—Bienvenido a este humilde hogar. ¿Es Ud. adeco?
—Bueno la verdad que quien no ha sido Adeco, de Los Leones del Caracas, no baila salsa o no ha subido el Ávila, es de otro mundo. Yo soy de aquí Presidente. Soy local.
—¿De cuál parroquia viene?
—Nací prematuro en el Tigre, pero crecí en Caracas.
—Yo nací el 22 de febrero de 1908. Soy hijo de Luis Betancourt y Virginia Bello. Llegué a la UCV en 1927, cuando el país seguía bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez Venezuela era entonces un cuartel con petróleo debajo. Había riqueza en el subsuelo, sin libertad en la superficie.
En febrero de 1928—la Semana del Estudiante—convirtió a una generación de jóvenes en protagonistas de la protesta política. Entre ellos estaban Jóvito Villalba, Raúl Leoni, Miguel Otero Silva, Juan Bautista Fuenmayor, Gustavo Machado y Pío Tamayo. Compartían la oposición al gomecismo, aunque después tomarían caminos ideológicos diferentes […] La cárcel y el exilio fueron sus primeras universidades políticas.
—¿Recuerda algún instante de aquella juventud?
—Recuerdo la sensación de descubrir que el miedo podía compartirse y hacerse menor. Hay experiencias que no se convierten en recuerdos porque hayan sido felices, sino porque nos revelan quiénes somos. Para mí la política comenzó con esa revelación: la libertad no se recibe como una herencia, se conquista, se organiza y se defiende.
Barranquilla y la tentación comunista.
—Ud se acercó al marxismo. ¿Fue comunista?
—Estudié a Marx y participé en ambientes revolucionarios durante mis exilios. Pero mi evolución me condujo hacia una izquierda democrática, nacional y reformista. El Plan de Barranquilla [1931] examinó el caudillismo, el latifundio, la dependencia económica y la ausencia de libertades. Proponía transformar las estructuras del país.
—¿Qué pensadores influyeron más en Ud?
—No reduciría mi formación a un solo maestro. Marx me ayudó a estudiar las clases sociales, la propiedad y las relaciones económicas. Lenin representó una experiencia revolucionaria y organizacional que observé críticamente. También me interesó la evolución del pensamiento liberal, el constitucionalismo y las experiencias de los partidos democráticos europeos y latinoamericanos. Me lei todos los 14 volúmenes de Historia Contemporánea de Venezuela de Francisco González Guinán. Reprocho que nuestros líderes saben poco de nuestra historia, fundamental para entender y gobernar un país.
Y agrega Betancourt: —Pero la filosofía o las letras Viera-Blanco no sustituyen la realidad. Un dirigente que solamente lee a sus correligionarios, sólo teoriza y no examina la historia, termina confundiendo la política con una iglesia. En las universidades no encontrará un manual como combatir dictadores como Gómez o Pérez Jiménez—personajes de apariencia oficial—que se visten de orden, paz y trabajo, pero ponen grilletes en los pies y en el gañote.
—Sus antiguos compañeros comunistas lo acusaron de abandonar la revolución.
—¿Perdón, me recuerda su nombre?
—Orlando Viera-Blanco, Presidente.
—¿Es familia Ud de Viera Acosta, el médico neumonólogo, gremialista?
—Si, es mi padre Presidente.
—Ah Claro, entiendo. Hijo de un buen profesor y mejor adeco. Pues bien, su padre debe haberle enseñado que la política exige distinguir entre la justicia social y la obediencia a una ortodoxia. Mi conclusión fue que ninguna transformación económica justificaba suprimir indefinidamente las libertades políticas por seguir lineamientos dogmáticos importados de Rusia.
En 1941-al presentar públicamente Acción Democrática en el Nuevo Circo de Caracas-Rómulo Betancourt advirtió la paradoja de una Venezuela rica en petróleo y empobrecida en buena parte de su población. El discurso vinculaba la concentración de la riqueza petrolera con el deterioro agrícola y la insuficiente diversificación productiva. "El pueblo será el principal artífice de una patria lograda [...] AD aspira ser-y será-el cemento que amalgame a todos los venezolanos que amen su nacionalidad [...] Tengo la convicción de que este partido ha nacido para la historia. Nace de un programa que interpreta las necesidades del pueblo, de la nación. De un programa realista, venezolano, extraído del análisis desvelado de nuestros problemas, porque nosotros podremos ser partidarios de que se importe creolina, pero programas, no"
-¿A la Venezolana Presidente?.
-Eso es otra cosa Viera-Blanco. !A lo nuestro, manos a la obra!
Los cuatro reyes de la baraja: Bolívar, Páez, Guzmán Blanco y Gómez.
—Quisiera apartarme un momento de los partidos. ¿Qué significaba Bolívar para Ud?
—Bolívar pertenece a nuestra identidad más profunda. Sin él no se comprende la independencia ni la dimensión continental de nuestra historia. Pero una República no puede convertir al Libertador en ideología. Cuando un gobernante afirma encarnar a Bolívar y exige obediencia ilimitada, politiza la memoria histórica. Mala cosa compañero.
—¿Y José Antonio Páez? El llanero, el guerrero, el caudillo que llegó a fundar lo que pienso fue la I República. Un personaje irrepetible […] Perdone que me extienda pero siento especial admiración por El león de Payara. Fue decisivo en la guerra y en la consolidación de Venezuela como Estado separado de la Colombia unida. Pero también simboliza el peso del personalismo militar en nuestra vida republicana, El Taita. La guerra no da derecho a un mando perpetuo.
—¿No se repite allí una de nuestras tragedias? El país busca un salvador y terminamos entregándole las instituciones.
—Esa sería una de las lecturas. La República comienza cuando el vencedor comprende que no es propietario de la nación, y acaba si el vencido se dobla y se parte.
—¿Y Antonio Guzmán Blanco? Modernizó Caracas, construyó obras públicas y reorganizó el Estado, pero gobernó con autoritarismo.
—Guzmán Blanco representa la modernización desde arriba pero también el peculado impune. Las obras materiales pueden transformar una ciudad pero las libertades ni se esculpen, ni se tarifan, se honran y permiten con buen ejemplo.
—¿Y Gómez?
—La verdad que repensando a Gómez habría que reconocerle méritos: acabó con el caudillismo irredento, profesionalizó las FFAA, saneó la hacienda pública y lanzó la inversión petrolera. ¿Pero a qué costo compañero? Un mal necesario dijo alguien por ahí...
Medina Angarita: el golpe y sus consecuencias
—Llegamos Presidente al 18 de octubre de 1945. Ud. participó en el derrocamiento de Isaías Medina Angarita. ¿No fue una contradicción para quien después defendería la legitimidad electoral? En este momento nos sorprende y se apersona el propio General Medina, ataviado de civil, traje color arena impecable, y con tono pausado y educado nos interrumpe.
—Disculpen, pero no podía perderme esta respuesta. Betancourt sube la ceja y sujetando su pipa, comenta: —¿Cómo está Ud. Medina? Bienvenido a mi casa, que es la suya. No tuvimos tiempo para reconciliarnos como si fue posible con Uslar o el mismo Jóvito.
—Bueno Ud. lo llama tiempo, yo lo llamo otra cosa. Pero responda Ud. la pregunta del ‘joven-aún’ Viera-Blanco.
—Ud General [Medina] había impulsado reformas y una apertura política que no debemos desconocer. Pero fue contumaz contra la elección directa, universal y secreta. Medina le interrumpe
—Me debía al ejército y an mis orígenes Betancourt. Soy resultado de los andinos en el poder, de Castro [a quien mi padre enfrentó] a la víspera.
La candidatura de Diógenes Escalante pareció abrir una salida negociada, hasta que su enfermedad lo apartó de la sucesión. Después Medina propuso a Ángel Biaggini [su Ministro de Agricultura] alternativa que Acción Democrática consideró continuista. Betancourt toma un poco de café y regresa la tasa con sus manos heridas, temblorosas, pero firmes.
—Nos aliamos con oficiales de la Unión Patriótica Militar [UPM], entre ellos Marcos Pérez Jiménez, Mario Vargas y Carlos Delgado Chalbaud. Fue un golpe civil-militar, no cívico Militar [como bien corrige Arráiz Lucca ese estupendo historiador de su tiempo]. La Junta Revolucionaria que presidí asumió el compromiso de establecer el sufragio universal, directo y secreto...Medina replica emotivamente y con tono firme:
—Pero yo fui el que permitió legalizar a AD Betancourt [13/09/1941]. En mi gobierno hubo libertad de expresión, no hubo presos políticos, no hubo persecución-sic-
—Es verdad General Medina. Ud. merece ser llamado el primer soldado de la democracia, y sus gestos lo acreditan frente a la historia. Pero sentía que había peculado, brechas generacionales entre los militares, y resistencia a un país que pedía votar a su presidente, incluyendo a las mujeres.
—El país no estaba preparado por una elección directa.
—-Pues mire Ud, esa es la cuestión. Ser o no ser decía el poeta. El pueblo y las mujeres lo demandaban más de lo que Ud o López Contreras eran capaz de aceptar. Militares de vieja generación que tenían nerviosos a las nuevas charreteras.
—No meta a López en ésto.
—Yo no lo solicito, Medina. Es la historia quien lo demanda.
—¿Se arrepiente de ese golpe Presidente!?
*De pronto aparece la Sra. Renée Hartmann Viso su esposa. ¿Más café? También tengo bizcochos y plantillas…
La Señora Hartmann era la segunda esposa de Rómulo Betancourt. Su primera esposa fue Carmen Valverde Zeledón, costarricense, madre de la única hija de Betancourt, Virginia Betancourt. Hartmann y Don Rómulo se conocieron en NY [1957], ella de 38 y él de 49 años. Ella había militado en el Partido Democrático Nacional [PDN] raíz clandestina de AD [1936]. En su libro Rómulo y yo, ella describe su relación con Betancourt como apacible, entre libros, la naturaleza y la independencia personal […] Betancourt retoma la conversación y agarra su pipa con fuerza:
—Admito que el resultado fue traumático pero necesario. El objetivo era ampliar la participación ciudadana sin entregar a los militares un papel decisivo en el poder. Pero no fue así.
En 1946 se eligió una Asamblea Constituyente y en 1947, Rómulo Gallegos obtuvo la Presidencia mediante el voto popular [con el 74.5%]. Jamás otro Presidente ha sido tan votado en Venezuela. Pero en noviembre de 1948 los militares derrocaron a Gallegos. La alianza de 1945 no había garantizado la subordinación del poder armado al civil.
—Después de derrocarme-apunta Medina-me apresaron y sometieron a un juicio injusto. Pude haber resistido pero preferí evitar un baño de sangre. Quizás tanía que haber permitido a Uslar ser el candidato en vez de Biaggini. Pero lo mejor es lo que sucede, dice el refrán. Betancourt suelta una bocanada de humo de su pipa y se sujeta los lentes. Al momento que va decir algo, su joven esposa lo interrumpe: —Llegó el café y los bizcochos. —¡Fumemos la pipa de la paz!, asentó.
El trienio: petróleo, desarrollo y ruptura
—¿Qué intentó construir su gobierno entre 1945 y 1948?
—Una economía menos dependiente de los consorcios extranjeros y un Estado con mayor capacidad para impulsar el desarrollo. La Corporación Venezolana de Fomento [CVF], la expansión sindical y las reformas fiscales formaron parte de ese esfuerzo.
Juan Pablo Pérez Alfonzo fue decisivo en la política petrolera y la creación de PDVSA, y Rafael Alfonso Ravard [en el segundo gobierno de Betancourt/1959-64] fue determinante en el desarrollo industrial: fundó la CVG y Ciudad de Guayana. [Betancourt] en su primer mandato defendió una participación más equitativa del Estado y contribuyó a establecer las bases de la política petrolera, no otorgando nuevas concesiones. La reforma petrolera [1948] consolidó el principio conocido como fifty-fifty.
—Hábleme de la idea «sembrar el petróleo» [1936] de Arturo Uslar Pietri.
—Correcto. Uslar lanzó esa consigna para la historia. Un tema más voluntarista y lírico que real para su momento. Visionario sin duda. Pero así era Uslar, enciclopédico, literario. Durante el trienio incorporamos la política de industrialización, educación e inversión pública. No es verdad que el petróleo podía sembrarse antes de abonar la tierra y cultivar otras raíces. Antes teníamos que aprovecharlo.
—¿Pero una vez echadas las raíces Presidente, no hubo como mucha borrachera petrolera entre reparto, rentismo y populismo?
—Sin acritud compañero. Todo ocurría conforme íbamos evolucionando. Busque las estadísticas de mi segundo gobierno fundacional: represas, vialidad, hospitales, escuelas, universidades, industrias...mientras sofocaba las milicias antipatriotas de Castro et al.
Esos muchachos rebeldes: Fabricio Ojeda [Presidente del FLN ex diputado de URD]; Douglas Bravo [Frente Leonardo Chirinos]; Teodoro Petkoff; Américo Martin; Moises Moleiro [MIR], Garcia Ponce [PCV], Alí Rodríguez Araque, echaron mucha vaina. ¡Pérfidos! Y qué decir de los insurrectos militares: Castro León y su invasión con Vidal desde Colombia [fracasada], Ponte Rodriguez y su TERRIBLE Porteñazo [1962]; Pedro Medina y su Carupanazo, Pero se pacificaron después. Por cierto Pérez [Carlos Andrés], fue pieza cable para neutralizar a los insurrectos en Puerto Cabello.
—¿Y Rafael Alfonzo Ravard?
—Qué bueno que cambie de tema. Me estaba poniendo de mal humor. El general Alfonzo Ravard ha sido el servidor público más eficiente, capaz y cabal que ha tenido Venezuela. Al frente de la Corporación Venezolana de Guayana [1960], coordinó proyectos de industrialización, infraestructura y aprovechamiento hidroeléctrico que incluyeron Guri y Ciudad Guayana.
—¿Qué le habría gustado que Venezuela entendiera antes de descubrir que el petróleo también podría ser una maldición, un minotauro, el escremento del diablo?
—¡Que expresiones usa Ud. Viera-Blanco! Cuanta ingratitud. Lo invito a que modere su verbo compañero. Y agrega Betancourt: —La renta no es riqueza por sí sola. Fue una oportunidad. Se convirtió en educación, producción, infraestructura, tejido social y ciudadanía. Si se consume sin medir sus consecuencias, es verdad que alimenta una ilusión de prosperidad.
—Venezuela vivió esa bonanza, pero también debo reconocer que inoculó tempestades irresolutas. Y llegó ese señor a caballo que prefiero ni nombrar porque igual no le conocí…
Pérez Jiménez, Trujillo y Fidel Castro
—¿Qué pensaba de Pérez Jiménez?
—Que modernización material no sustituye la legitimidad política. Pérez Jiménez construyó carreteras, edificios y grandes obras, pero persiguió adversarios, censuró periódicos y destruyó garantías ciudadanas. En sus manos-bañadas de sangre-está la muerte de Ruiz Pineda, Pinto Salinas, Carnevali y muchos más.
—Rafael Leónidas Trujillo intentó asesinarlo [en 1960].
—Si. El 24 de junio de aquel año, un coche bomba explotó al paso de mi caravana en Caracas. Murió el coronel Ramón Armas Pérez, jefe de mi Casa Militar y sufrí quemaduras graves. La investigación internacional vinculó el atentado con el régimen de este sátrapa dominicano. Venezuela promovió sanciones de la OEA contra Trujillo, asesinado en 1961. La verdad ese atentado cambió mi noción del poder.
— ¿Y Fidel Castro?
—Otro Chacal del Caribe. Lo recibí en Caracas [1959], pero nuestras diferencias se profundizaron por su orientación política y por la intervención cubana en los conflictos latinoamericanos. En 1961 rompí relaciones diplomáticas y respaldé medidas de aislamiento contra Cuba. Mi posición internacional se apoyaba en la defensa de los gobiernos constitucionales [Doctrina Betancourt].
—Y mire si estuvo Ud. en lo cierto…Caldera por cierto cambió su doctrina. ¿Y el sobreseimiento?
—Bueno, ya sabe Ud. Caldera siempre rivaliza y contrasta. Fue su rol. Sobre el sobreseimiento es bueno recomendar: no permita que los abedules impidan ver los naranjales. El problema de Venezuela era mucho más complejo que dejar en libertad a un aprendiz revoltoso. Y agrega con expresión triste en rostro:
—Pero cuánto me ha dolido el destino de la Venezuela que no viví. Ya se lo había comentado a Carlos Andrés y a nuestra dirigencia: Si Castro hace costa y penetra Venezuela, será nuestra perdición y la de todo el continente. Y lo hizo con ese aprendiz de Stalin, un falso redentor de oliva, fusil y corrupción, que creía que la encarnación de Bolívar le había dado el título de dueño, amo y señor de Venezuela. Y agrega:
—A Pérez traté de persuadirlo de Fidel, además que bajara la ansiedad por la expansión petrolera y el personalismo, malos hábitos de un poder destellado […]
Medina—que se había quedado en silencio en su sillón decide marcharse, murmurando: -ya había dicho yo que el pueblo no estaba preparado para más caudillos a caballo elegidos con sombrero de paja y cogollo.
Me quedo en silencio y me pregunto: ¿Nació realmente en 1958 una república?. En ese instante Betancourt me increpa:
—Qué le pasa Viera-Blanco, ¿no le gustaron los bizcochos?
—Disculpe Presidente. Sólo pensaba preguntarle por ese distanciamiento con CAP y por qué el quiebre del Pacto de Puntofijo con URD. Pero creo que podemos dejarlo para después…
—Mi orgullo superior fue Acción Democrática, más que ser presidente de Venezuela. Pero, quédese a almorzar, ya lo hablaremos. Mi esposa prepara un pabellón criollo único, como lo hace su madre cada Viernes
-¿Cómo sabe Ud. que en mi casa mamá hace pabellón los viernes?.
—Viera-Blanco entre Adecos no hay secretos. Venga, pase al comedor. Esta conversa recién comienza...Ahora es cuando la república solicita a sus difuntos, para no repetir nuestros gazapos [Continuará]
*Abogado. Ex Embajador en Canadá
@ovierablanco
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