En días pasados el padre Ángel - fundador y presidente de Mensajeros de la Paz- envió una carta a Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del gobierno socialista de España, en la que precisaba que el avance que se ha tenido durante la pandemia del coronavirus COVID-19, es gracias al trabajo en conjunto entre el gobierno y otros sectores.

“Déjame decirte ¡que Dios te bendiga! y pedirte también que tú me bendigas a mí”, concluye la misiva del sacerdote, lo que ha generado polémica.

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Iglesia y su partido Podemos es -actualmente en Europa- lo que los comunistas no han podido ser durante años. Van en contra de la religión y algunas libertades permitidas en una democracia libre.

Las líneas del padre Ángel no tardaron en ser respondidas. No por el político, sino por el abogado Javier Muriel Navarrete, quien le ha hecho oposición a Iglesias con sus textos. Y este lo sacó de casillas al ver que un religioso apoye alguien que atenta contra la "leyes divinas".

A continuación la respuesta integra de Navarrete, publicada en La Opinión de Málaga, al Padre Ángel.

Ángel, le has escrito una carta a Pablo Iglesias en la que das gracias a Dios por personas como él; porque gente como Iglesias, afirmas, ayuda a conseguir que un mundo mejor sea posible. Acabas la epístola dándole tu bendición y rogándole que él te bendiga a ti. Como si Pablo tuviera carisma alguno para otorgar bendiciones a nadie, con lo que prostituyes el sagrado don y lo malvendes a quien defiende que la única iglesia que ilumina es la que arde.

Desconozco tu estado al escribir la misiva. No se si te mezclaron algo con el moscatel de misa, o si te apretaste en demasía la sempiterna bufanda roja tornando así tu aceptable entendimiento progre en un discurrir macilento y nebuloso por la falta de riego. Sea como fuere, lo cierto es que vuelves a errar el tiro, y como una Sor Lucia Caram ebria de ego desbocado, envías una carta de ese calado a sabiendas de su posterior publicación por el destinatario. Si es que no has sido directamente tú. Claro.

Le das gracias a Dios porque, según dices, personas como Iglesias hacen de este un mundo mejor, pero, de entre todos los logros del cuervo comunista, no se si te refieres a vetar la asignatura de religión, a promover con ahínco la eutanasia y el aborto, anular el Concordato con la Santa Sede del papa Francisco al que ambos admiráis con el postureo propio de jovenzuelos en celo, la retirada de todo símbolo religioso, defender que se increpe a fieles durante la homilía al grito de arderéis como en el 36, o fomentar todo aquello que implique laicidad y relativismo en contra de la constitucional libertad de credo. Dime, cuál de todo es.

Puede que yo ande equivocado y sea bueno dar gracias a Dios porque Pablo Iglesias predica la palabra de Lenin, porque se encarna en el apóstol defensor de sistemas políticos en los que miles de personas mueren de hambre y otros tantos creyentes son agredidos o perseguidos, pero no lo creo. El mantra de que Jesucristo fue el primer comunista está muy bien para una letra de Sabina, incluso para el grafiti de un tarado, pero nada más, pues, nunca olvides que el muro de Berlín cayó hace 31 años y fueron los comunistas los que escaparon en tromba al lado occidental y capitalista, porque aprendieron en sus carnes que no es lo mismo liberal que libertario.

Ángel, he de confesarte que ese afán tuyo por alcanzar los altares del populismo casi me lleva a confundirte con los curas de chapela calada y aliento a chacolí que dieron posada y sustento a los primeros etarras en sus sacristías (ETA nació en un seminario. Álvaro Baeza López. Edit. ABL), porque no le encuentro otro sentido a empeñarse en ensalzar las virtudes de un politicucho arribista cuya brújula moral viene de serie con el sesgo canceroso del eco del Ché Guevara. Un asesino que en su diario de viajes por América Latina escribió: «Degollaré a todos mis enemigos», o que en 1964 afirmó ante las Naciones Unidas: «Fusilamos, y seguiremos fusilando mientras sea necesario». Explícamelo Ángel. Explícanos a todos cómo eres capaz de alabar a un escombro amoral que encarna la antítesis de todo lo bueno y transversal que sostiene la iglesia a la perteneces.

Yo no soy importante. Ni siquiera mi opinión lo es, y seguramente mi carta sea un clamor en el desierto. Soy un simple laico, pecador como el que más. De hecho, se me da especialmente bien defraudar a un Dios cuyas enseñanzas son continuamente pisoteadas por tu admirado Pablo Iglesias y sus secuaces, así que, si Jesucristo viniera nuevamente, a buen seguro me cogería mercadeando en la casa de su Padre. Pero a ti, Ángel. A ti te pillaría meando en la pila de agua bendita.

FUENTE: REDACCIÓN

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