Los últimos días han sido particularmente difíciles para el Pentágono, luego de haberse visto atrapado en una serie de confusas situaciones.

Y es que tanto el secretario de Defensa, Mark Esper, como el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, no pudieron ocultar su incomodidad frente a las preguntas acuciosas de los medios que esperaban saber qué sucede con la política de la administración en Irán, Irak y en general en todo el Medio Oriente.

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Quizás el momento más enrevesado fue cuando ambos intentaron aclarar qué significaba una carta no firmada, dada a conocer por el gobierno iraquí, que parecía indicar que Estados Unidos se estaba preparando para sacar definitivamente a sus tropas de Irak.

La misiva en cuestión, escrita a nombre del general de brigada William Seely, comandante de las fuerzas estadounidenses en Irak, pero sin su firma, daba aviso del próximo repliegue de las tropas estadounidenses de Bagdad en una primera fase y que concluiría con la salida total del país.

La carta circuló ampliamente, coincidiendo con el voto no vinculante del parlamento iraquí que apoyaba la salida de las tropas estadounidenses de Irak.

En un principio, Esper negó tener conocimiento de la carta, pero finalmente reconoció su contenido, aclarando que solo se trataba de un borrador.

Sin embargo, lo incomprensible es que el documento contradecía la política oficial en el sentido de que las fuerzas estadounidenses permanecerán en Irak, para continuar luchando contra Isis y ayudar con el entrenamiento de tropas iraquíes.

El general Milley, utilizando un tono solemne, debió aclarar a los medios que la carta fue un error.

Aun así, la confusión continúa pues aún no se han dado respuestas adecuadas a interrogantes tales cómo ¿Era o no una comunicación oficial? ¿Se le había dicho al general Seely que redactara una carta al Gobierno de Bagdad sobre futuros planes de retiro?

Si es así, ¿quién pidió que escribiera esa carta? Si ni Esper ni Milley estuvieron involucrados, ¿por qué se envió?

El secretario de Defensa sostuvo recientemente que se encontraban en conversaciones con el Gobierno iraquí.

“Lo que debemos hacer es sentarnos a conversar con Iraq. Estamos haciendo eso ahora. Quiero ... también tenemos la intención de hacerlo con nuestros socios de la OTAN. Tuve una buena conversación el otro día con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Vamos a enviar un equipo para discutir cómo la OTAN puede desempeñar un papel más importante en la misión de Irak. Dos misiones importantes allí. Una es entrenar, asesorar y ayudar al ejército iraquí. Y el número dos es la derrota perdurable de ISIS. Estamos comprometidos con ambas operaciones” dijo Esper recientemente al ser cuestionado en un programa dominical.

Históricamente, el Pentágono siempre ha puesto especial interés en mantenerse neutral, y en general sus titulares han enfatizado a menudo la importancia y conveniencia de mantenerse alejados de los cálculos políticos de Washington.

No obstante, el Pentágono pareciera justamente haberse visto envuelto en las astucias políticas de la Casa Blanca.

El propio presidente Donald Trump tuiteó en un principio que si Irán atacaba a las fuerzas estadounidenses, ordenaría ataques de represalia, incluso en sitios ‘culturales’ iraníes.

Estos comentarios tuvieron que ser luego puestos en contexto por Esper y Milley, quienes, aunque no querían contradecir a su comandante en jefe, tuvieron que aclarar, que atacar sitios culturales violaría el derecho internacional. Trump tuvo luego que dar marcha atrás en ese sentido.

Hasta ahora, el único miembro del gabinete que se ha mostrado cómodo con la posición de la administración en Irán es el secretario de Estado, Mike Pompeo, quien, de hecho, dio unas fuertes declaraciones de corte militar, que en teoría deberían haber sido pronunciadas por Esper.

Es cierto que siempre ha habido una suerte de batalla por el protagonismo, entre el Pentágono y el Departamento de Estado, siempre dependiendo de la influencia y la personalidad de quienes estén respectivamente al frente de esos despachos.

Aquellos que han logrado impulsar la agenda de Defensa ante la Casa Blanca, sin involucrarse en argumentos políticos, han alcanzado el equilibrio adecuado.

Ahora bien, después de la tensa situación entre Estados Unidos e Irán, Pompeo parece estar empujando a Esper y al Pentágono a un segundo plano. ¿Ganará la batalla?

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