@MACguilera
Si el odio, la desconfianza o la falta de sintonía se tradujera en falta de educación y elimináramos la mínima cortesía realmente el mundo no avanzaría.
@MACguilera
Que dos representantes de países enemigos se den la mano en el marco de una reunión o un acto protocolario no debería ser noticia. Si el odio, la desconfianza o la falta de sintonía se tradujera en falta de educación y elimináramos la mínima cortesía realmente el mundo no avanzaría.
Por eso no me pareció relevante ni sustancioso el gesto del presidente Barack Obama cuando le estrechó la mano al dictador cubano Raúl Castro durante los funerales de Nelson Mandela en Sudáfrica. A ellos, a los malos, es a los que se les supone la falta de educación y cortesía, la agresividad, el insulto, el matonismo, la política concebida en clave tabernaria.
Desde golpear un zapato como hizo Nikita Kruschev en la Naciones Unidas, los insultos de Chávez dedicados a José María Aznar que dieron pie al famoso “¿Por qué no te callas?” del Rey Juan Carlos, pasando por todos los improperios que los Castro le han dedicado al “imperio yanqui” durante 56 años que finalmente se han convertido en el principal argumento de una revolución hueca de principios y rellena de manuales de supervivencia.
A los Castro, Maduro, Correa, Morales, Ortega… hay que sonreírle, enseñarle los dientes y apretarles la mano hasta que les duela su propia incapacidad de hacer política sin apostar por el enfrentamiento. Así lo hizo el vicepresidente Joe Biden con Nicolás Maduro esta semana durante la toma de posesión de Dilma Rousseff como presidenta en Brasilia.
Después de una saludo cortés y un breve intercambio de palabras, Maduro no tuvo más remedio que bajar el tono. “Le pedimos a Estados Unidos, le dije a Biden y le hemos dicho a Estados Unidos mil veces, en público y en privado, que queremos relaciones de respeto, más nada", aseguró el hijo de Chávez después a los periodistas.
Más allá de los saludos y el protocolo, el año que empieza ahora va a retratar a los líderes políticos por sus actos, y no tanto por sus gestos o sus palabras. Parece que el excelente orador Barack Obama ha pasado a la acción y ha dejado atrás la mera retórica y las buenas intenciones. Personalmente, lo aplaudo aunque las dos decisiones tomadas en las últimas semanas por esta versión en modo ejecutivo del presidente son muy cuestionables. Soy de los que prefieren políticos que tomen decisiones aunque se equivoquen y si de alago había adolecido Obama en su primer mandato es de afrontar los problemas con respuestas claras y nítidas.
Así, con decisiones es como podremos juzgar su legado y de paso esperar a que otros den una respuesta real al guante lanzado por el presidente de los Estados Unidos.
Por un lado, Castro tiene que entender que su única salida es quitarse de en medio y dejar que Cuba comience una transición a la democracia, que con él no es ni creíble ni posible. Por otro, Maduro tiene que abrir la puerta de la celda de Leopoldo López para que el opositor venezolano pueda intentar alcanzar el poder de la única manera que concebimos aquellos que estrechamos la mano y sonreímos ante seres tan despreciables como el dictador Raúl Castro y su aprendiz Nicolás. No somos como ellos. Gracias a Dios.
