NUEVA YORK.- La pandemia de coronavirus ha restringido el acceso de los periodistas a muchos eventos y datos, y a veces ha suscitado incluso censura y amenazas, debilitando un poco más una prensa ya en serias dificultades.

Hay menos conferencias de prensa físicas, hay que enviar las preguntas por anticipado, a veces los dirigentes no aceptan preguntas, hay pedidos de información que quedan sin respuesta: la información circula mal en la era del COVID-19.

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Un ejemplo es lo que sucede en los encuentros internacionales de fútbol. La UEFA suprimió las zonas mixtas, donde los periodistas podían interrogar a los jugadores. Durante la Semana de la Moda, con desfiles presenciales y virtuales (la mayoría), no fue casi posible entrevistar a los diseñadores.

Instituciones, gobiernos, funcionarios electos, empresas, ligas o federaciones deportivas deben adaptarse ciertamente a los protocolos sanitarios, pero regularmente "vemos situaciones en las cuales se usa el covid para disimular la información", dijo a la AFP David Cuillier, profesor de periodismo en la Universidad de Arizona.

Estos intentos afectan en primer lugar la información sobre la propia pandemia, que puede reflejar una mala gestión del virus por parte de un gobierno federal o local.

La gobernadora de Kansas, Laura Kelly, rechazó esta semana un pedido del portal de informaciones Kansas Reflector para obtener la dirección de los comercios donde hubo focos de infección.

Para no comunicar el número de casos en un hogar de ancianos o una universidad, algunos aluden a la protección de datos personales, aunque estas sean informaciones en las cuales las personas permanecen anónimas, subrayó Cuillier.

Agencias gubernamentales, consejos municipales u organizaciones locales toman decisiones "al abrigo de miradas indiscretas", constató este expresidente del sindicato estadounidense de periodistas SPJ.

En política, el candidato demócrata Joe Biden es regularmente acusado de protegerse de los medios con la excusa de la pandemia.

Su equipo de campaña solo ha autorizado a una docena de reporteros y de fotógrafos a cubrir sus giras, bajo el argumento de que hay que cumplir ciertos protocolos sanitarios.

Cuando acepta preguntas de la prensa, lo cual es raro, sus responsables de comunicación designan a los cuatro o cinco periodistas que lo interrogarán, al punto de que los republicanos lo acusan, sin pruebas, de recibir las preguntas previamente.

"Controlar el mensaje"

Al problema de acceso a la información se suma el hecho de que los periodistas son objeto de censura en varios países, una medida presentada como una forma de luchar contra la desinformación vinculada a la pandemia, sobre todo en Tayikistán.

Otros países como China o Egipto anularon visas u ordenaron la expulsión de periodistas extranjeros tras la publicación de artículos críticos sobre el manejo de la pandemia.

Estas dificultades se inscriben en un contexto ya desfavorable para la prensa, que sufre en todo el mundo una caída de sus ingresos acentuada por la pandemia, sobre todo a nivel local.

Las redacciones son cada vez más pequeñas y los periodistas "ya no tienen tiempo" de trabajar sus fuentes y analizar los datos públicos, estimó Cuillier.

"Entonces una parte creciente de la información pública es entregada a los periodistas previamente masticada" por portavoces o expertos en relaciones públicas "sin verificación, lo cual no es bueno".

En deporte, los medios que difunden los partidos, que muchas veces pagan fortunas a cambio de obtener estos derechos, ya eran privilegiados antes de la pandemia en relación a otros periodistas, y ahora lo son aún más, incluso cuando estos lazos financieros representan un potencial conflicto de interés.

"Las maniobras de los políticos y otros para controlar su mensaje solo han tomado amplitud estos dos últimos años", reflexionó Courtney Radsch, del Comité de Protección de Periodistas (CPJ), para quien la tendencia se reforzó con el covid-19.

El CPJ publicó en 2013 un informe desfavorable sobre el gobierno de Obama, y los esfuerzos para controlar el mensaje continuaron bajo la presidencia de Donald Trump, dijo.

En todas las áreas, el acceso a la información se ve complicado por la desconfianza creciente del público frente a la prensa.

En las protestas que tuvieron lugar en Estados Unidos tras la muerte de George Floyd, los periodistas fueron criticados por la policía "pero también por manifestantes que en algunos casos no quieren una cobertura mediática independiente", sostuvo Radsch.

"Nos dirigimos hacia un periodo sombrío si nada cambia", se inquieta Cuillier. "Todo esto podría llevarnos, de aquí a 20 o 30 años, al fin de la democracia como la conocemos".

Si bien reconoce que la situación es "peligrosa", Radsch constata no obstante un "creciente reconocimiento" de algunas personas sobre "el rol importante que desempeña el periodismo durante la pandemia".

"La confianza en los medios locales gana terreno", explicó recientemente al Instituto Poynter de investigación en periodismo un reportero de Florida, Joe McLean, que cubrió la reapertura de escuelas en plena pandemia. "Nos dan la ocasión de mostrar nuestra integridad (...), nuestra credibilidad".

FUENTE: AFP

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