No sé qué he hecho exactamente en los últimos veinte años pero me distraje un instante en 1999 y de pronto estamos aquí, como si nada. Ocurre que falta gente. Que se han ido algunos de los rostros que hacían más amable el mundo. Que todos hemos cambiado. Y que a la ausencia de los que se han ido se suma a veces el olvido. Pensaba en esto al mirar el calendario y descubrir que este viernes 8 de febrero se cumplen veinte años de la muerte del gran humorista español del siglo XX, Luis Sánchez Polack, “Tip”. Es desolador pensar que, mientras España está en sus azares del día a día –romperse, pelearse, traicionarse-, nadie tendrá tiempo de recordar la figura del hombre que reunió a todos los españoles en torno a un mismo humor en los difíciles años de la Transición.

Hasta mediados de los 90, el dúo Tip y Coll desplegó la más sublime interpretación surrealista de la vida cotidiana que jamás se haya ideado en lengua española. Tip, alto, delgado, bigotudo y destartalado; Coll, bajo, gordo, formal y elegante. Ambos vestidos de luto, como enterradores, con frac; Tip con su chistera, Coll con su bombín. Mientras la censura agonizaba a las puertas de la Transición a la democracia, Tip y Coll, a los que llegaron a prohibir hacer alusiones políticas en televisión, popularizaron una brava amenaza como coletilla final de todos sus shows: “La semana que viene… hablaremos del Gobierno”.

Si de censura se trata, hay cosas que no cambian. En 1986 Tip y Coll se vieron forzados a cancelar sus espectáculos en Barcelona. En una entrevista en un programa de Radio Cataluña, para sorpresa del dúo, el presentador trató de hacerles la entrevista en catalán. Coll solicitó que le hicieran las preguntas en español, lo normal cuando uno se encuentra en España. Para los sectarios no hay nada normal. La polvareda levantada por este incidente terminó con amenazas de un grupo radical independentista catalán a Tip y Coll, y el espectáculo tuvo que ser suspendido.

Tip volaba por encima de lo anecdótico, que suele ser aburrido, y se centraba exclusivamente en lo absurdo. En los últimos años he tenido oportunidad de brindar por la risa inteligente con Tole Sánchez, sobrino y representante del humorista, y no deja de asombrarme la cantidad de divertidísimas anécdotas protagonizadas por Tip en su día a día, muy lejos de las tablas o de las cámaras de televisión. Lo de Tip no era una pose o un calculado personaje. Tip fue uno de los últimos genios innatos del humor español. No es que hiciera humor surrealista, es que el surrealismo era él.

En la célebre pareja cómica encontramos la influencia de Mihura, también de Jardiel, de Muñoz Seca, de los grandes escritores del humor español. Pero el humor de Tip iba más lejos aún porque era total: en el teatro, en televisión, cantando, escribiendo, o en la calle, en un café, en una tienda. No sabía vivir de otra manera. Su genio era tan inabarcable como indomable, como muestra esa célebre anécdota de la primera vez que Tip coincidió con el Rey Don Juan Carlos, al que se acercó y le espetó “¡yo a usted lo conozco de la tele!” para sorpresa del monarca y estupor de los presentes.

Vuelvo la vista atrás, a sus sketches, libros, genialidades radiofónicas en los El estado de la nación, e incluso al injustamente olvidado programa de televisión Este país necesita un repaso, aquel prodigioso debate de actualidad protagonizado por genios del humor como Tip, Coll, Mingote, Chumy Chúmez, Antonio Burgos y Alfonso Ussía entre otros; recuento lo que hemos perdido y ganado en estos años sin Tip y veo una España que ha prosperado en muchos aspectos pero que se ha debilitado en los más importantes: escasea la libertad, declina el talento en el humor, se denigra el surrealismo y el humor inteligente, abunda el sectarismo y la risa como arma al servicio de la ideología. Tal vez las excepciones sean herencia directa de la generación de Tip, la de la revista La Codorniz, cuyas ediciones especiales aún guardo en mi salón para espantar a los intensos y a los idiotas.

Aquel 1999 fue desolador. De los escasos ídolos que tenía en mi horizonte perdí a dos. Tip en febrero y Enrique Urquijo en noviembre. El humor y la música, en negro. Tal vez por eso lo recuerdo con bruma, calado de melancolía y con inocente desconsuelo. Sin embargo, aún había cosas vivas, entre otras el legado de Tip, hoy desconocido por los jóvenes. Una lástima, en definitiva, considerando que en 1999 España reía mucho mejor. Tip nos había enseñado a reírnos de todo, sin excepción, pero empezando por nosotros mismos. Nos invitaba a tomarnos menos en serio. Entonces a nadie se le ocurría ofenderse por un chiste de Tip. Y tal vez porque todo el mundo sabía que Tip jamás habría hecho un chiste para ofender a nadie. Quizá lo que nos falta no es sentido del humor, sino caridad. Y es extraordinario porque es la primera vez que me siento a escribir sobre humor y termino hablando de virtudes teologales. Tip, Santo Varón, no me lo tengas en cuenta y acude en mi socorro.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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