lunes 10  de  junio 2024
ANÁLISIS

Homilía por Ucrania y su plena libertad

Ucrania es la encarnación del herido al borde del camino: de la actitud que asumamos frente a él depende hoy la salvación o la condenación de la humanidad
Por José Conrado Rodríguez Alegre

Homilía por la plena libertad e integridad de Ucrania, por la paz en ese país y el eterno descanso de los caídos en la guerra injustificable e injusta provocada por Rusia.

"Para Ucrania que sufre la primera palabra", evocando las palabras iniciales de José Martí en uno de sus más bellos discursos del destierro evocando la Isla amada y esclava, quiero comenzar estas palabras. "De altar se ha de tomar la Patria para entregarle la vida y no de pedestal para elevarnos sobre ella". Parecería que el pueblo ucraniano se ha decidido hacer realidad este ideario martiano. Me permito recordar que hace justo un año, un día como hoy, el 24 de febrero del 2022, las tropas rusas, desde diferentes puntos de la frontera, ingresaron en tierras de Ucrania, y bajo el eufemístico nombre de "operación especial" comenzaron la invasión más cruel y sangrienta habida en Europa desde que se terminó la Segunda Guerra Mundial, con la capitulación general alemana, el 8 de mayo de 1945.

Con estupor y asombro el mundo entero pudo contemplar cómo caían sobre Kiev y otras muchas ciudades ucranianas bombas y cohetes, mientras una larga fila de tanques desgarraban a una nación que ansiaba la paz, una paz que ya había comenzado a perder cuando ese mismo país, el más grande del mundo, uno de los más ricos y poderosos, se había apoderado de Crimea y de parte del Donbás 8 años antes. Rusia llevaba sembrando muerte y destrucción desde el 2014 en el suroeste de la nación. En solo unos meses, desde ese fatídico 24 de febrero, más de ocho millones de ucranianos abandonaron sus hogares y buscaron refugio en todos los países, que en gesto de solidaridad fraterna, les abrieron sus puertas. Detrás quedaban, sus héroes que no capitularon ante la fuerza bruta de los invasores y tomaron las armas para enfrentar al enemigo. Detrás quedaban sus muertos: sus hogares destruidos, sus escuelas e iglesias bombardeadas, sus hospitales devastados. Un manto de dolor y tinieblas cubrió a un país cuyo pueblo, con el alma desgarrada, "con sus pobres enseres, miedos, penas", supo llevarse la Patria en su corazón, y en él también, la esperanza de volver para reconstruir la tierra de sus mayores.

Hoy estamos reunidos para orar por ese pueblo, y para manifestar nuestra admiración y nuestro cariño por esa gran nación, por ese pueblo extraordinario. Hoy estamos reunidos para orar por ese pueblo, y para manifestar nuestra admiración y nuestro cariño por esa gran nación, por ese pueblo extraordinario.

Hoy estamos reunidos para apoyar, con nuestros corazones admirados, esta nueva lucha de David contra Goliat. La primera lectura que hemos escuchado hoy, nos habla de esa disyuntiva que Dios pone en frente de todo hombre: la elección entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte. La alternativa es clara y tiene una profunda dimensión espiritual y ética: el bien y la vida por un lado, el mal y la muerte del otro. Si y no, vida o muerte, bien y mal, verdad y mentira que resumen el destino humano, que encarnan la suerte misma de la humanidad y hasta la del mismo planeta que habitamos. Hay momentos muy concretos de la historia, en los que nuestros más esenciales retos toman cuerpo y pueden resumirse en sólo un nombre. Y ese nombre es hoy Ucrania.

Ucrania es hoy la encarnación del herido tirado al borde del camino: de la actitud que asumamos frente a él depende hoy la salvación o la condenación de la humanidad. "Verso, o nos condenan juntos, o nos salvamos los dos", al decir martiano. En esta "noche oscura de los gatos pardos", donde un dictador totalitario acusa a un presidente libremente elegido y medularmente democrático, por demás judío, de ser nazi. Por eso, se nos impone la necesidad del discernimiento para saber distinguir lo bueno de lo malo, lo injusto y lo justo, la mentira de la verdad. Esta es la hora de decidir de parte de quién vamos a estar. Quién es el prójimo del que Dios nos pide ser "buenos samaritanos". Está claro que debemos estar del lado del oprimido, no del opresor. Con la víctima, no con el victimario.

Pero esta reflexión sería retórica hueca si no llamamos las cosas por sus nombres. ¿Qué facilitó a Putin convertirse en agresor impune y victorioso? Ser un autócrata, sin verdadera oposición en la Duma, con el control absoluto de la información dentro de su país y con el poder de reprimir cualquier manifestación de disidencia por parte de su propio pueblo. En su imaginación el señor Putin pensó que el interés de los pueblos de Europa, necesitados del petróleo y el gas rusos, le dejaría con las manos libres para dominar al pueblo de Ucrania. El pensó que el pueblo de Ucrania, cansado de los 8 años de guerra en el Donbás y los 30.000 muertos que resultaron de ella, no tendrían fuerzas para enfrentar al atacante. Craso error. El pueblo ucraniano ha dejado en claro que están dispuestos a luchar por su patria, su libertad, su democracia.

Sin el testimonio de su valor y dignidad sería imposible movilizar las fuerzas de solidaridad y sacrificio que hemos visto en toda Europa y en tantas partes del mundo. Al luchar con denodada valentía, se han salvado ellos y nos han salvado a nosotros. Una cosa queda clara: los ucranianos no quieren ser rusos, quieren ser libres.

Ante su valentía, callar se convierte no solo en cobardía imperdonable, sino en crimen de lesa humanidad. El silencio nos haría cómplices de los crímenes que el ejército ruso y las huestes criminales de los chechenos de Kadirov y de los mercenarios de Prigozhin y su banda Wagner, han estado realizando en Ucrania.

Permítanme recordar de nuevo al Apóstol de nuestra Independencia política y de nuestra libertad espiritual, que en su comentario al poema "Niágara" de Juan A. Pérez Bonalde lo expresó de esta manera: "Las redenciones han venido siendo teóricas y formales: en necesario que sean efectivas y esenciales. Ni la originalidad literaria cabe, ni la libertad política subsiste mientras no se asegure la libertad espiritual. El primer trabajo del hombre es reconquistarse... ¡Asesino alevoso, ingrato a Dios y enemigo de los hombres, es el que so pretexto de dirigir a las generaciones nuevas, les enseña un cúmulo aislado y absoluto de doctrinas, y les predica al oído antes que la dulce plática del amor, el evangelio bárbaro del odio! ¡Reo es de traición a la Naturaleza el que impide, en una u otra vía, y en cualquier vía, el libre uso, la aplicación directa y el espontáneo empleo de las facultades magníficas del hombre!"

Quizá en ningún otro texto del Apóstol quede tan en evidencia su pensamiento respecto al servicio público como en la carta que con fecha 20 de octubre de 1884 escribiera al Generalísimo Máximo Gómez. Reunidos a petición de Martí para discutir los detalles de la guerra a emprender, su espíritu y propósito, los dos jefes militares del 68 y el líder civil, ante un giro de la conversación en el que Martí descubre en ambos generales ciertos atisbos de caudillismo, cierto interés de gloria mundana, de poder terrenal, de militarismo rampante, Martí se desmarca y tomando distancia del propósito inicial (lograr la libertad política y civil para los cubanos) llega a decirle a Gómez: "Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento... ¿Qué garantías puede haber de que las libertades públicas, único objeto digno de lanzar a un país a la lucha, sean mejor respetadas mañana? ¿Qué somos, General? ¿Los servidores heroicos y modestos de una idea que nos calienta el corazón, los amigos leales de un pueblo en desventura, o los caudillos valientes y afortunados que con el látigo en la mano y la espuela en el tacón se disponen a llevar la guerra a un pueblo para enseñorearse después de él?"

Para concluir diciendo: "La Patria no es de nadie: y si es de alguien, será y esto sólo en espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia".

Para más adelante aseverar: "A una tentativa armada que no vaya pública, declarada, sincera y únicamente movida, del propósito de poner a su remate, en manos del país, agradecido de antemano a sus servidores , las libertades públicas; a una guerra de baja raíz y temibles fines, cualesquiera que sean su magnitud y condiciones de éxito -no prestaré yo jamás mi apoyo- valga mi apoyo lo que valga". Finalmente sentencia: "Respetar a un pueblo que nos ama y espera de nosotros, es la mayor grandeza. Servirse de sus dolores y entusiasmos en provecho propio sería la mayor ignominia".

Fue la gran poetisa chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura, la que descubrió el profundo vínculo que existe entre el concepto martiano de la guerra necesaria, guerra sin odio, guerra por amor y con amor, que presupone en medio mismo de la contienda, el perdón y el deseo de reconciliación, con el pensamiento del Apóstol Indio de la no-violencia, el Mahatma Gandhi. En las bases del Partido Revolucionario Cubano ya se explicita este propósito que luego se profundiza en el Manifiesto de Montecristi. Pero, hay que reconocerlo, Gandhi lo llevará a cotas más altas: "estoy dispuesto a comprometerme hasta morir, pero nunca consentiré en matar". Gandhi descubre el principio evangélico que se expresa en el consejo de poner la otra mejilla, y en caminar dos millas con quien te pide una. En dar también la túnica a quien te exigió sólo el manto. Dispuesto a morir pero nunca a matar.

Aquí encontramos el vínculo con el Evangelio que hemos escuchado en la Misa de hoy. "El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y que venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará". Ucrania se encuentra en una encrucijada frente a la hybris del poder, que destilan las palabras, las actitudes y las acciones de un Putin enfermo de poder. Que la luz brille en las tinieblas, que una vez más Dios sostenga nuestra resistencia ante el mal, nuestra lucha por la libertad propia y ajena, y esa solidaridad con los demás, de la que tan hermosos ejemplos nos han mostrado a lo largo de este año el pueblo ucraniano, sus dirigentes y sus soldados. Que Dios bendiga a Ucrania, que el Señor siga siendo el maestro de este pueblo y de todos los que estamos aprendiendo de este pueblo extraordinario.

No quiero terminar estas reflexiones sin hacer referencia a un libro clásico de la cultura europea. Me refiero a la novela "Las Amistades Peligrosas", del autor francés Pierre Choderlos de Laclos, que tan exitosamente han llevado a la pantalla artistas de la talla de Glenn Close, John Malkovich y Michelle Pfeiffer entre otros. Nos cuenta la historia de la despechada marquesa de Montreuil, que para vengarse corrompe a la futura esposa de un antiguo amante y de una virtuosa mujer, la señora de Tourvel. A consecuencia de estas malvadas maquinaciones mueren varios personajes y queda en evidencia la malvada y corrupta actuación de la marquesa de Montreuil. El rechazo universal a esta última, la convierten en una paria social, objeto del ostracismo universal. A los pueblos y a sus dirigentes les faltaría aprender la formidable arma que constituye el rechazo social que los hombres de bien pueden ejercer, y que va desde la denuncia de los dictadores y políticos corrompidos, y que alcanza las dimensiones de los boicots económicos y el desenmascaramiento social frente a las manipulaciones e injusticias de los poderosos. Por poner un ejemplo cercano, el encarcelamiento del obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Alvarez condenado a 26 años de prisión, por parte de ese Putin de bolsillo que es Daniel Ortega, actual presidente de Nicaragua, debería movilizar la indignación y la repulsa de los hombres y mujeres de buena voluntad en todo el orbe. Basta de representar esa farsa que permite a los poderosos aplastar con su mentira y su manipulación a los hombres y a los pueblos. Llegó la hora de la verdad para los déspotas que solo causan dolor y muerte a sus propios pueblos y a los demás seres humanos.

Señora embajadora de Ucrania en Cuba, señores miembros del cuerpo diplomático en nuestro país, señores embajadores de la Unión Europea en Cuba, hermanos y amigos: Como dijo nuestro amado José Martí, Apóstol de nuestra independencia, el Hombre Mayor de nuestra historia "hay hombres que llevan en sí el decoro de muchos hombres, el decoro de todo un pueblo". Hoy vengo, aunque a título personal, sintiéndome, como cubano en representación de mi pueblo, como hombre de fe, en representación de tantos creyentes cubanos y del mundo entero, que con su oración y cariño, hoy acompañan al noble pueblo de Ucrania.

Vengo para apoyar el decoro y la dignidad de un pueblo que ha decidido ser libre y luchar, por su propia dignidad y por la dignidad y el decoro de toda la humanidad: me inclino, reverente y admirado ante el valor del pueblo ucraniano, ante su sacrificio y espíritu de lucha.

¡Honor a quien honor merece! Quiero encomendar las almas de quienes, hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos, han muerto, víctimas de la violencia fratricida. Como decía el P. Varela, "la maldad triunfa sólo cuando la virtud se vuelve tímida". No ha sido así en Ucrania. Me felicito por ello. Los felicito por ello.

Señora embajadora, esta humilde bandera de Ucrania que tengo entre mis manos, fue colocada hace un año, a los pies de nuestra patrona, la Virgen de la Caridad del Cobre. Esta bandera, que confeccionó una señora de la parroquia, madre, abuela y recientemente bisabuela, ha sido testigo de nuestras oraciones por su país y por su pueblo. Esta bandera, en el día de ayer fue besada y acariciada por todos los feligreses de ambas comunidades (la Santísima Trinidad y San Francisco de Paula en la ciudad de Trinidad) que participaron en mi parroquia en la Misa que celebramos, orando por la libertad y la integridad de su país, por el regreso de todos los desterrados, por el eterno descanso de todos los fallecidos a causa de esta guerra insensata, injustificada e injustificable, como lo ha dicho tantas veces el Papa Francisco. En nombre propio y de mis feligreses y en nombre también de nuestros hermanos del exilio le pido que la haga llegar al Señor Zelenski, como muestra de nuestro apoyo al pueblo y al gobierno de su país.

Quiero terminar mis palabras evocando la "Oda a la Alegría", el incomparable poema de Friedrich Schiller, inmortalizado por Ludwig van Beethoven, en su Novena Sinfonía, actualmente el Himno de la Unión Europea:

"Escucha, hermano, la canción de la Alegría,

El canto alegre del que espera un nuevo día

Ven, canta, Sueña cantando, vive soñando el nuevo sol

en que los hombres volverán a ser hermanos.

Si en tu camino sólo existe la tristeza

y el llanto amargo de la soledad completa

Ven, canta, Sueña cantando, vive soñando el nuevo sol

en que los hombres volverán a ser hermanos.

Si es que no encuentras la alegría en esta tierra

búscala hermano más allá de las estrellas.

Ven, canta, sueña cantando, vive soñando el nuevo sol

en que los hombres volverán a ser hermanos.

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