No tiene dinero ni crédito, pero planes de alto vuelo: en el camino a cumplir sus sueños en la aviación, Tshepang Ralehoko, de Sudáfrica, lucha contra dificultades de todo tipo. "Seré piloto comercial", dice con convicción.

La formación para la profesión de sus sueños vale entre 74.600 y 106.600 dólares, dinero que esta joven de 23 años no tiene. Sin embargo, está a punto de terminar con la instrucción de piloto privada gracias a una acción sin precedentes, que le valió la atención de todo el país.

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Con su madre amasó miles de galletitas que vendió antes de Navidad a empresas y a particulares con el fin de financiar su formación. Una panadería de su barrio ofreció ayuda y la apoyó. Además, se sumaron donaciones a través de un proyecto de crowdfunding en las redes sociales.

"Es importante comunicar abiertamente que se necesita ayuda. A una no debería darle vergüenza hablar sobre eso", indica. A través de Twitter no sólo se conectó "con las personas correctas", como comenta, sino que rápidamente se convirtió además en inspiración para mujeres con sueños y problemas similares.

De Sudáfrica al cielo, una mujer en la aviación

Esta mujer decidida del "township" (suburbio) de Atteridgeville en Pretoria es un ejemplo para la nueva generación del continente, que busca su lugar en la delantera y aprovecha cada vez más las ventajas de la digitalización.

"Abandonar no es una opción", es el lema por el que se rige Tshepang. Hasta ahora le funcionó: la licencia de piloto privada, después de todo, es un primer paso en su formación para convertirse en piloto de un avión comercial.

Al igual que Tshepang, cada vez más mujeres en Sudáfrica encuentran su camino en la aviación, logran sentarse en la cabina y luchan con una tenacidad admirable. Como Refilwe Ledwaba, que en 2005 se convirtió en la primera piloto de la raza negra que voló un helicóptero en la Policía de su país y hoy trabaja como instructora.

Ella está detrás de la Fundación GFPA, que busca allanar el camino a jóvenes africanas hacia profesiones en el ámbito de la aeronavegación y está activa en escuelas de diversos países de la región. "En ese marco, el interés de las mujeres jóvenes aumentó notablemente en los últimos años", confirma Nandi Zama, de la Fundación GFPA.

Así como Tshepang, Ledwaba creció en un barrio pobre. Un trabajo como azafata para financiar su estudio de medicina la inspiró a buscar una carrera en la aviación.

El sector de la aviación, no sólo en Sudáfrica, está dominado aún por blancos y hombres. La Sociedad Internacional de Mujeres Pilotos de Aerolíneas estima que en las grandes compañías aéreas hay un cinco por ciento de pilotos mujeres. Y sólo un 1,4 por ciento trabaja como comandante de a bordo.

"Debemos cambiar la idea de que las profesiones de la aviación sólo las pueden desempeñar los hombres", observa Tshepang Ralehoko, que cuando era adolescente estuvo una vez en la cabina de un simulador de un Airbus mediante un proyecto de su colegio.

"Hasta entonces siempre había visto a hombres blancos con uniforme de piloto y pensaba que las mujeres no podían hacerlo", recuerda. Esa visión no cambió hasta que aparecieron precursoras como Refilwe Ledwaba, que inspiraron a jóvenes como Tshepang.

También ella ya ha recibido invitaciones para dar charlas en varias escuelas, pero aún duda. "Si inspiro a jóvenes alumnas, no quiero alentar falsas expectativas, sino también poder ofrecer soluciones", dice.

Eso llegará cuando tenga la licencia de piloto comercial. Algún día Tshepang quiere agradecer la gran ola de apoyo que recibió en el duro camino hasta alcanzar la profesión de sus sueños. "Una de mis metas en la vida es en algún momento allanar el camino a la cabina a diez mujeres jóvenes", revela, segura de sí misma.

FUENTE: EUROPA PRESS

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