sábado 21  de  febrero 2026
MUNDO

Rusia, entre pugnas, mercenarios y malas decisiones

La sublevación del grupo matón Wagner marca presuntamente un hecho de fragilidad en el entramado del poder de Vladimir Putin, de cara a su control absoluto en el país y la invasión en Ucrania
Por MARTÍN AROSTEGUI

ESPECIAL

La rebelión armada contra el régimen de Vladimir Putin, por el líder de los mercenarios Wagner, hace unos días fue causada por peleas con la cúpula militar rusa sobre el control del grupo que ha servido como punta de lanza en la invasión de Ucrania. Pero servicios secretos de Rusia sospechan que algunos miembros del ejército pudieran estar implicados en la intentona que podría debilitar al gobierno del Kremlin.

El golpazo tomó las características de una guerra de bandas entre el dirigente de Wagner, Yevgeni Prigozhin, el receloso ministro de Defensa, Sergei Shoigu, y otras facciones del Kremlin, como el servicio de inteligencia FSB, que podría aprovecharse de las pugnas internas para hacer avanzar su influencia.

“Rusia no es una nación, sino la fachada de una mafia criminal compuesta por varias facciones que compiten entre ellas para controlar el poder”, dijo el campeón mundial de ajedrez, Yuri Kaspárov.

Antecedentes

Wagner, creado por Putin para hacer avanzar sus intereses políticos y económicos fuera de Rusia, al margen de la legalidad, estuvo originalmente compuesto por oficiales del servicio de inteligencia militar GRU, a quienes puso bajo la dirección de Prigozhin, un oligarca que se enriqueció con contratos millonarios de cáterin que Putin le otorgó cuando era su jefe de cocina.

Prigozhin amplió el grupo, incorporando una compañía militar privada formada para ejecutar una variedad de actividades que van desde proteger minas de oro en África hasta la guerra cibernética.

“Putin creó un monstruo que ahora amenaza con devorarlo”, declaró el jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Josep Borrell, cuando noticias de la toma de la ciudad rusa Rostov, por tropas de Prigozhin, empezaron a circular por capitales de Occidente el viernes 23 de junio.

Pero expectativas de que otras unidades del ejército o la población en general se unieran a la marcha de Wagner a Moscú pronto se disiparon. El convoy de unos 200 vehículos, con 2.000 o 3.000 hombres, recorrió unas 900 millas hacia la capital rusa, derribando a helicópteros de asalto que los atacaron cerca de la ciudad de Voronezh. Pero el domingo 25 estubo claro de que Prigozhin se había quedado solo.

Aun así, el impulsivo líder mercenario ignoró repetidas llamadas de Putin y el presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, finalmente intercedió entre sus dos amigos, convenciendo a Prigozhin de que frenara su avance cuando se encontraba a unas 100 millas de Moscú.

“Te aplastaran como a una cucaracha”, Lukashenko le advirtió, según grabaciones de sus conversaciones telefónicas con Prigozhin adquiridas por la BBC.

Putin había cortado la carretera con su guardia nacional, recientemente fortalecida para ocuparse de su seguridad personal. Había transferido a las temidas milicias chechenas desde el frente en Ucrania a las afueras de Rostov para cortarle la retaguardia y le había dicho a Lukashenko que quería aniquilar a todos los amotinados.

Evitar

Pero, Putin también necesitaba a toda costa evitar imágenes de una guerra civil en Rusia, que podría ser aprovechada por Ucrania en su contraofensiva, además de costarle apoyo internacional y envalentonar a la OTAN en una estrategia de derrocar su régimen.

A raíz de las largas negociaciones telefónicas que Putin mantuvo con Lukashenko como mediador, optó por retirar los cargos de ‘alta traición’ contra Prigozhin y aceptar que éste se fuera a Bielorrusia si deponía las armas y otorgaba el control de Wagner al ministro Shoigu.

“Fue un momento de debilidad para Putin” señaló la exsecretaria de Estado de EEUU, Condoleeza Rice, quien cree que Prigozhin tiene los días contados.

“Debería mantenerse alejado de ventanas abiertas”, subrayó, en referencia a otros enemigos del dictador Putin que han terminado cayendo de altos pisos.

Pugnas

La pugna entre Prigozhin y Shoigu ha venido agudizándose desde el pasado año, cuando Putin asignó a Wagner la difícil tarea de tomar la ciudad de Bahamut en una encarnizada lucha con el ejercito ucraniano que duró ocho meses. Hasta entonces, Wagner había sido desplegado en operaciones especiales y paramilitares en Oriente Medio, África y América Latina y también de apoyo a las milicias prorusas en el territorio ucraniano Donbass y en la toma de Crimea en 2014. Fueron misiones puntuales que, el grupo compuesto por personal seleccionado de las fuerzas especiales Spetsnaz, podían realizar con bajo perfil y recursos limitados.

Una guerra convencional requiere que el grupo se expandiera de su total de 8.000 hombres al nivel de un cuerpo de ejército de 50.000 efectivos. Prigozhin recurrió al reclutamiento de criminales convictos en las cárceles y necesitó el aprovisionamiento de grandes cantidades de víveres, armas, municiones, equipos blindados y artillería, lo que puso al grupo en competencia con el resto del ejército para los ya escasos suministros. Ahí empezaron las constantes quejas públicas de Prigozhin, acusando a Shoigu y su segundo al mando, general Gerasimov, de ser “corruptos…incompetentes” y responsables de la muerte del 50% de sus hombres.

El ministerio de Defensa de Rusia respondió con medidas de recorte para Wagner. Poco después de haberse alzado la bandera rusa en el centro de Bahamut por el segundo al mando del grupo, Alexander Kutstinov, el pasado mes, Shoigu anunció que ya no se le permitiría a Wagner reclutar en las cárceles, aunque el ejército regular empezaba a hacer lo mismo para reemplazar sus enormes bajas. Se hablaba de que Shoigu y Gerasimov querían formar sus propias compañías militares privadas.

Informes

Según informes oficiales citados por Televisión Rusa (RT), gran parte de los 25.000 hombres de Wagner que no participaron en la rebelión serian incorporados en diferentes regimientos del ejercito como ‘Batallones de Asalto Z’. Los que participaron en la marcha hacia Moscú pueden irse con Prigozhin al exilio en Bielorusia, donde llegó en avión privado, o a África, aunque algunos comentaristas rusos dicen que Prigozhin podría formar una empresa militar para el gobernante bielorruso y fiel aliado de Putin, aunque han negado que se le permita tal actividad.

Putin ha acusado a servicios de inteligencia de occidente de instigar el golpe de Prigozhin, quien parecía adoptar posiciones de la OTAN en un discurso desde Rostov, cuando dijo que la invasión de Ucrania estaba basada en “mentiras” porque “nunca constituyó una amenaza a Rusia”.

Hay rumores de que Prigozhin estaba en contacto con el oligarca enemigo de Putin exiliado en Reino Unido Mijail Khodorkovsky, lo que, de ser verdad, implicaría al servicio de inteligencia británico MI6.

La señora Rice dijo en una entrevista de televisión que servicios de inteligencia de EEUU sospechaban que Prigozhin fraguaba un golpe algunos días antes y se extrañaba de que los rusos no lo supieran.

Putin ha ordenado al FSB una investigación profunda que podría desembocar en una purga en el ejército ruso. Al cierre de esta edición circulaban informes desde Moscú del arresto del comandante de la fuerza aérea, el general Sergei Sorovikin, quien también criticó la manera en que el Kremlin dirigió la guerra cuando fue jefe de operaciones en Ucrania.

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