ROMA.- Debido a lo terrible de la historia, Alice Gautreau recuerda muy bien a Blessing, una nigeriana de 16 años: la niña fue secuestrada en su pueblo a las afueras de la ciudad de Benin y obligada mediante rituales vudú a obedecer a su captora.

Luego fue vendida a un nigeriano en Libia que la violó reiteradas veces hasta que quedó embarazada. Él volvió a venderla a otro hombre que la llevó a un campamento hasta que una mañana la arrastró a la playa y la metió en un bote del que luego fue rescatada en el Mediterráneo.

Ocurre muchas veces que las mujeres, sobre todo las nigerianas, son rescatadas del mar, pero no liberadas de las garras de los traficantes de personas, que las explotan sexualmente cuando llegan a una Europa supuestamente segura.

Desde que Gautreau trabaja como matrona para Médicos Sin Fronteras a bordo del barco de "Aquarius" de la organización de ayuda SOS Méditerranée, escucha cada vez más historias como la de Blessing. Gautreau está segura de que la joven de 16 años se ha convertido en víctima de los traficantes de personas para su explotación sexual. Cada vez hay más de ellas a bordo de los barcos de refugiados que cruzan a Europa para prostituirlas.

"Antes de subir a bordo había leído sobre la violencia sexual y los llamados inmigrantes económicos que llegan a Europa por el Mediterráneo. Pero tengo que decir que la trata de seres humanos no era un gran tema en mi cabeza", relata la matrona.

Un 75 por ciento de las nigerianas que cruzaron el año pasado el Mediterráneo y fueron rescatadas y llevadas a Italia son víctimas potenciales de los traficantes para su explotación sexual, asegura la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). En los últimos años la cifra ha aumentado en un 600 por ciento.

Gautreau intenta hacer hablar a las mujeres en las horas que median entre su rescate del mar y la llegada del "Aquarius" a Italia mientras las atiende en el "refugio". Se trata de una sala en la que solo pueden estar mujeres y niños, separadas de los hombres en la cubierta. Tras el rescate a finales de junio cada centímetro del suelo está cubierto. Hay 99 mujeres, 72 de Nigeria. Nueve están embarazadas.

Fulfilment y Tracy estuvieron 16 horas en un bote neumático hasta ser rescatadas. También ellas vienen de Nigeria. Tracy, de 23 años, dice ser huérfana, y Fulfilment, apenas de 16 años, mira al suelo tímidamente mientras habla.

"Me han prometido que en Europa podré ir a la escuela", dice Fulfilment. "En África nos trataron como esclavas". Las dos dicen no recordar cómo llegaron desde Nigeria a Libia. ¿Pagaron algo por el viaje en el barco, por el que los traficantes suelen exigir enormes sumas? "No, nada", dice Fulfilment.

Para la OIM estos son los indicios de que una persona ha caído en las redes de los traficantes. "Quería ir a Italia porque me dijeron que en cuanto llegara podría trabajar en una peluquería", cita la OIM a una chica nigeriana de 17 años. "El trabajo era una mentira. me obligaron a convertirme en prostituta". Era la única forma de pagar las "deudas" por su viaje, que según la OIM los traficantes cifran entre 25.000 y 35.000 euros.

La mayoría de las afectadas son mujeres de entre 13 y 24 años. Cuando van en grupo son siempre las más tímidas y dejan que otros inmigrantes hablen por ellas. A menudo dicen ser huérfanas o venir de familias con muchos hijos.

Los investigadores antimafia italianos creen que las organizaciones criminales planean ya en Nigeria cómo repartir a las jóvenes en Europa. A finales de julio la Policía detuvo en Cerdeña a varios sospechosos de obligar a nigerianas a prostituirse. Tras su llegada a Italia las ayudaron a abandonar los centros de internamiento y las llevaron a Turín. Y allí se las obligaba a pagar su "deuda" con la prostitución.

"Es un tema cada vez mayor para nosotros desde hace años", dice Barbara Eritt, de IN VIA, una asociación que ayuda a mujeres afectadas por el tráfico de personas. "El mayor problema con las nigerianas es que no quieren declarar contra los responsables". Eritt pensaba que los rituales de vudú ya no tenían la misma fuerza, pero "cuando las chicas intentan contarle a la Policía lo que han vivido, se asustan por el poder del juramento".

Antes de que una mujer jure delante de un sacerdote que no hablará con nadie de lo que ha vivido debe quitarse normalmente la ropa, explica Eritt. El sujetador y las bragas se guardan en una vasija. Una joven le contó que tuvo que tomar un líquido que olía y sabía asqueroso. "No podía escupirlo ni vomitar. Era el agua de sus antepasados, que la hacía fuerte. Nos lo describió como algo insoportable. Después tuvo que comerse el corazón de una gallina que había sido sacrificada delante de ella".

La fuerza que tiene en su interior el juramento no se comprende desde afuera, dice Eritt. Pero es muy palpable. "La joven tuvo la menstruación durante días y semanas después de hablar con la Policía y adelgazó", recuerda Eritt. Las mujeres están aterrorizadas con la idea de volverse locas o no tener hijos si rompen el juramento.

También Alice Geautrau tiene las manos atadas en el "Aquarius". Normalmente tiene muy poco tiempo para hacer que las mujeres hablen antes de llegar a tierra. Si se entera de que alguna fue violada lo informa a las autoridades. Pero no sabe qué les pasa después, pues a la mayoría no vuelve a verlas. Como a Blessing.

FUENTE: dpa

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