Con Cuba “nos llevamos mejor, pero al son cubano”
Con Cuba “nos llevamos mejor, pero al son cubano”
Este 2017 quedará en la historia. Empezando por el ambiente político en el continente considerando la expectativa que generó Barack Obama cuando estaba por asumir la presidencia de Estados Unidos en 2008. Con Donald Trump hay nerviosismo, medidas preventivas y una angustia en los mercados de divisas que, francamente no puede ignorarse.
Obama logrÓ abrir la puerta de lo que estaba establecido en el país, convirtiéndose en el agente motor del cambio después de los dos perÍodos presidenciales de George W. Bush. En 2008 el ciudadano recordaba el abominable acto de terrorismo del que fue víctima el mundo el 11 de septiembre de 2001 con el atentado a las torres gemelas en Nueva York, tras la que Bush estableció una persecución constante a terroristas, años de guerra -que para muchos fueron innecesarios- y millonarias perdidas económicas y de vidas humanas.
Barack Obama recibió un país hundido en la peor recesión de la historia moderna, que incluyó una crisis hipotecaria gravísima, un desempleo que afectó a un diez por ciento de la población -con su respectivo impacto en Latinoamérica. Los ocho años de Obama nos dejan avances que considero importantes en materia de empleo, economía y salud. Con Cuba “nos llevamos mejor, pero al son cubano”, aunque ahora sin la ley “pies secos, pies mojados”.
Pero como dicen “muerto el Rey, ¡Viva el Rey!”.
A diferencia de su predecesor, quien asumió la presidencia con altísimo índice en la simpatía de los estadounidenses, Donald Trump llega a La Casa Blanca con una calificación también muy alta pero en desaprobación, según algunas encuestas. Comienza su administración habiendo puesto a temblar a por lo menos todos los países que quedarían al sur del muro que asegura construirá en la frontera con México.
Trump tiene que ocuparse del bienestar y la seguridad de quienes viven en el país que lo eligió; debe trabajar para que alcancemos un nivel de vida más alto con empleos, salarios, acceso a la salud y desarrollo económico acordes a los tiempos actuales. Elevar el nivel educativo para nuestros niños y jóvenes y cerrar la brecha que hoy persiste entre Baby Boomers y quienes somos de la generación X, Y ó Z.
Pero “aventarse como burro sin lazo” puede ser peligroso. Tomar decisiones sin el correspondiente análisis detallado, podría generar impacto colateral negativo contra Estados Unidos. El tema no es poner un muro en la frontera con México para disminuir la migración desordenada o eliminar o restringir las remesas que desde Estados Unidos se envían hacia el sur. Hace falta el apoyo para que las economías vecinas se fortalezcan, crezcan, tengan índices de inflación más bajos, menos corrupción y más oportunidades. Esa es la manera de disminuir la pobreza para que los inmigrantes se queden en su país, de donde la gran mayoría de las veces salen por necesidad más que por deseo de dejarlo. De lo contrario, no habrá muro que derrote al ingenio ni la desesperación de los hermanos de México, centro y Sudamérica.
Sí, Trump convenció a los votantes dormidos. Les prometió un país “como el de antes” y acabar con las viejas costumbres en Washington, dando paso a una nueva era que llevaría al país a ser grande otra vez, con una clase media que se recuperará después de décadas de caída libre.
Buscar el bien de la mayoría representa estar dispuesto a ceder para recibir a cambio. El líder que no lo hace toma tintes de dictador y de esos ya tenemos varios en América Latina. Trump merece que le demos el beneficio de la duda. Que tenga la misma oportunidad que otros de llenar nuestras expectativas sin necesariamente aceptar todas sus decisiones.
A quienes estamos en Estados Unidos nos toca estar vigilantes y demandar el cumplimiento de su compromiso con el pueblo. Las promesas son fáciles de hacer, la gracia está en cumplir en pro del bien común y, en este caso “el común” incluye a todos los países al sur de la frontera.
