarias nueve meses por año. Dice que no gana mal, aproximadamente unos 1.800 dólares mensuales pero tiene que estirarlos para que alcancen para sobrevivir los 12 meses. Porque el empleo de Nikos es lo que en Europa se llama un ‘trabajo precario’. Es camarero en uno de los miles de cafés que hay en la capital griega donde la mayoría de los clientes son turistas que visitan el país por temporadas.

Es por ello, que Nikos refleja un poco la sociedad griega actual y lo explica con una desgarradora crueldad: “No puedo tener hijos. Un joven como yo, en estos momentos en Grecia, no puede hacer planes a futuro. Vivo en casa de mis padres, no puedo alquilar un apartamento y mucho menos comprarlo. Y mi novia vive en su casa de siempre, con la madre y la abuela. Ella es el único sustento del hogar. Tiene tres trabajos”.

No siempre fue así. De hecho, cuando Nikos terminó la secundaria y comenzó a trabajar, primero como mozo de recados en una oficina, después como peón de albañil y más tarde como mesero, la vida en Grecia era soportable. “No era la mejor pero podíamos ahorrar un poco, nos podíamos divertir y pensar en el mañana”, explica en un inglés entendible aprendido en la escuela.

Pero ahora su calidad de vida ha desaparecido. Las cifras económicas de Grecia son espeluznantes. En una población de poco más de 10 millones de personas, la tasa de desempleo es de 26%, (la media europea es de 11%), pero en los jóvenes con menos de 25 años, como Nikos, la cifra se dispara a 43%.

Endeudados

El país genera un producto interno bruto de 242.000 millones de dólares, una cifra que puede parecer robusta, pero que se desvanece ante la cruda realidad: Grecia ha recibido un paquete de ayuda financiera de la Unión Europea (UE) de 592.000 millones de dólares que tiene que reembolsar.

El pago de ese paquete es todavía una incógnita. Aunque el primer ministro Alexis Tsipras ha asegurado que piensa pagarlo todo, lo cierto es que las negociaciones todavía no han comenzado. El Gobierno griego ha caído en dos oportunidades en los últimos 18 meses precisamente a raíz del otorgamiento de esa ayuda, que muchos griegos consideran una imposición del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea (UE).

Los términos iniciales de devolución han sido considerados ‘leoninos’ por imponer una fuerte política de austeridad, donde el 45% de los jubilados griegos reciben menos de 640 dólares mensuales, un poco menos del salario mínimo de 660 dólares. El estado dedica 17% de su producto interno bruto sólo a pagar pensiones y Grecia tiene una de las mayores tasas de habitantes mayores de 60 años: 25,7%.

Alexis Tsipras fue electo la primera vez en enero pasado, precisamente prometiendo acabar con la política de austeridad. Pero la realidad se lo impidió. Renunció en agosto y fue reelecto un mes después. Y la política de austeridad sigue ahí.

Optimismo latente

Días después de la reelección, en las calles de Atenas se respira un ambiente más relajado. La vida ha vuelto a la normalidad, tras las fuertes manifestaciones del verano y las movilizaciones multitudinarias en la céntrica Plaza Sintagma frente al edificio del Parlamento y la tumba del Soldado Desconocido. “¿Lo negocios? Están un poco flojos pero espero recuperarme pronto”, dice Dimitrius Miamis, dueño de una tabaquería en una de las esquinas de la plaza.

Su optimismo, y el de muchos otros griegos, tiene que ver con que al ser reelecto y comenzar a renegociar el plan de pagos con la Unión Europea, Tsipras ha logrado apartar a un lado a los radicales de su partido de izquierda, Syriza, que eran los grandes obstáculos a un entendimiento con la UE.

“No creo que vayamos a ver una mejoría en lo inmediato. Pudiera tardar una década. Lo importante es bajar el desempleo y subir los salarios”, explica Achilles, un chofer de taxi que vive de recoger a los turistas que llegan al aeropuerto.

Turismo: la esperanza

Los visitantes siguen siendo la gran esperanza de la población laboral griega. Las autoridades aspiran a recibir este año unos 25 millones de viajeros extranjeros, porque el turismo interno se encuentra virtualmente paralizado. Sería un paliativo a una paralización económica en un país que a fin de año tendrá una deuda externa 180% superior a su producto interno bruto.

Grecia representa apenas el 7% de la economía europea. Pero uno de los grandes escollos al crecimiento es el impuesto a las ventas, el más grande de Europa, 23%, que en realidad ha sido una imposición de la Unión Europa cuando negoció el préstamo de rescate el año 2014.

A Tsipras y a los moderados de Syriza no les queda otra, de momento, que apuntalar el crecimiento económico con medidas paliativas, como imponer una mayor rigurosidad en la política de hacienda porque los griegos son conocidos por escapar al fisco. Lo demás, se resume a apuntalar lo que se vaya desmoronando.

Y en eso la Acrópolis es un buen símbolo de la realidad griega. Desde el año 1992 que las ruinas del Partenón se encuentran apuntaladas por andamios, aguantadas por grúas e inyectadas con cemento blanco.

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