MADRID.- España celebra el domingo las terceras elecciones parlamentarias en poco más de tres años, sin que haya perspectivas de que pongan fin a la inestabilidad política que comenzó en 2015 en la medida en que son las más disputadas e imprevisibles de las últimas cuatro décadas.

La incertidumbre es tan alta que los partidos imploran a los indecisos (entre un 30 y un 40% según las encuestas) y los abstencionistas, y quien acabe gobernando "va a depender de un puñado de votos", dice a EFE la catedrática de Comunicación Política de la Universidad Complutense de Madrid María José Canel.

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A ello contribuye también el sistema electoral español, que perjudica a los partidos menos votados en las provincias más pequeñas, aquellas donde se eligen cinco o menos diputados en cada caso.

Lo único que parece seguro es que los socialistas ganarán las elecciones con mayoría simple, según todos los sondeos, pero esto no les garantiza seguir gobernando; otra certeza es que el partido de extrema derecha Vox conseguirá representación parlamentaria por vez primera.

En un Parlamento que se prevé muy fragmentado, la clave de un posible pacto de gobierno puede estar en partidos minoritarios, pero decisivos, como independentistas catalanes y nacionalistas vascos o el mismo Vox.

"Los niveles de fidelidad del voto de los partidos se han debilitado y por eso tenemos tanta volatilidad (electoral)", explica a EFE la catedrática de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) Irene Delgado.

Salarios atascados, vivienda cara y creciente migración

España se enfrenta a las elecciones del próximo domingo en un momento convulso, sin haberse recuperado del todo de la crisis económica y afrontando nuevos retos como la baja natalidad o el precio de la vivienda. Retos a los que los representantes políticos no acaban de encontrar respuestas.

Entre 2010 y 2017, el salario medio ha quedado estancado en torno a los 1.800 euros mensuales, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), a pesar de que el país haya superado la recesión económica que provocó su descenso en los años previos.

Además, en un país que fue referente de las movilizaciones feministas del 8 de marzo, la brecha salarial entre hombres y mujeres asciende al 22,3 %. Esto supone que las mujeres cobran una media de casi 5.800 euros menos al año que los hombres por ejercer el mismo trabajo.

A pesar de la recuperación económica, la tasa de desempleo sigue siendo elevada, de un 14,45 %, a lo que se suma que casi un 90 % de los nuevos empleos que se generan son de carácter temporal. De hecho, el porcentaje de contratos de menos de una semana se ha duplicado entre 2007 y 2018.

Por su parte, el coste de la vivienda sube mucho más que los salarios. El precio de compra registró en 2018 el mayor crecimiento desde 2007, con un aumento del 6,7 %, y un incremento por quinto año consecutivo, según el INE.

Y el precio de los alquileres subió entre un 9,3 y un 10 % el año pasado, según varios estudios privados. El resultado es que España es el país de la OCDE que más porcentaje de sus ingresos destina al pago de la vivienda: el 37 % de las familias asigna más del 40 % de sus ingresos.

Invierno demográfico

Una de las principales consecuencias de esta inestabilidad financiera, junto a las dificultades para la conciliación, es el descenso de los nacimientos: en 2018, España registró la tasa de natalidad más baja desde 1941, situándose como el antepenúltimo país de la Unión Europea.

Según el INE, un 42 % de las mujeres de entre 18 y 55 años retrasó la maternidad más de lo deseado por cuestiones laborales y un 88 % de las menores de 30 no ha tenido ningún hijo.

"Tengo suerte porque trabajo en la empresa familiar, pero si no tuviese unas buenas condiciones laborales me habría visto obligada a retrasar la maternidad hasta tener estabilidad", explica a Efe Amaia Mendizábal, de 28 años y embarazada de ocho meses, desde la ciudad de Logroño (norte).

"Mis amigas, en cambio, están en trabajos precarios, con sueldos muy bajos, y muchas ni siquiera han podido independizarse, por lo que, aunque quieran tener hijos, lo van a tener que dejar para mucho más tarde", relata. "No puedes tener un hijo si aún sigues viviendo con tus padres", sentencia.

Mientras baja la natalidad, aumenta la esperanza de vida de los españoles, que podría ser la mayor a nivel mundial en 2040. Según las proyecciones de población del INE, en 2033 uno de cada cuatro españoles tendrá 65 o más años. Y en 2068, casi uno de cada tres.

Algunas posibles causas del aumento de la longevidad son la dieta mediterránea, que ayuda a prevenir las enfermedades cardiovasculares, o el sistema sanitario público, considerado el séptimo más eficaz del mundo por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Pensiones e inmigración

Ante esta pirámide demográfica invertida, mantener el actual sistema de pensiones implica un reto cada vez mayor: aumentar el número de trabajadores que cotizan a la Seguridad Social, y ante la falta de nacimientos la única vía que se abre es la de la inmigración.

Actualmente los inmigrantes suponen un 13 % de la población activa, pero no es suficiente: el FMI estima que sería necesaria la llegada de 5,5 millones hasta 2050 para sostener el sistema de pensiones público, además de subir las cotizaciones y aumentar la vida laboral.

Sin embargo, la realidad es que España no cuenta con un sistema organizado de inmigración, por lo que muchos llegan al país en condiciones infrahumanas, indocumentados y por tanto, sin poder trabajar de forma legal.

Jóvenes precarios y fuga de cerebros

Y, mientras unos llegan, otros se ven obligados a irse: un millón de españoles ha emigrado desde el comienzo de la crisis, situando la cifra total en más de dos millones.

Los jóvenes altamente cualificados son las mayores víctimas de esta "fuga de cerebros", dada la precariedad a la que se suelen enfrentar: la educación universitaria es de alta calidad, pero la tasa de desempleo juvenil asciende al 24,4 %.

Muchos sólo encuentran trabajo a jornada parcial, con un salario inferior, y más de la mitad trabajan en puestos para los que están sobrecualificados.

El resultado es que casi dos millones de jóvenes españoles viven en situación de pobreza, según un informe de 2017 del Consejo de la Juventud de España.

Alejandro Ranchal, un madrileño que realiza su doctorado en la Universidad de Sidney (Australia), lleva cuatro años fuera de España. "La primera vez que me planteé irme fue cuando me quitaron la beca universitaria, a pesar de tener un 9,7 de media", señala a Efe. "Ahí fue cuando dije: 'si este país no invierte en mí, yo tampoco voy a invertir en este país".

"Aquí en Sídney hay muchos españoles que vienen huyendo de la precariedad laboral", lamenta.

FUENTE: Con información de EFE

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