Ni de lejos se han cumplido los cien días que consagró en su día F. D. Roosevelt, y la oposición a Trump se ha hecho sentir por tierra, mar y aire.

Con la diferencia que pueda haber entre Miley Cyrus – que, al parecer, defiende la dignidad de la mujer – y el senador McCain pasando por un Obama que parece que no lleva nada bien haber salido de la Casa Blanca o el partido político Podemos, en España, todos, absolutamente todos, insisten en presentar a Trump con una amenaza que se llega a comparar nada más y nada menos que con el mismísimo Hitler.

No son pocos los que consideran que se trata de una sucesión apabullante de reacciones histéricas. Quizá, pero yo sí que entiendo que vean a Trump como una amenaza. Lo es.

Reflexionen solamente en lo que ha llevado a cabo en la primera semana de trabajo. De entrada, afirma que hay que filtrar a la gente que llega a nuestras fronteras procedentes de países donde el terrorismo es una realidad.

Pero ¿qué está diciendo? Cuando Angela Merkel, la Unión Europea y hasta el mismísimo papa Francisco los dejan entrar en Europa aunque luego se produzcan terribles atentados ¿cómo se atreve Trump a enmendarles la plana?

Por añadidura, se ha empeñado en contar con una vigilancia de fronteras que acabe con la inmigración ilegal. Nada parecido a la valla de Ceuta y Melilla que, en la frontera española, saltan cada lunes y cada martes o a ese mar italiano o griego que cruzan desde Libia las gentes de Al Qaida sin que, al parecer, se pueda hacer mucho salvo quejarse.

No. Trump quiere un muro duro, duro, como, por ejemplo, los dispositivos de control fronterizo que México tiene establecidos en la frontera con Guatemala. Ya es una falta de respeto actuar así quitando el pan de la boca a las ONG que se dedican a ciertos menesteres, pero es que lo de Trump es todavía más intolerable.

De un plumazo, le ha quitado las subvenciones a organizaciones abortistas – como Planned Parenthood – feministas y climatocuentistas. ¿Acaso la gente que vive de esos temas va a tener que trabajar como todo el mundo?

¿Y qué decir de la postura de Trump frente a los medios? ¡Osa señalar que obedecen no pocas veces a intereses políticos y empresariales que no son, precisamente, los de informar verazmente!

Y si fueran solo los medios… porque es que Trump pretende que existe un establishment formado por partidos políticos, intereses económicos, tramas sociales, lobbies poderosos que han conseguido comerse el pastel convenciendo a las gentes de que todo se reduce a que el gobierno lo controle un partido u otro en vez de que sepan que la democracia real es que el gobierno lo controle el pueblo.

Para colmo, Trump está demostrando cada día que se pueden cumplir las promesas electorales. No es que prometiera, por ejemplo, bajar los impuestos y luego los subiera brutalmente. No ¡Qué va! Es que está cumpliendo todos los compromisos electorales meticulosamente y lo mismo hasta le sale bien. Viendo todo eso, ¿cómo no van a sentirse amenazados?

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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